
“¿Cómo se denomina a aquel que toma un bien o servicio producido por otro, lo utiliza y no paga al productor? Según el diccionario de la lengua española, ladrón es todo aquel que se apropia de lo ajeno sin autorización y sin compensación alguna. Pero, ¿qué pasa cuando este ´robo´ tiene lugar entre el ser humano y la naturaleza?”, se pregunta Rodolfo Tarraubella, presidente de Fundación EcoConciencia, al analizar lo que califica como la “iniquidad ecológica”.
Tarrabubella destaca que los servicios ecosistémicos esenciales para nuestra vida cotidiana -el aire que respiramos, el agua que consumimos, la biodiversidad que mantiene nuestros ecosistemas saludables- “han sido considerados, durante mucho tiempo, superabundantes por la economía tradicional”. Sin embargo, advierte, esa visión está cambiando. “Son recursos finitos y su valor debería reconocerse y ser compensado adecuadamente”, subraya.
El titular dela Fundación EcoConciencia, explica que desde la introducción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en 2015, la sostenibilidad ha dejado de ser solo ambiental y se ha convertido también en una cuestión social y económica, donde el planeta es la base de todos los pilares del desarrollo. “Sin un planeta saludable, no hay prosperidad ni bienestar para las personas”, asegura. Sin embargo, aunque se reconozca la importancia de los servicios ecosistémicos, aún no existe un mercado global para remunerarlos de manera efectiva, con excepción de la captura de gases de efecto invernadero, que ha generado transacciones superiores a los 100.000 millones de dólares, según el Banco Mundial.

“Existen esfuerzos como los de la Bolsa de Comercio de Nueva York y otras iniciativas privadas que buscan crear empresas de activos ambientales, conocidas como Natural Asset Companies (NACs), que venderían estos servicios ecosistémicos a empresas que no los producen”, detalla Tarraubella, quien subraya que la ONU también ha establecido pautas para contabilizar estos servicios a través de su Oficina de Biodiversidad (UNEP) en Nairobi.
Mientras tanto, “el riesgo de un colapso ambiental, según el Foro Económico Mundial, es cada vez más inminente. Los últimos reportes indican que en sólo 10 años podríamos enfrentar una crisis ecológica irreversible”, alerta el titular de EcoConciencia. “Y mientras tanto, seguimos siendo ´ladrones ambientales´, aprovechándonos de los servicios que nos da la naturaleza sin ofrecer nada a cambio”.
El experto advierte que “la lección es clara: el mundo debe reconocer y pagar por los servicios ecosistémicos, empezando por aquellos más visibles, como la captura de carbono”. Y concluye que, en ese contexto, surge una pregunta fundamental: “¿por qué no hemos entendido aún que la naturaleza, al igual que cualquier otro bien o servicio, debe ser remunerada?”
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