
Las conservas vegetales, mixtas y los escabeches forman parte de muchas mesas y permiten conservar alimentos durante más tiempo.
Sin embargo, cuando la elaboración o el almacenamiento no se realizan en condiciones adecuadas, estos productos pueden convertirse en un vehículo de enfermedades transmitidas por alimentos.
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Una de las más conocidas es el botulismo, una enfermedad causada por la toxina botulínica producida por la bacteria Clostridium botulinum.
Este microorganismo se encuentra de forma natural en el suelo y el agua y puede desarrollarse en ambientes sin oxígeno, como ocurre en conservas elaboradas o esterilizadas de manera deficiente.
Según especialistas del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, el riesgo aparece principalmente cuando los alimentos son envasados en condiciones inadecuadas, con fallas de higiene, temperaturas insuficientes o un pH incorrecto.
Entre las conservas más susceptibles se encuentran morrones, berenjenas, espárragos, pepinillos, pickles de vegetales, conservas mixtas y escabeches con pH igual o superior a 4,5.
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Qué revisar antes de comprar
Al momento de elegir conservas, una revisión simple puede marcar la diferencia para consumir alimentos seguros. Por eso, el SENASA recomienda optar siempre por productos elaborados en establecimientos habilitados y que cumplan con las normas sanitarias vigentes, ya que esto garantiza que fueron producidos bajo condiciones controladas y fiscalizadas.
Antes de colocar el producto en el carrito, conviene dedicar unos segundos a observar el rótulo. Allí debe figurar la información obligatoria que permite conocer el origen y la trazabilidad del alimento.
Entre los datos que deben estar presentes se encuentran el Registro Nacional de Establecimientos (RNE) y el Registro Nacional de Productos Alimenticios (RNPA), que identifican al establecimiento elaborador y al producto dentro del sistema oficial de control.
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Además, el envase debe indicar la dirección del elaborador, la fecha de elaboración, la fecha de vencimiento, el número de lote y la denominación del producto. Estos datos permiten saber quién lo produjo, cuándo fue elaborado y hasta cuándo puede consumirse en condiciones adecuadas.
Cuando alguno de estos elementos no aparece en el envase, el producto no ofrece garantías sobre su origen ni sobre las condiciones en las que fue elaborado. Por eso, la recomendación es clara: si falta información obligatoria, lo mejor es no comprarlo.
Señales de alerta
Más allá de la información del rótulo, también es importante prestar atención al estado del envase y al aspecto del contenido al momento de abrir la conserva. A simple vista pueden aparecer señales que indican que el producto no se encuentra en condiciones adecuadas.
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Si al abrir el envase se observa pérdida de líquido o gas, líquidos turbios, espuma o burbujas, el alimento no debe consumirse. Lo mismo ocurre si aparecen cambios anormales en el color, el olor o la textura del producto.
Ante cualquiera de estas situaciones, la recomendación es descartar el alimento. Estos cuidados, aunque simples, son fundamentales para prevenir el botulismo y para asegurarse de consumir alimentos elaborados bajo condiciones sanitarias controladas, protegiendo así la salud de quienes los consumen.
fuente: inta
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