Lleva 5 años sin fumar, y ya ahorró 400.000 pesos que hubiera gastado en 55.000 cigarrillos

Durante 40 años, el periodista y escritor Rafael Labourdette prendió un promedio de 20 cigarrillos diarios y hoy está orgulloso de vivir sin humo. “Fue tal mi adicción que no podía recordar cómo era la vida sin fumar”, confesó a Infobae- ¿El impacto económico es un motivador para dejar?

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EX FUMADOR Rafael Labourdette
Rafael Labourdette, de 59 años, platense, periodista y escritor: “Aquel día de la última pitada también estaba lindo y era domingo. Cinco años sin fumar unos 55.000 cigarrillos -treinta diarios- y sin gastar casi 400.000 pesos"

“Hoy cumplo cinco años sin fumar”, publicó el 20 de septiembre pasado Rafael Labourdette, 59 años, platense, periodista y escritor, en su cuenta de Facebook. “Aquel día de la última pitada también estaba lindo y era domingo. Cinco años sin fumar unos 55.000 cigarrillos -treinta diarios- y sin gastar casi 400.000 pesos. Es decir: ganar salud y ahorrar. Suena sencillo y hasta lógico, pero ya sabemos”.

Rafael tiene el oficio, el bagaje cultural y la extraordinaria virtud para escribir y hablar sobre literatura, fútbol y también para contar historias, como la que esta vez lo tiene como protagonista. En diálogo con Infobae accede a profundizar la vivencia plasmada en aquel posteo y a compartir los detalles y las sensaciones experimentadas durante el proceso -difícil, pero posible al fin- que le permitió construir su nueva identidad, la de no fumador.

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“Ya hace cinco años de este grandioso logro para mí, pues solía decir que mi último suspiro en la vida sería con humo”, dice remarcando su frase incorporada a la que también agregaba la gracia de que cuando nació, en vez de llorar, había largado humo. “Fumaba 30 cigarrillos diarios, un atado y medio. No sé en qué habré gastado la plata con la que no compré los cigarrillos de cinco años, pero en intoxicarme seguro que no. Y si cuantifico lo que fumé en 40 años, las tres cuartas partes de mi vida, a razón de un promedio de 20 diarios, fueron casi 300.000 cigarrillos, 3 millones de pitadas (10 pitadas por pucho) y más de 2 millones de pesos que se fueron de los bolsillos”.

“Fue tal mi adicción -continúa- que no podía recordar cómo era la vida sin fumar, si se entiende que empecé a los 14 años de edad. En la gran mayoría de las fotos de mi vida estoy con un pucho en la mano y no podía concebir terminar una comida sin fumar o tomar unos mates o un café sin la compañía del tabaco. Si antes exaltaba el placer de fumar, ahora afirmo ‘el placer de no fumar nunca más’, dicho sea de paso el título de un gran libro (de Susana Reznik y Carola Sainz) que leí durante el tratamiento”.

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“Fue tal mi adicción -continúa- que no podía recordar cómo era la vida sin fumar, si se entiende que empecé a los 14 años de edad" EFE/EPA/CHRISTIAN BRUNA/Archivo
“Fue tal mi adicción -continúa- que no podía recordar cómo era la vida sin fumar, si se entiende que empecé a los 14 años de edad" EFE/EPA/CHRISTIAN BRUNA/Archivo

Según Rafael, los cálculos estadísticos y económicos son un ejercicio que, de alguna manera, le permiten visualizar la magnitud del lugar que el cigarrillo tuvo en su vida, pero no más que eso, y explica por qué: “Al fumador empedernido el gasto le interesa poco. Tengo amigos, conocidos y familiares que me decían ‘si no hubieses fumado te comprabas una Ferrari o un departamento’ y yo les preguntaba ‘¿dónde están tu Ferrari y tu departamento?’ Escuchaba esas teorías y me prendía un pucho”.

Rafael es autor de los libros Cuatro días en La Plata: crónicas de un periodista-extra en el rodaje de Siete años en el Tíbet –película dirigida por Jean-Jacques Annaud y protagonizada por Brad Pitt- (1998) y El Toro Calandra, una mirada sobre los años románticos del amateurismo pincharrata, de 1905 a 1930; y también co-redactor del libro UNO, la historia del estadio de Estudiantes de La Plata (2019). Actualmente conduce el programa Atmósfera de Buenas Noches, un cuento, música y a la cama, todos los días a la medianoche por Unnoba Radio.

Mentiras, ahogo y decisión

“Cuando uno es fumador crónico y se le ocurre dejar de fumar -sigue, sin rodeos-, suele mentirse: ‘Este lunes dejo de fumar’, ‘el primero del mes que viene dejo de fumar’ -si es primero de enero más aún- y así innumerables veces, ni hablar si es lunes y encima primero de mes. Me pasó durante mis 4 décadas de fumador”.

Hasta que un día sus alarmas se encendieron: “Una madrugada de invierno, tres de la mañana -recuerda Rafael con precisión-, solo en mi departamento, tuve un ahogo como jamás en mi vida. Nunca había sufrido al cigarrillo, tenía la voz bastante bien, trabajé con mi voz, hice locución. Pero esa noche pensé que me moría, literalmente. Una vez que dejé de toser, a la media hora, sentado en la cama, y recuperé un hilo de aire que me tranquilizó, me propuse seriamente dejar de fumar”.

En la Argentina, las cifras vinculadas al consumo y los riesgos del tabaco siguen siendo alarmantes: hay 9 millones de fumadores y cada año mueren 44.000 personas como consecuencia de esta adicción EFE/Jeffrey Arguedas/Archivo
En la Argentina, las cifras vinculadas al consumo y los riesgos del tabaco siguen siendo alarmantes: hay 9 millones de fumadores y cada año mueren 44.000 personas como consecuencia de esta adicción EFE/Jeffrey Arguedas/Archivo

Dos años antes, en 2013, le habían diagnosticado esclerosis múltiple, una enfermedad autoinmune y crónica del sistema nervioso central. “El combo silla de ruedas, que ya había empezado a usar, y cigarrillo era letal. Esa madrugada de julio estaba muy asustado. Yo vivo solo y me di cuenta de que no podía hacer nada, ni siquiera llamar; sentí que me faltaba muy poco para convertirme en un candidato al infarto, que me iba a morir solo y se iban a enterar por el olor. Esa noche tomé conciencia de la situación a la que me estaba exponiendo cada vez más”, recuerda con crudeza Rafael.

La publicación de un amigo y colega periodista que por esos días en sus redes sociales celebraba varios años libre de humo, fue clave para iniciar el camino. “Me habló de un tratamiento supervisado por tres profesionales -cardióloga, neumonólogo y psicóloga- bajo la modalidad de terapia grupal, con charlas y encuentros durante dos meses y, por supuesto, con fármacos que ayuden al objetivo. Tomé la decisión y pedí un turno”.

Primer encuentro con lluvia torrencial

Rafael recuerda el primer encuentro con la especialista encargada de hacer el informe para iniciar el tratamiento. Es una anécdota que muestra la convicción de su decisión. “El turno era para fines de julio. Mi pareja, que vive en City Bell, a unos 12 kilómetros del centro de La Plata, me iba a llevar en el auto y se largaba una fuerte lluvia. Me llama y me pregunta si estaba seguro de ir porque no quería salir en vano con semejante tormenta. Le dije que sí y al consultorio llegamos los dos empapados. Cuando la doctora me vio me dijo: ‘Cancelaron varios pacientes por el clima terrible y vos en silla de ruedas viniste igual: te puedo asegurar que vas a dejar de fumar’ “.

A los pocos días se unió a un grupo de trabajo con otros 7 fumadores empedernidos con ganas de abandonar el cigarrillo. Y comenzó el tratamiento farmacológico que incluía la medicación de nombre comercial Champix (vareniclina, el principio activo), considerada muy efectiva por los especialistas, y los parches de nicotina, que proveen a los receptores nicotínicos del cerebro y así calman las ganas de pitar.

Fecha y hora para dejar de fumar

Cerca del 70% de los fumadores argentinos quiere dejar de fumar y la mayoría no sabe cómo hacerlo (Carlos Castro - Europa Press)
Cerca del 70% de los fumadores argentinos quiere dejar de fumar y la mayoría no sabe cómo hacerlo (Carlos Castro - Europa Press)

El curso duró dos meses. En la mitad de ese lapso, con buena tolerancia y respuesta a la medicación y los parches, los integrantes del grupo acordaron dejar de fumar el mismo día y a la misma hora: el domingo 20 de septiembre a las 19. “Ese día elegí dormir, estaba muy ansioso, comí poco, nada dulce porque si no me iba a dar ganas de fumar; tampoco tomé café porque con el cigarrillo forma el matrimonio perfecto”.

“Durante dos semanas la llevé bastante bien, hasta que tuve un ataque: estaba en el jardín de la planta baja de mi edificio y le pedí por favor a una señora que pasaba que me comprara cigarrillos. Empecé a dar vueltas por el jardín con el atado en la falda, tenía el encendedor, y no lo abría. Pensaba: no puedo fallar, tanto esfuerzo para llegar hasta acá, doy una pitada y no paro hasta terminar el atado, voy a cruzar una línea de la cual no tengo retorno. Subí al departamento, abrí el paquete, saqué los 20 cigarrillos, los rompí y los tiré a la basura. Fue desesperación pura. Fue el único ataque que tuve y lo pude sobrellevar”.

“Desde el domingo 20 de septiembre no volví a fumar. Y sólo un integrante del grupo no logró dejarlo. Al poco tiempo, dejé de registrar como objetos al cigarrillo y sus accesorios. Tuve, eso sí, un fuerte deseo de volver a fumar a poco de finalizado el curso, pero lo pude controlar recordando que las ganas duran entre 10 a 15 minutos y después desaparecen. En esos casos, me sirvió mucho tomar bastante agua. Es curioso: el cigarrillo estuvo tan adentro mío y ahora es algo tan ajeno, tanto que veo a la gente fumar, incluso a mi pareja, y me resulta indiferente”.

“Hoy disfruto haber dejado el cigarrillo”

Para Rafael, 2015 no sólo fue el año en el que pudo dejar de fumar: ese gran cambio fue el motor para retomar la rehabilitación, y estar abierto a oportunidades laborales y a la relación con su pareja. “Hoy disfruto haber dejado el cigarrillo -repasa con alegría- porque mejoré anímica y físicamente, los análisis empezaron a dar bien, mejoró el ámbito de mi casa, se fue el olor a pucho de las cortinas, paredes, muebles; mejoré en todos los aspectos”.

EX FUMADOR Rafael Labourdette
"Es una satisfacción que me hace más fuerte. Y no me convertí en un militante anti-tabaco -aclara- porque no tengo autoridad para decirle a nadie que no fume después de haber fumado durante 40 años, sería muy hipócrita"

“Siento que logré llegar a la meta, que pude a tiempo. Es una satisfacción que me hace más fuerte. Y no me convertí en un militante anti-tabaco -aclara- porque no tengo autoridad para decirle a nadie que no fume después de haber fumado durante 40 años, sería muy hipócrita. La clave para dejarlo es alcanzar una firme decisión, una firme convicción; el gran secreto está ahí”, dice mientras acomoda el certificado de Ex Fumador que obtuvo cuando se cumplió un año de aquel domingo de 2015.

“Rafael asumió la identidad de un no fumador”

Para la médica especializada en psiquiatría Julieta Cassone, presidenta de la Asociación Argentina de Tabacología (AsAT) y coordinadora del Área de Cesación Tabáquica de la Fundación Foro, “el testimonio de Rafael muestra claramente que está muy orgulloso de su logro. Y no es un orgullo de soberbia, con ideas como ‘dejar de fumar es una pavada’, ‘yo solo puedo’, ‘así como empecé lo puedo soltar’. Este es el orgullo del aprendizaje, de quien pelea hasta que logra el objetivo conociendo la dificultad para alcanzarlo. Es el orgullo de haber aprendido a salir de la trampa del tabaco, salir de la idea de que no se puede escapar. Es el orgullo de haber aprendido a vivir sin fumar. Rafael asumió la identidad de un no fumador, el antídoto para evitar recaídas”.

“Tal como lo cuenta Rafael, el fumador no se puede imaginar transitar un día sin fumar: cómo va a hacer todo lo que hace después de comer, antes de ir a dormir, mientras espera el colectivo o habla con un amigo. Es que el cigarrillo se mete en la identidad de todos los días, es un refuerzo de las conductas. Por eso el tratamiento debe basarse en un abordaje cognitivo conductual y farmacológico”, agrega Cassone.

También explica que para algunos fumadores puede resultar una motivación calcular la cantidad de cigarrillos que pueden no fumarse y el dinero que se puede ahorrar. “Las motivaciones son tan diversas como las personas. El desafío es que cada fumador encuentre su motivación para animarse a hacer el proceso y sostenerlo. La económica puede ser una motivación, como también la salud o no quedarse afuera de un grupo (de los nietos o amigos, por ejemplo) por fumar”.

Dónde buscar tratamientos especializados

Existen tratamientos especiales de cesación tabáquica que ayudan a elevar las posibilidades de dejar de fumar (Shutterstock.com)
Existen tratamientos especiales de cesación tabáquica que ayudan a elevar las posibilidades de dejar de fumar (Shutterstock.com)

En la Argentina, las cifras vinculadas al consumo y los riesgos del tabaco siguen siendo alarmantes: hay 9 millones de fumadores y cada año mueren 44.000 personas como consecuencia de esta adicción. “Cerca del 70% de los fumadores argentinos quiere dejar de fumar y la mayoría no sabe cómo hacerlo”, señala Cassone.

Lo dice en base a los resultados de la última encuesta realizada por la AsAT sobre el perfil del fumador en pandemia, liderada por la coordinadora del área de Investigación, Anahí Kruger, y el especialista en ciencia de datos y socio en Neuronal, Gabriel Barasch. “Están quienes creen que lo pueden hacer solos, lo intentan y después se frustran. De cada 100 personas que lo inician, sólo lo logra entre el 3 y el 5%. El porcentaje aumenta al 30 y el 40% si se trata de tratamientos grupales, y al 60 y 80% en abordajes individuales, porque la efectividad aumenta cuanto más intensivo y personalizado es el tratamiento”, detalla.

“Existen tratamientos especiales de cesación tabáquica que ayudan a elevar las posibilidades de dejar de fumar. Dejar de fumar es mucho más fácil con un tratamiento. La AsAT tiene un listado de agentes de salud de distintas disciplinas formados en cesación tabáquica en todo el país que brindan la posibilidad de hacer tratamientos de telemedicina de manera remota”, apunta la especialista.

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