
El mercado de la carne bovina atraviesa un punto de inflexión en Argentina. Durante el inicio de 2026 los precios alcanzaron máximos históricos en términos reales, tanto en el mostrador como en la hacienda, en un contexto marcado por restricciones de oferta y señales de recomposición del ciclo ganadero. Al mismo tiempo, el escenario internacional muestra valores firmes y una demanda externa que continúa traccionando, lo que refuerza la tensión entre abastecimiento interno y exportaciones, indica un estudio elaborado por la Fundación Mediterránea.
En febrero, el precio de la carne vacuna al consumidor promedió $15.895 por kilo, el registro mensual más alto de las últimas dos décadas en términos reales. La suba se explica principalmente por el encarecimiento de la hacienda en pie: en el mercado de Cañuelas el novillito promedió $4.745 por kilo vivo, también en niveles récord, reflejando una situación de escasez relativa tanto en el mercado local como en el internacional.
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La fuerte valorización responde, en gran medida, a un fenómeno típico del ciclo ganadero: la retención de animales, puntualiza el informe de la Fundación presidida por María Pía Astori. En los últimos meses se observó una menor cantidad de hembras y machos enviados a faena, lo que reduce la oferta disponible en el corto plazo pero apunta a recomponer el stock para el futuro. Este comportamiento refleja mejores expectativas del sector, asociadas a un contexto económico más previsible y a una política oficial con menor intervención directa en los mercados.
El escenario internacional también juega un rol clave. Los precios de exportación se mantienen elevados debido a restricciones en la oferta global y a una demanda sostenida, especialmente desde Asia. Las proyecciones indican que en 2026 caerá la producción en varios de los principales exportadores, entre ellos Brasil, Estados Unidos y la Unión Europea, lo que contribuye a sostener valores altos en el comercio mundial.
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China continúa siendo el actor determinante del mercado global. El país concentra cerca de un tercio de las importaciones mundiales y en el primer bimestre del año mostró compras récord. Sin embargo, la implementación de un nuevo sistema de cuotas arancelarias genera incentivos a adelantar importaciones, por lo que se espera que la demanda se modere en la segunda mitad del año, aunque sin perder relevancia.
En el plano local, la menor faena ya se refleja en los números de producción. En el primer bimestre se produjeron 456,7 mil toneladas de carne, un 9,1% menos que un año antes. La caída se explica por la reducción en el envío de animales a frigorífico, mientras que el peso promedio aumentó levemente. De mantenerse esta tendencia, el abastecimiento interno podría reducirse de manera significativa a lo largo del año.
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Los distintos escenarios proyectados por el informe elaborado por Juan Manuel Garzón y Franco Artusso, responsables de la sección Agroindustrial de la Fundación Mediterránea, muestran que, si la producción continúa cayendo y las exportaciones siguen creciendo, el consumo interno podría descender hasta unos 43 kilos por habitante, varios kilos por debajo del nivel de 2025. En un escenario más moderado, la caída sería menor, pero igualmente implicaría un ajuste en la disponibilidad local, confirmando que el equilibrio del mercado se está desplazando.

A pesar de los aumentos recientes, la comparación internacional indica que la carne argentina no se ubica entre las más caras del mundo. Los precios locales se mantienen por debajo de los países desarrollados, aunque por encima de otros exportadores de la región, una diferencia que se explica por costos internos, impuestos, grado de formalización y calidad del producto.
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En perspectiva, el sector parece encaminarse hacia un nuevo equilibrio, con mayor inserción internacional, recomposición del rodeo y un consumo interno que tenderá a moderarse. Este proceso, típico de las fases de recuperación ganadera, podría consolidar cambios estructurales en la dieta de los argentinos, con mayor participación de otras proteínas como el cerdo o el pollo, mientras la carne vacuna se orienta cada vez más al mercado global.
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