
Diciembre estuvo sembrado de infortunios para los imitadores de la carne vacuna. Mientras esta última asiste a un escenario de demanda sostenida y precios en alza, sus “sucedáneos” se arriman a una muerte anunciada. Uno de los disgustos para los cultores de estas cuestionables imitaciones llegó con el cierre de la emergente holandesa Meatable. Fundada en 2018, la empresa utilizaba una cepa específica de células madre pluripotentes para producir salchichas y albóndigas de cerdo mediante un sistema que aceleraba la conversión en grasa y músculo.
Los analistas del primer mundo dicen que Meatable pretendía abastecer de materias primas a una empresa cárnica, pero según varios medios de comunicación, la compañía no logró recaudar fondos adicionales ni atraer inversores de peso. Esta industria terminó enfrentándose a costos de desarrollo cada vez mayores, desafíos de escala y el rechazo creciente por parte de los legisladores en varios estados de Estados Unidos. Su cierre se produce tras la reciente desaparición de Believer Meats, la startup que acababa de obtener la aprobación final del gobierno estadounidense para lo que se presentaba como la planta de carne cultivada más grande del mundo, un complejo de 125 millones de dólares en Carolina del Norte.
PUBLICIDAD
No menos duro es el presente de la empresa multinacional de carne sintética de Bill Gates, con una caída en Bolsa de un 77% en 2025, lo cual confirma que el experimento no está funcionando. De hecho no ha convencido ni a consumidores ni a inversores de las bondades de sus productos, y los resultados son coherentes con esa realidad.

Los productos de la empresa de Gates vienen con ventas a la baja, márgenes cada vez más estrechos y un creciente rechazo del público. Son caros, ultraprocesados, y sus beneficios sobre la salud y el ambiente son cuanto menos dudosos. Gates no se ha cansado de defender la carne sintética y los sustitutos vegetales como una necesidad climática. Sin embargo, el mercado le está diciendo que el relato ideológico no basta cuando el producto no resulta atractivo ni competitivo frente a la carne tradicional. La carne de laboratorio y los sucedáneos vegetales se han convertido en una imposición cultural asociada al progresismo más radical.
PUBLICIDAD
Para colmo, hace unos días los gobiernos de Hungría e Italia prohibieron explícitamente la comercialización de carne cultivada en laboratorio, amparándose en la defensa de su tradición gastronómica y de su sector agroalimentario. “Nuestra tierra es fértil, nuestro ganado está sano y nuestra gente es la prioridad. No vamos a envenenar a los húngaros con carne falsa”, explicó a los medios el presidente de Hungría, Víctor Orbán.

Chris Scott dice que “el entusiasmo inicial por la carne sintética y los productos ultraprocesados de inspiración ideológica se está desinflando. Lejos de salvar el planeta, este modelo ha terminado chocando con la realidad del mercado y con el sentido común de millones de consumidores, a pesar de contar con el apoyo de inversores institucionales, fondos de impacto y celebridades internacionales”.
PUBLICIDAD
Mientras la carne falsa se desploma, se anunció la quiebra de la mayor granja de insectos de Europa, pese a recibir una gran cantidad de dinero público para su desarrollo. Se trata de una startup francesa, que se ha declarado insolvente y ha entrado en liquidación judicial, poniendo fin a uno de los proyectos más ambiciosos —y costosos— de la industria alimentaria alternativa del continente. Tras años de expansión acelerada y promesas de transformar el sistema alimentario global, la granja no consiguió construir un modelo de negocio rentable. La idea de producir proteínas a partir de insectos como alternativa sostenible en alimentación animal, acuicultura, comida para mascotas y, de forma marginal, consumo humano chocó frontalmente con la realidad.
En 2021 la startup había adquirido una firma neerlandesa especializada en insectos para consumo humano. El verdadero talón de Aquiles fue financiero; los ingresos reales nunca acompañaron al relato. Para 2023, las pérdidas acumuladas superaban los 79 millones de euros. En el medio hubo un potente discurso de sostenibilidad, pero el problema fue que el mercado no pagó esa narrativa. El golpe definitivo llegó con una gigantesca planta industrial en el norte de Francia que la propia empresa definió como la granja de insectos más grande —y más cara— del mundo. Fue una apuesta de alto riesgo realizada demasiado pronto. Finalmente, la empresa entró en liquidación.
PUBLICIDAD

El caso deja una lección incómoda para muchos. Los especialistas coinciden en que ni los discursos verdes, ni el respaldo institucional, ni las inversiones millonarias garantizan el éxito si la economía real no acompaña. “En el choque entre ideología, capital y mercado, fue este último el que terminó dictando sentencia”, enfatizan. Mientras todas estas aventuras se desploman, la carne vacuna natural sigue siendo la elegida por la gente. Se va convirtiendo en materia escasa y se paga lo que el mercado pretende.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Karai INTA: una pastura pensada para producir más en suelos salinos
El nuevo cultivar mostró mayor producción de forraje y mejor comportamiento en ambientes con alta salinidad y anegamientos temporarios

Más luz para sostener la producción de huevos en el invierno patagónico
Un ensayo mostró que la suplementación lumínica permite sostener altos niveles de postura durante los meses de menor luminosidad

La carne aviar superó a la vacuna y se convirtió en la más consumida por los argentinos
¿Cuáles son los factores que inciden en la preferencia de los consumidores?

Calidad del producto e inversiones en procesamiento, los factores que limitan la exportación de leche
Desde el OCLA señalaron explicaron por qué la mayor producción de leche que registra hace 18 meses no puede ser totalmente canalizada al mercado externo


