Los otros días leí una nota de la licenciada Maritchu Seitún con un título que era muy interesante: “Horario de protección al mayor”.
Una persona adulta necesita siete u ocho horas para dormir. Un chico que tiene entre un año y dos años, necesita 12 horas, aproximadamente, entre la noche y la siesta. Ya al entrar a la primaria, son 10 horas. Y en secundaria, idealmente, serían 8 horas, de las cuales se duermen menos en general. La diferencia de horas entre los chicos y los adultos es lo que uno puede aprovechar para el “horario de protección al mayor”.
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Pero, ¿qué es el “horario de protección al mayor”? Es el momento en que uno procura que los chicos se vayan a dormir y quedan un par de horas, ya sea para uno, si vive solo con el chico, o para la pareja. O bien, este tiempo se aprovecha para terminar las cosas del día, o para charlar, mirar tele, recuperar la intimidad, o hacer cosas que las haría si no estuviera el niño.

Entonces, cuando yo era chico y me decían: “Andá a dormir”; uno se iba a dormir. Hoy, eso no funciona. Entonces, ahora, ¿qué dicen?
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Bueno, hay que ir bajando las vueltas o revoluciones de a poco. A medida que son las seis o siete de la tarde, tenemos que empezar a bajar el tono de voz, no hacer actividades que estimulen y bajar las horas de pantalla. El cerebro necesita ese tiempo para relajarse. Necesita ese tiempo de soledad para no estar demandado por los chicos.
La clave es armar una rutina y, especialmente, en el caso de los niños más pequeños, acompañarlos, contarles un cuento y que él se sienta seguro que se va a poder dormir. Y así el adulto puede disfrutar de esas dos horas, de esas dos últimas horas del día para recomponer las cosas que podría hacer si no lo tuviera al chico.
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Recuerde que como decía Juan Manuel Fangio, nuestro campeón mundial de automovilismo, que ”en la vida hay que saber cuando frenar y cuando acelerar”. Bueno, lo que nos está diciendo esta nota es que durante el día tenemos que acelerar y después, de a poco, tenemos que frenar.
Bonus track: paciencia y perseverancia, las claves de la enseñanza del lenguaje en los chicos
Estoy sensibilizado con el tema del aprendizaje de una lengua porque tengo un bebé que está aprendiendo cosas y lo pongo en contacto con algún otro idioma, viendo si puede o no puede aprender. Como ya lo conté en una entrega anterior, Emilio tiene a una persona que dos veces a la semana le habla, le canta y le juega en chino. Como es el idioma del futuro, quiero que de chiquito vaya acostumbrando el oído y le sea útil para aprenderlo mejor cuando crezca.
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La idea es que retenga los sonidos chinos. No sé si hablará en chino a futuro, pero al menos así lo puede ir incorporando.

Pero ¿cuál es la diferencia que puede tener la familia y en el mismo idioma? Fíjese que hay una experiencia que se hizo con tres madres. Va una al supermercado, van y el chico ve una berenjena y dice: “Mamá, ¿qué es eso?”. Un chico de 4 o 5 años. “Es una berenjena, nosotros no la comemos”. Otra, directamente ni le contesta. Pero una tercera, ante la misma pregunta, le dice: “Es una berenjena. Es una de las pocas frutas que hay de color violeta. Vamos a pesarla a ver cuánto pesa. Bueno, pesa tanto. Es un poco cara, pero la vamos a llevar porque como a vos te gusta la carne a la parmesana, quizás te gusten preparadas a la parmesana. Después, la llevamos a casa y la preparamos juntos, y la comemos a ver si a vos te gusta”.
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Indudablemente, la tercera madre es la que va a tener mejores resultados en el aprendizaje de lengua de los chicos. Dar la respuesta lo más larga posible, en la medida que uno tiene el tiempo para hacerlo genera que los chicos se enganchen más, en especial cuando uno les relata eventos que son interesantes para ellos, según lo que dicen distintas investigaciones científicas. Incluso, aprenden más cuando lo que uno está hablando tiene que ver con el contexto de lo que está pasando.
*El doctor Alberto Cormillot (MN 24.518) es un reconocido médico argentino especialista en obesidad, educador para la salud, escritor y conferencista. Fundó y dirige la Clínica de Nutrición y Salud que lleva su nombre, Dieta Club, la Fundación ALCO (Anónimos Luchadores Contra la Obesidad) y el Instituto Argentino de Nutrición, desde donde asesora a industrias para la elaboración de productos dietéticos y saludables.
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* Realización: Gastón Taylor y Alejandro Beltrame / Edición: Facundo Madero / Producción: Dolores Ferrer Novotný
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