
Los precios de la hacienda siguen en el ojo de la tormenta. El valor real del novillo mostró una ligera recuperación respecto de los mínimos alcanzados en octubre y noviembre del año pasado, pero sigue lejos de lo que sería deseable. Le cuesta recuperarse, en medio de un consumo que ha mostrado los límites de lo que está dispuesto a pagar.
El analista Ignacio Iriarte habla de un mercado interno sobreabastecido por la cantidad de hacienda liviana que está saliendo de los corrales. La faena sigue siendo relativamente alta, se consume más y la demanda internacional está presente, pero aún concentramos nuestros envíos en China, donde las cuentas no cierran.
Beijing resistió la presión de Brasil y los precios para la carne importada se mantienen en niveles modestos. Los asiáticos siguen comprando mucho, pero no quieren saber nada con pagar algo más a sus proveedores. En este escenario, la novedad de un crawling peg al 1% es una mala noticia para la exportación, ante una inflación que muestra un piso difícil de perforar de algo más del 2%.

Entre nosotros nada cambia. Con poco más de 13,9 millones de cabezas faenadas de enero a diciembre y un total de 3,18 millones de toneladas de carne producidas (equivalente carcasa), el peso medio por res en gancho se situó nuevamente por debajo de los 230 kilos, un techo que hasta el momento resulta difícil de superar bajo la actual estructura productiva.
El Rosgan advierte que se viene forzando la máquina en términos de extracción de animales para faena. Se observa cada vez más que el aumento en la oferta de carne se produce incrementando el sacrificio de hacienda liviana, sin lograr un aumento genuino y sostenible de la producción.
El crecimiento sustentable en la generación de carne vacuna debe ir indefectiblemente de la mano de un incremento en los kilos producidos por animal. El mundo así lo exige, y los principales países productores van por ese camino. La sola comparación con Uruguay exime de mayores comentarios.

Con planteos y razas bovinas similares, pero con un enfoque estratégico que apunta a la exportación, los orientales han optado por animales más pesados, capaces de abastecer con carne de calidad los principales mercados del mundo. Los números no mienten. En los últimos 15 años la brecha se ha ampliado en términos de peso de res a unos 30 kilos a favor de lo obtenido por el país vecino.
La diferencia sería directamente grosera si la misma comparación se realiza con Estados Unidos, Australia o Brasil. Mucho peor en el caso del país de las barras y las estrellas; con el menor stock bovino en 70 años la salida de la situación, aunque insuficiente, ha sido sumar kilos a la res.
Para el Rosgan, una gran deuda que tiene la ganadería argentina pasa por la recuperación de una de las categorías que más potencial ofrece para aumentar de manera genuina la cantidad de kilos logrados por animal faenado: los novillos. Sigue habiendo un faltante estructural producto, entre otras causas, de varios años de políticas orientadas a favorecer la faena de animales livianos destinados al consumo local, en detrimento de lo demandando por la exportación.

No menos cierto es que el desmanejo que ha caracterizado a la macro argentina en los últimos años juega en contra de cualquier planificación a largo plazo, un gran desincentivo para la generación de novillos pesados. Desbrozar el perfil de faena en 2024 permite comprobar que los novillos aportaron solo 1 millón de cabezas al número general; esto es apenas un 7% de faena total, mientras que en Uruguay la participación de esta categoría alcanzó en igual período un 18%, es decir, unos 400 mil novillos de más de 6 dientes sobre una faena total de 2,25 millones de cabezas.
A su vez, mientras el promedio de pesos en Argentina -incluyendo novillitos- fue de 245 kilos, en la vecina orilla se obtuvieron unos 289 kilos de carne por novillo faenado, es decir, un 18% más que en nuestro país.
Como ejercicio, los técnicos del Rosgan extrapolaron esos mismos ratios a los números que procesa anualmente nuestro país. Sobre una faena de 14 millones de animales, una participación del 18% de novillos nos llevaría a sacrificar unos 2,5 millones de novillos anuales, es decir, 1,5 millones más que los procesados durante este último año.

Para lograrlo sin modificar el stock general, 1,5 millones de animales que hoy se faenan como novillitos deberían llegar a la instancia final como novillos. Y si se incrementara el peso medio de faena de esos novillos en un 10%, es decir, logrando un equivalente en gancho de 300-310 kilos de carne por res frente a los 282 kilos actuales y los 238 kilos con los que, en promedio, aportan los novillitos, podríamos incrementar la producción en más de 100 mil toneladas, aun sin mediar cambios en el número total de animales en stock.
Todo esto requiere una economía más estabilizada, con menores costos financieros pesando sobre las producciones de ciclos largos. El Rosgan considera que en la medida en que la industria exportadora deje de perder competitividad por los elevados costos internos que aún subsisten, esto debería poder plasmarse independientemente del tan esperado crecimiento estructural del stock ganadero nacional.
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