Miel: el otoño define la fuerza de las colmenas

Las decisiones que se toman tras la cosecha de miel inciden de forma directa en la supervivencia invernal y en el rendimiento de la próxima campaña

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Las decisiones que se toman tras la cosecha de miel inciden de forma directa en la supervivencia invernal y en el rendimiento de la próxima campaña
REUTERS/Amr Alfiky
Las decisiones que se toman tras la cosecha de miel inciden de forma directa en la supervivencia invernal y en el rendimiento de la próxima campaña REUTERS/Amr Alfiky

El movimiento en el apiario no se apaga con el final de la cosecha: cambia de lógica. El otoño instala un escenario menos visible, pero determinante. En ese tramo, donde el néctar escasea y el ritmo baja, se juega buena parte del futuro de cada colmena. La diferencia entre sostenerse o debilitarse empieza a resolverse ahí.

La etapa de invernada exige algo más que esperar. Requiere ordenar, observar y decidir con criterio. El enfoque técnico apunta a integrar diagnóstico, sanidad y nutrición como piezas de un mismo esquema. “Lo que se haga en este momento define la capacidad de las colmenas para atravesar el receso y arrancar con fuerza el próximo ciclo productivo”, señaló Natalia Bulacio Cagnolo, especialista del INTA Rafaela.

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Leer la colmena para anticiparse

Antes de intervenir, hace falta entender. La categorización de las colmenas permite construir ese mapa interno del apiario. El número de cuadros cubiertos por abejas funciona como un indicador directo de la población y ordena el escenario.

Colmenas de abejas ilegales en reserva de Santander provocan grave ataque de abejas a dos adultos mayores - crédito Pixabay
El objetivo es claro, concentrar la mayor cantidad de colmenas en la categoría más alta antes de que llegue el frío, - crédito Pixabay

Las colonias más pobladas, con más de siete cuadros, parten con ventaja para sostenerse durante el invierno. Aquellas que se ubican en un nivel intermedio pueden mantenerse estables, mientras que las más débiles requieren ajustes que mejoren sus condiciones.

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Este orden no es solo descriptivo: orienta decisiones. El objetivo es claro, concentrar la mayor cantidad de colmenas en la categoría más alta antes de que llegue el frío, para asegurar una base productiva sólida en la próxima temporada.

Un enemigo que no da tregua

El frente sanitario mantiene su protagonismo, con la varroa como principal preocupación. El control comienza con el monitoreo: se recomienda evaluar al menos el 10 % del apiario, con un mínimo de seis colmenas, a partir de muestras de abejas nodrizas.

La prueba del frasco permite medir el nivel de infestación. En esta etapa del año, los valores pueden ubicarse entre el 5 % y el 10 %, e incluso escalar cerca del 20 %. Frente a ese escenario, el tratamiento apunta a reducir la carga por debajo del 1 %, un nivel que mejora las posibilidades de atravesar el invierno en buenas condiciones.

El momento de aplicación también pesa. Debe anticiparse lo suficiente para cubrir los últimos ciclos de cría, de donde surgirán las abejas que sostendrán la colonia durante el receso.

A esto se suma la necesidad de reforzar la vigilancia frente al Pequeño Escarabajo de las Colmenas (Aethina tumida), ya que su presencia en países limítrofes instala una alerta concreta.

Reservas que sostienen el invierno

Sin alimento suficiente, no hay estrategia que alcance. Las colmenas necesitan reservas energéticas y proteicas que les permitan sostenerse cuando el ambiente deja de proveer.

Esa reserva puede formarse de manera natural o a través de suplementación. En ese caso, se recomienda el uso de jarabe de azúcar en relación 2:1 o jarabe de maíz de alta fructosa 55, aplicado en volúmenes importantes y en poco tiempo. Esta práctica limita la postura de la reina y favorece la acumulación de reservas.

El impacto se percibe en los cuerpos grasos de las abejas, donde se almacenan nutrientes clave como lípidos, proteínas y glucosa, además de compuestos vinculados a su resistencia.

El aporte proteico también resulta determinante. Las tortas deben garantizar un nivel adecuado de proteínas, aminoácidos y ácidos grasos esenciales. Su ubicación, cerca del nido de cría, mejora el aprovechamiento por parte de las nodrizas.

El punto donde todo empieza

El otoño no marca un cierre: abre una etapa decisiva. La organización del apiario, el estado sanitario, la disponibilidad de reservas y decisiones como el recambio de reinas forman parte de un mismo entramado.

Anticiparse, conocer cada colmena y actuar a tiempo permite reducir riesgos durante el invierno y sostener estructuras capaces de responder cuando la actividad se reactive.

Fuente: Inta

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