
El coronavirus ha puesto de manifiesto las desigualdades en el acceso a la atención sanitaria y la capacidad de las personas para permanecer en sus casas dependiendo del tipo de trabajo que realicen. Muchos factores se han convertido en líneas divisorias que determinan quién es más susceptible de infectarse dentro de las sociedades. De todas maneras, los gobiernos han diferido significamente en las políticas sociales que diseñaron para gestionar la crisis y promover la recuperación económica.
Sin embargo, algunos países que previamente estaban mejor “acondicionados”, reaccionaron mal a la pandemia, y otros que tenían imperfecciones en su preparación les fue mejor en la lucha contra el COVID-19. El Índice de Seguridad Sanitaria Mundial que elabora la Fundación Bill y Melinda Gates reflejaba quienes eran los que mejor preparados estaban para hace frente a la actual situación. Pero establecer comparaciones entre las distintas naciones es muy difícil, ya que los países utilizan diferentes criterios para medir sus distintas actuaciones.

El registro de decesos por SARS-CoV-2 modifica según la región. Alemania y Francia siempre incluyeron las residencias de ancianos en sus cifras de muertes, mientras que en el Reino Unido solo incluyen las que se producen en hospitales. En cambio, Bélgica contabiliza los casos sospechosos de COVID-19 en las estadísticas de mortalidad, lo que hace que su número total de muertes parezca mayor que en otros países. Algunos países que tenían una infraestructura sanitaria más débil pudieron hacer frente con éxito a la pandemia empleando “una ágil reacción a la epidemia”, en lugar de retrasar las medidas hasta que la situación empeorara, señaló la profesora Elizabeth King, investigadora de salud global de la Universidad de Michigan en los Estados Unidos.
En la misma sintonía, sostiene: ”Aplicaron intervenciones no farmacológicas basadas en pruebas, como el uso de máscaras, el distanciamiento social, junto con un sólido sistema para rastrear los casos y brindar ayuda”. Vietnam es el ejemplo más citado, cuya capacidad para rastrear y aislar los casos de COVID-19 suele contrastarse con el enfoque muy exitoso, pero caro, de los test y rastreo masivos de Corea del Sur, afirmó la especialista. Algunos países africanos, luego de atravesar otras epidemias, hasta el momento parecen haber aprendido de otras experiencias anteriores, como por ejemplo, la del ébola. Sudáfrica deterioró su situación sanitaria tras la aparición de la nueva variante, complicando y alterando de manera negativa, considerablemente, sus estadísticas.

Otros países han demostrado su relativa eficiencia para combatir este virus. China hizo lo suficiente para asegurarse de que no hubiera una hambruna generalizada implementando fuertes políticas sociales. La catedrática de la Universidad de Michigan remarca que el país asiático tomó una medida sin precedentes al acordonar a 50 millones de personas en la provincia de Wuhan. Por otra parte agregó: “Nueva Zelanda y Alemania son una clara muestra de lo que está bien. En Alemania, por ejemplo, el gobierno pagará un permiso extra para los padres que se enfrentan a la necesidad de coordinar y buscar un equilibrio entre el trabajo y las responsabilidades de la escolarización en casa”.
En algunas regiones, sus sistemas de salud fueron desbordados por los casos de coronavirus. Brasil estaba muy bien posicionado para enfrentar efectivamente la pandemia, pero desafortunadamente no lo hizo y ha socavado repetidamente el mensaje contra el COVID-19, siendo acusado de contribuir a un número espantoso de casos y muertes, indicó Elize Massard da Fonseca, docente de la Universidad FGV (Fundación Getulio Vargas) de Sao Paulo. Estados Unidos también fue acusado de restarle importancia al virus.

La rapidez con la que los gobiernos aplicaron su estrategia fue “realmente lo que definió el éxito” contra la primera ola de COVID-19. La observación de Elizabeth King está en consonancia con otros estudios que sugieren que el retraso en la adopción de medidas cuesta un gran número de vidas en la pandemia, lo que deja a sistemas de salud relativamente robustos sobrepasados por un aumento de los casos. “Actuar tarde y con poca decisión, de una forma demasiado compleja e inconsistente, es la receta para una mayor mortalidad, más enfermedades y mayores costes y daños económicos”, enfatizó Ian Bateman, profesor de Economía Ambiental de la Universidad de Exeter (Reino Unido).
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