
Hay suelos donde producir forraje parece correr siempre cuesta arriba. El exceso de sales, los anegamientos temporarios y las limitaciones del terreno suelen reducir el crecimiento de las pasturas y comprometer la estabilidad de los sistemas ganaderos.
Frente a ese escenario, un nuevo desarrollo del INTA busca aportar una alternativa capaz de sostener la productividad incluso en ambientes complejos.
Se trata de Karai INTA, un nuevo cultivar de Panicum coloratum obtenido por especialistas del INTA Rafaela, en Santa Fe. El material fue desarrollado a partir de un programa de mejoramiento genético orientado a seleccionar plantas con mejor respuesta frente al estrés salino.
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El resultado fue una variedad que logró mantener niveles de crecimiento superiores respecto de otros materiales de la misma especie bajo esas condiciones.
Los ensayos realizados mostraron diferencias concretas. En ambientes salinos, Karai INTA produjo más biomasa aérea y presentó una mayor cantidad de hojas y macollos por planta. Esa combinación no solo mejora la oferta forrajera, sino que también favorece la persistencia de las pasturas en sistemas donde las condiciones del suelo suelen limitar el desarrollo vegetal.
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Más forraje en ambientes difíciles
El comportamiento del nuevo cultivar fue evaluado tanto en condiciones controladas como a campo. Durante el proceso de selección se realizaron sucesivos ciclos en hidroponía para identificar los genotipos con mejor desempeño frente a la salinidad. Luego, esas poblaciones fueron validadas en ensayos a campo hasta conformar una población sintética con características superiores.
Uno de los datos más relevantes fue la diferencia en producción forrajera bajo estrés salino. En esos ambientes, Karai INTA alcanzó alrededor de un 20 % más de producción respecto de sus poblaciones de origen. Además, la reducción del crecimiento frente a la presencia de sales fue menor en comparación con otros materiales disponibles.
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La mejora cobra especial importancia en un contexto donde buena parte de la ganadería se desplaza hacia zonas con limitantes edáficas. Allí, las pasturas subtropicales cumplen un rol central por su capacidad de crecimiento estival y adaptación a condiciones adversas. En ese marco, Karai INTA suma una ventaja específica: combinar tolerancia a la salinidad con mayor productividad.
Una alternativa para sistemas más estables
La disponibilidad de forraje suele ser uno de los principales desafíos en campos afectados por sales. Cuando la producción disminuye, también se resiente la estabilidad de todo el sistema ganadero. Por eso, contar con materiales adaptados puede marcar diferencias importantes en términos productivos.
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Karai INTA apunta precisamente a responder a esa necesidad. Su capacidad para generar más biomasa y sostener el crecimiento en ambientes restrictivos aparece como una herramienta para mejorar la oferta forrajera y aportar mayor estabilidad a los sistemas.
El desarrollo también refleja el peso que tiene el mejoramiento genético en la adaptación de los cultivos y pasturas a escenarios cada vez más desafiantes. En este caso, la selección sostenida de materiales permitió obtener un cultivar preparado para responder mejor allí donde las condiciones del suelo suelen poner un límite a la producción.
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Fuente: Inta
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