
Hace dos años, Zoraida B., de 83 años, empezó a tener olvidos más frecuentes, dificultades para encontrar palabras, problemas de orientación en el lugar, e ideas fijas. Sus síntomas se acentuaron desde que comenzó la cuarentena en marzo. Para sus familiares, lo más difícil ha sido hacerle entender la situación actual y por qué necesita quedarse adentro. A pesar de las explicaciones, no quiere acatar las restricciones de la cuarentena. Pide que su hijo la visite en el barrio San Isidro de Lima, Perú. A pesar de las restricciones, sale de su casa para ir al mercado y a la iglesia. Necesita monitoreo constante y requiere urgentemente una evaluación cognitiva y neurológica, pero no ha podido ser estudiada aún por las disrupciones que ha producido la pandemia.
El caso de Zoraida no es único en América Latina. La pandemia puede afectar más que a la población general cuando las personas tienen deterioros cognitivos y demencias. Las dificultades para comprender los mensajes con medidas de prevención -como el uso de barbijos, el distanciamiento físico, el lavado de manos frecuente, el aislamiento en sus viviendas- y el acceso a la atención médica pueden ponerlas en mayor riesgo de adquirir la infección por el coronavirus, según advierten un grupo de investigadores científicos de Brasil, Chile, Colombia, Perú, Argentina, Ecuador, Estados Unidos, Canadá e Inglaterra. Además, sólo el 1% de la población mayor a 60 años vive en hogares de cuidados de largo plazo, y muchos de ellos no tienen un control sistemático.
El grupo de investigadores firmó un documento declaración (al que tuvo acceso Infobae) que será publicado próximamente en la revista The Lancet Neurology para hacer un llamado de atención para todas las autoridades sanitarias de América Latina y a la sociedad en general. A nivel mundial, la prevalencia mundial de demencia es del 5,2% en personas mayores de 60 años. En América Latina, la prevalencia de demencia es de 6,54%.

“La situación para los pacientes con demencias es crítica en el contexto de la pandemia”, dijo a Infobae el investigador independiente del Conicet en Argentina, Agustín Ibañez. “La región viene mal en términos económicos, los sistemas de salud ya están sobreexigidos, y las demencias -como la enfermedad de Alzheimer- tienen una prevalencia alta. El coronavirus impactará desigualmente en aquellos más desfavorecidos y a la vez ampliará la brecha para los que no tienen asistencia adecuada”, alertó el doctor Ibañez, quien es director del Centro de Neurociencia Cognitiva (CNC) de la Universidad de San Andrés, en Argentina, investigador del Centro de Neurociencia Cognitiva y Social de la Universidad Adolfo Ibáñez en Chile; y becario senior Atlantic del Instituto de Salud del Cerebro Global de la Universidad de California en San Francisco (UCSF).
“Los pacientes con demencias pueden tener dificultades con los cambios de hábitos y con la comprensión de información brindada por servicios de salud. Tienden a olvidar los nuevos hábitos, como el lavado frecuente de manos, uso del barbijo y el aislamiento”, detalló a Infobae la investigadora Myriam de la Cruz Puebla, del Instituto de Neurociencias Peruano, en la ciudad de Lima. “Muchos de los pacientes incluso olvidan si han ingerido o no alimentos. Por lo tanto olvidar las medidas de prevención para COVID-19 es algo que ocurre y que los pone en una situación de riesgo mayor”.
“Lamentablemente, los pacientes con demencias están en alto riesgo de padecer un cuadro severo por COVID-19 por la edad. Muchos tienen otras enfermedades como diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares o han padecido ataques cerebrovasculares. Estos factores y enfermedades los hacen más débiles frente al virus”, explicó De la Cruz Puebla. “Desde las dificultades para comprender los mensajes hasta las otras enfermedades previas, pueden hacer que la situación de las personas con demencia sea una bomba de tiempo para los pacientes, sus familiares y los profesionales de la salud que los atienden”, opinó Ibañez.
La combinación de otros factores asociados con las demencias fueron subrayados por los investigadores. La alta prevalencia de las demencias se incrementa año a año en América Latina, mientras que en Europa o en los Estados Unidos se mantiene o tiende a reducirse. Hay un impacto significativo de los determinantes sociales de la salud o factores de riesgo modificables en Latinoamérica, que explican alrededor del 56% de los casos de demencia, en comparación al 35% de la media mundial: estos factores sin duda que además hacen a las personas contagiadas por coronavirus más vulnerables, porque impactan en su salud general.

Muchos pacientes con demencias viven con familias que incluyen a cuatro generaciones. Esta situación los expone al contagio del coronavirus. “Como hay muy pocos geriátricos, el cuidado es generalmente informal y recae en la familia, sobre todo en las mujeres, esposas o hijas. “También hay limitaciones para que se los atienda a través de la telemedicina y se realice un abordaje remoto de la demencia”, señaló el doctor Ibáñez. Paradójicamente, en los geriátricos también se han detectado más casos confirmados de COVID-19 por la cercanía de muchas personas de manera continua.
¿Qué se debería hacer para proteger mejor a pacientes con demencias? La doctora Myriam De la Cruz Puebla respondió: “Ante la carencia de recursos destinados a brindar atención a los pacientes con demencia en América Latina, nuestro grupo de investigadores apuesta firmemente a potenciar la colaboración entre expertos. Consideramos que hay que identificar problemas regionales comunes, desarrollar guías de trabajo aplicables en toda la región, y capacitar a los profesionales sanitarios acerca de los pilares en el diagnóstico, cuidado y tratamiento de los pacientes con demencia”. Además, puntualizó otras tres medidas de salud pública: “Hay que difundir de forma masiva los conocimientos sobre las demencias, crear conciencia de la enfermedad en los principales actores sociales, y promover el desarrollo de políticas en salud a favor tanto de los pacientes con demencias así como de los cuidadores”.
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