“Descreo de los químicamente puros. Cuando viene un constitucionalista y me dice: ‘La Carta Magna dice tal cosa’, me hace acordar a lo que Jean-Paul Sartre escribía en Las manos sucias. Hay una ideología. Yo soy parcial. O, como en el poema de Mario Benedetti, incurablemente parcial. Nadie se equivoca conmigo. Saben que soy peronista y que defiendo a los trabajadores”.
La definición de Héctor Pedro Recalde fue efectuada durante una entrevista periodística efectuada en 2010, pero podría decirse que esas palabras signaron su extensa trayectoria desde que se recibió de abogado en 1961 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde también tuvo una prolongada carrera como docente, y comenzó a asesorar a la CGT desde 1964.
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Su nombre empezó a aparecer con frecuencia en los diarios cuando se desempeñó como uno de los cuatro abogados de la CGT liderada por Saúl Ubaldini, durante el gobierno de Raúl Alfonsín. Integraba un equipo jurídico con Enrique Rodríguez, Horacio Ferro y Ricardo Siniscalchi. Su vínculo con Ubaldini era tan fuerte que lo acompañó en su frustrada incursión en la vida política.
Siempre al lado del dirigente cervecero, Recalde militó en las filas del antimenemismo y siguió como abogado cegetista en la gestión de Hugo Moyano, de quien se convirtió en uno de los principales espadachines en el escándalo por los sobornos en el Senado durante el tratamiento de la reforma laboral del gobierno de la Alianza, a la que el líder de Camioneros bautizó como “la ley Banelco”.
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Su padre era colectivero de la línea 168 y cuando era chico le gustaba acompañarlo en su recorrido de La Boca a San Isidro. Héctor Recalde terminó al frente de uno de los principales estudios jurídicos del país y su fama se extendió cuando, en 2007, denunció ante la Justicia un intento de soborno por parte de dos empresarios vinculados a las empresas de tickets alimentarios que le ofrecieron 20 millones de dólares para que frenara en el Congreso un proyecto de ley que incorporaba los vales al sueldo.
A Recalde se lo criticó por muchas causas (algunos hasta le cuestionaron que defendiera a los trabajadores y viviera en Barrio Parque, uno de los más caros de la ciudad de Buenos Aires), pero hasta sus rivales más firmes le reconocían coherencia, honestidad intelectual y capacidad de trabajo.
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Uno de sus sellos distintivos, además, fue una indisimulable militancia peronista que le corría por las venas. “Mis viejos eran socialistas. Empecé en el socialismo por influencia de mi viejo, pero inmediatamente me pasé al peronismo”, dijo en una entrevista con Radio Gráfica, en 2021.
¿Por qué lo hizo? “Para mí fue una cuestión racional, de advertir que realmente la fuerza trasformadora de la realidad en nuestro país era el peronismo, no el socialismo. Con todo respeto a los socialistas. Fue racional al principio -destacó- porque después se transformó en emocional, en noviembre de 1965, cuando tuve cuatro reuniones con el general (Perón) y ese contacto personal hizo que yo me convirtiera además en un peronista emocional por el carisma que tenía el viejo”.
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Recalde nació el 29 de mayo de 1938 en Villa Crespo, pero entre los 4 y los 46 años vivió en Colegiales. En su juventud, durante muchos años, tuvo dos trabajos para mantenerse y estudiar: era celador suplente a la mañana, por la tarde trabajaba en la Caja Rural y a la noche iba a la facultad. “Nunca pensé en ninguna otra cosa, desde la primaria, que en ser abogado -confesó-. Siempre me rebeló la injusticia y en ese tiempo pensaba que la mejor manera de combatirla era estudiando abogacía”.

Fuera del trabajo como abogado de sindicatos, Recalde era un apasionado del tango y bailarín del dos por cuatro, e incluso tuvo un papel de extra bailando en una película de Jorge Coscia. Además, en su juventud era hábil subido a los patines de 4 ruedas y tuvo un grupo de baile con otros patinadores que hacían exhibiciones. Quizás esa capacidad de mantener el equilibrio influyó para que, con la abogacía como trampolín, saltara a la política activa gracias a su adhesión al gobierno de Néstor Kirchner, cuando se desempeñaba como asesor legal de la CGT conducida por Hugo Moyano, quien en esa época fue el principal aliado sindical del gobierno del ex mandatario santacruceño.
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La consecuencia natural de esa adhesión kirchnerista fue que en 2005 integrara la lista bonaerense de candidatos a diputado nacional del Frente para la Victoria (FPV), que le permitió llegar al Congreso. Obtuvo su reelección en la banca en las elecciones legislativas de 2009, en la que figuró quinto entre los postulantes a diputado del kirchnerismo. Logró ser revalidado en la Cámara Baja en las elecciones de 2013, pese a la derrota del FPV ante Sergio Massa, líder del Frente Renovador. Su lealtad a Cristina Kirchner lo llevó a ser elegido jefe del bloque de diputados del Frente para la Victoria en 2015.
Esa misma militancia ultrakirchnerista ya lo había alejado de Hugo Moyano, quien se peleó con Cristina Kirchner luego de la muerte de su esposo. Las profundas diferencias entre ambos estallaron en octubre de 2012, en medio de una discusión legislativa por la nueva ley de ART, cuando el entonces jefe de la CGT opositora le reclamó que renunciara a la presidencia de la Comisión de Legislación del Trabajo y le reprochó: “No podés ser tan servil al poder y no responder a los trabajadores”.
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Recalde también quedó asociado a las sospechas de haber sido el artífice de la designación de jueces laborales durante los gobiernos kirchneristas. Quien le apuntó directamente por ese tema fue Mauricio Macri cuando fue presidente de la Nación, en junio de 2017. En un discurso en la Casa de Gobierno, criticó a un “grupo de estudios y jueces laboralistas” dedicados a la llamada “industria del juicio” y mencionó explícitamente a Recalde. “Le han hecho mucho daño a la Argentina”, señaló.
El abogado estaba casado en segundas nupcias con la jueza laboral Graciela Craig, integrante de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo, y es padre de Mariano (abogado, ex presidente de Aerolíneas Argentinas y actual senador nacional del peronismo), Leandro (abogado) y Mora (actriz).
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En los últimos años, en representación de los abogados -junto a su hijo Mariano- integró el Consejo de la Magistratura. Su última publicación en las redes sociales fue el 22 de noviembre pasado: “Mi total y absoluta solidaridad con los trabajadores y trabajadoras del Hospital Garrahan en conflicto contra el vaciamiento de esa fundamental institución para nuestros niños y niñas de todo el país”, publicó en su cuenta de X, en donde se definía así: “Abogado laboralista, peronista kirchnerista”.
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