
Los números son insobornables. Hace tres semanas que el precio real del novillo de consumo quedó clavado en torno de los $1.900. Es el valor más bajo de los últimos doce meses y en moneda constante está lejos de los más de $ 3600 (precio actualizado considerando inflación) que redondeó a fines del año pasado tras la devaluación de la moneda.
El ROSGAN pone de relieve que aún con una restricción de oferta, la hacienda en pie sigue encontrando un mercado resistente a la suba de valores. En el caso de la invernada, en los últimos doce meses el valor del ternero se vio incrementado en un 190%, contra una variación del Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) estimado para ese mismo período en un 205%, lo que estaría marcando una brecha cercana a los 15 puntos porcentuales.
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Desde el punto de vista de la oferta, estacionalmente la cantidad de terneros que llegan al mercado ya ha comenzado a achicarse de manera significativa. Cabe recordar además que este ciclo se inició con unos 450 mil terneros/as menos que en el comienzo de 2023.
Los precios de la hacienda destinada a faena siguen lejos de cualquier mejora de fondo. En el acumulado de los últimos 12 meses medidos hasta agosto, el valor del gordo en el MAG muestra una suba del 176,1%, marcando una brecha contra el IPIM de más de 45 puntos porcentuales. Eso a pesar de que la cantidad de novillitos que están llegando a faena este año, es un 8,7% inferior en relación con lo registrado en 2023. En el caso de las vaquillonas, la caída para los primeros ocho meses del año es del 6,7%, en novillos del 13,6% y en vacas del 9,9% interanual.
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En suma, con 9.012.744 cabezas faenadas de enero a agosto de este año, la oferta total de animales es un 8,6% inferior a la registrada a igual fecha del año pasado. Esto determina que la producción de carne disponible para abastecer tanto al mercado doméstico como a la exportación se ubique un 8% por debajo de 2023, según indica el ROSGAN.
A pesar de recientes intentos de reacomodamiento, en los últimos doce meses el precio promedio de la carne vacuna ha acumulado una suba del 197,8% contra un IPC del 236,7% interanual, para ese mismo período. Es decir, vuelve a abrirse una brecha de casi 40 puntos contra el índice de inflación, que no parece suficiente frente a un consumidor local de bolsillos flacos.
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Gran parte de la explicación radica en la evolución de los salarios. El índice que publica el INDEC a junio de 2024 arrojaba un incremento interanual del 216,3% contra un IPC a esa misma fecha de 271,5%, lo que determina una brecha de más del 55%, al menos para el primer semestre. Puede que algunos hayan logrado luego una modesta mejora con algunas paritarias sectoriales, pero la brecha de todos modos mantiene proporciones importantes.
En definitiva, aun con la desaceleración de la inflación mensual, los salarios continúan retrasados. Esto se traduce un menor poder adquisitivo del consumidor local y por ende en un techo de suba para el precio de la hacienda en pie, siendo éste el canal que absorbe más del 70% de la producción total en nuestro país.
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Desde luego todo esto no es neutro para los productores. La Cámara Argentina de Feedlot indica que en agosto el margen fue de $80 mil negativos por cabeza, lo cual equivale a 41 kg de novillo, el doble que en julio. Se sigue acortando el tiempo de permanencia en los corrales, en tanto ha vuelto a crecer el porcentaje de ocupación de los corrales en términos interanuales, del 67.4 al 70.1% En cuanto a los principales costos, agosto fue favorable a los feedlots en relación al maíz pero muy desfavorable con la invernada.
Todos están detrás de este problema. La consultora Zorraquín-Meneses dice que la ganadería se mueve con pasos lentos, y que la oferta de carne se sostiene en valores altos (la faena no cae lo suficiente) y así seguirá a partir de la salida de los feedlots en este mes. El escenario se potencia en alguna medida a raíz del 48% de hembras en la faena; indicaría que por ahora no hay en marcha una fase de retención.
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Estos especialistas visualizan tibias señales de recuperación en el mercado interno, que este mes habría vuelto a los 50 kilos/habitante por año. Aunque al argentino se le haga cuesta arriba todavía, si se mide en valores históricos la carne está barata. Hoy con un sueldo mínimo se compran algo menos de 40 kilos de carne, cuando históricamente se llegaron a adquirir hasta 60 kilos. La carne no está cara, los salarios con bajos.
Avanza hacia su último tercio un año poco favorable para la ganadería nacional. El clima dejó de castigarla después de un par de temporadas muy duras signadas por la seca, y ahora la sequía está en los bolsillos del consumidor. Contra eso no hay batalla posible, al menos de corto plazo.
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