
Durante los días calurosos, el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos se dispara. Las altas temperaturas favorecen la proliferación de bacterias, que pueden ser peligrosas para la salud, sobre todo en carnes mal manipuladas. ¿Cómo evitar que tus platos se conviertan en un riesgo?
El Senasa brindó una serie de recomendaciones clave para prevenir enfermedades y garantizar la seguridad de la carne que consumimos.
Elegir bien comienza en la carnicería
Un lugar limpio es el primer indicador de confianza. Los cuchillos, bandejas, sierras, balanzas y heladeras deben estar impecables. Pero no todo se reduce al espacio; la calidad de la carne también habla por sí sola. Una pieza apta para consumo es firme, elástica y no tiene olores desagradables. Por el contrario, si detectás coloraciones anormales, como marrón oscuro, mucosidad superficial o un aroma ácido, mejor descartarla.
Otro aspecto importante: evitar mezclas. La carne bovina no debe almacenarse junto con pollo o cerdo, ya que esta práctica puede propiciar contaminaciones.

Manipulación sin riesgos
Una vez en casa, el manejo adecuado es crucial para prevenir problemas. Separar utensilios es fundamental: nunca uses la misma tabla o cuchillo para la carne cruda y los vegetales que consumirás sin cocinar. Esta sencilla acción evita la contaminación cruzada, uno de los mayores peligros en la cocina.
Al guardar la carne, ponela en un bol y reservá los estantes inferiores de la heladera para evitar que gotee sobre otros alimentos, especialmente frutas y verduras. Recordá que mantener la cadena de frío es esencial desde que la comprás hasta que la cocinás.
El arte de cocinar a conciencia
En cuanto a la cocción, el consejo más importante es asegurarte de que la carne esté completamente cocida. Una carne segura no presenta partes rosadas o rojas en su interior. Si tenés un termómetro de cocina, verificá que alcance los 71 °C. Además, evitá ofrecer carne picada a los más chicos, ya que su preparación implica un mayor riesgo de contaminación.
En el caso de las carnes procesadas, como las hamburguesas, también es importante verificar su cocción, ya que el picado aumenta las posibilidades de que las bacterias lleguen al interior de la carne. Asegurarse de que los jugos sean claros y no rosados también es un buen indicador de que la carne está lista.
Pequeños cuidados, grandes beneficios
Incorporar estas prácticas en tu rutina no solo protege la calidad de los alimentos, sino también tu salud y la de quienes más querés. Las altas temperaturas del verano no tienen por qué ser una amenaza; con un poco de planificación y atención, podés disfrutar de una mesa segura y libre de preocupaciones.
En definitiva, cuidar la carne desde su compra hasta el momento de cocinarla es más que una cuestión de hábito: es una forma de prevenir enfermedades que pueden tener consecuencias graves. Y, al final del día, no hay nada más gratificante que saber que tu cocina es un espacio seguro para compartir.
Fuente: Senasa
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