
La carne de pollo sigue ganando terreno en la mesa de los argentinos y ya se consolidó como la proteína animal más consumida del país. Según datos del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), el consumo alcanzó los 49,4 kilos por habitante al año, un nivel que refleja no solo su accesibilidad económica, sino también su versatilidad culinaria y su creciente valoración nutricional.
Pero detrás de ese liderazgo hay una sorpresa que parece atravesar generaciones y hábitos alimentarios. Un estudio realizado por el Centro de Información Nutricional de la Carne de Pollo (CINCAP), sobre una base de 1.000 encuestas, mostró que el 99% de los consumidores elige a la milanesa de pollo como la preparación más consumida. Además, más de la mitad de los encuestados aseguró comerla entre una y tres veces por semana, mientras que un 19% la incorpora a su dieta al menos cuatro veces por semana o casi todos los días.
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“El trabajo reveló una clara preferencia del consumidor argentino: ninguna parte del pollo supera en popularidad a la milanesa”, señalaron desde CINCAP. El dato confirma que este clásico de la cocina local no solo mantiene su vigencia, sino que se transformó en el gran emblema de una carne que continúa expandiendo su presencia en los hogares.

Sin embargo, fuera de la cocina tradicional, otro corte viene ganando protagonismo. Se trata de la pechuga de pollo, que desde hace años ocupa un lugar central en la alimentación de deportistas, entrenadores y personas vinculadas al fitness. Su atractivo radica en la combinación de un elevado aporte de proteínas de alta calidad con un bajo contenido de grasas y calorías, características especialmente valoradas para el desarrollo y la recuperación muscular.
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De acuerdo con CINCAP, media pechuga grande sin piel —unos 150 gramos— aporta cerca de 36 gramos de proteína de alto valor biológico y apenas 160 calorías. Además, contiene aminoácidos esenciales y una elevada proporción de aminoácidos de cadena ramificada, compuestos clave para estimular la síntesis muscular, reducir la fatiga y acelerar la recuperación después del ejercicio.
A ese perfil se suma el aporte de vitaminas del complejo B y minerales como hierro, zinc, magnesio, potasio, fósforo y selenio. Por eso, mientras la milanesa continúa reinando en los platos de los argentinos, la pechuga se afianza como la estrella de gimnasios y planes nutricionales. Dos formas distintas de consumir una misma carne que, por sabor, valor nutricional, y precio sigue liderando las preferencias de los consumidores.
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