
El regreso de Hugo Moyano al primer plano del sindicalismo dejará descolocados a quienes desde hace años mencionan sus problemas de salud como indicios de una jubilación anticipada.
Así como en la pandemia se atrincheró en su casa y delegó el mando en su díscolo hijo mayor, ahora, a los 80 años, recorrió el camino inverso: le quitó legitimidad al planteo ultraopositor de Pablo Moyano contra el gobierno de Javier Milei y se convirtió en el detonante de su renuncia a la CGT para retomar el 100% del poder en el Sindicato de Camioneros y consolidar su alianza con el sector dialoguista para volver a una central obrera en la que ya estuvo durante tres mandatos entre 2004 y 2016.
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El lunes, el líder de Camioneros tendrá una reunión con dirigentes de la fracción moderada de la CGT. El martes, se sumará al encuentro ampliado de la mesa chica cegetista que analizará la situación generada por la renuncia de su hijo al triunvirato de conducción. Y el miércoles, representantes de su gremio tendrán una audiencia clave con los empresarios del sector en la Secretaría de Trabajo para intentar que no fracasen las paritarias del trimestre diciembre-febrero 2025.

Son todos datos que confirman la perenne centralidad de un dirigente que nunca termina de ceder el protagonismo, aunque hizo algunos tibios intentos que no prosperaron (como la fallida apuesta por su hijo Pablo) y a pesar de las señales de declive del imperio que construyó hace décadas.
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Su regreso es una excelente noticia para los dialoguistas de la CGT (piloteados por Héctor Daer, de Sanidad; Andrés Rodríguez, de UPCN; Gerardo Martínez, de UOCRA, y José Luis Lingeri, de Obras Sanitarias), que ahora podrán afianzar su estrategia negociadora con el gobierno de Javier Milei sin que Pablo Moyano interfiera o trate de boicotearla. Y es, obviamente, una inmejorable noticia para la administración libertaria, que celebra el ascenso del jefe del Sindicato de Camioneros, con el que tiene buen diálogo, y el alejamiento de la cúpula de la CGT de su hijo políticamente asociado a Cristina Kirchner.
“El reemplazante de Pablo tendrá el apellido Moyano”, es la respuesta que repiten los dialoguistas cuando se les pregunta qué hará Camioneros con la vacante en la CGT. Nadie cree que Hugo Moyano deje un cargo tan decisivo en manos de cualquiera. Es lógico, dicen los moderados de la CGT, que tampoco quiera exponer a sus hijos: ni a “Huguito”, el abogado de perfil técnico, ni a Jéronimo, el benjamín de 25 años que recién comienza, ni a Karina, sin el rodaje para semejante desafío. El líder sindical tampoco quiere cederle tanto poder a un dirigente de su riñón como Omar “Manguera” Pérez, su delegado en la confederación del transporte (CATT), ni a un aliado como Jorge Taboada, el chubutense que lo secunda en la Federación Nacional de Trabajadores Camioneros.
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En el entorno más cercano al jefe de Camioneros interpretan su vuelta a la CGT como una forma de neutralizar una ofensiva de Pablo Moyano y Cristina Kirchner contra la estrategia negociadora del sector dialoguista. “Hugo ya se juntó con (Héctor) Daer para hablar del tema. Él es el único que garantiza que Pablo no le tire piedras desde afuera con la inspiración de La Cámpora”, dijeron.
Los dialoguistas de la CGT esperan a Hugo Moyano para blindarse ante las críticas del ala dura y darle más espesor a la etapa conciliadora que se abrirá antes de fin de año con los funcionarios libertarios. El “nuevo” triunvirato cegetista podría debutar el 19 de este mes cuando delibere el Consejo del Salario, mientras el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, ajusta la agenda para convocar a la CGT y a los empresarios del Grupo de los Seis (G6) al primer encuentro de la mesa de diálogo tripartita.
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Quedó en una suerte de nebulosa la convocatoria del secretario de Trabajo, Julio Cordero, a crear una comisión técnica con abogados de la CGT y del G6 para consensuar la reglamentación del artículo de la Ley Bases que penaliza los bloqueos sindicales: venció hace un mes el plazo legal para hacerlo (120 días corridos desde su promulgación, que se produjo el 8 de julio). Ese punto era uno de los principales reclamos de la CGT, sobre todo para congraciarse con Pablo Moyano, el abanderado de los bloqueos, pero, para alivio del empresariado, quedará tal como figura en la ley: ese tipo de protestas son consideradas una “grave injuria laboral” y, por lo tanto, causal de despido justificado.

Como anticipó Infobae, Hugo Moyano reforzó su alianza con los dialoguistas de la CGT luego de que se distanció de las declaraciones de su hijo Pablo en favor de un nuevo paro general. Hoy, papá Moyano busca tender mejores relaciones con el Gobierno ante un combo de realidades adversas. Desde la rebeldía infinita de Pablo hasta la trabada paritaria de diciembre-febrero pasando por los cuestionamientos de los trabajadores de recolección de residuos de CABA al acuerdo con el gobierno de Jorge Macri sin pagar indemnizaciones y poniendo fin a la “Ley Moyano”.
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El renovado papel protagónico de Hugo Moyano a sus 80 años (cumplirá 81 el 9 de enero) es una confirmación de un poder sindical anquilosado, plagado de dirigentes formateados para otra época del país, que acumulan mandatos eternos en sus gremios y pontifican sobre la renovación sin practicarla. Paradójicamente, el que mejor describe la crisis del sindicalismo actual dentro sus propias filas es otro miembro de la familia Moyano, Facundo, quien desempolvó su proyecto de democratización sindical, que había presentado cuando fue diputado y en su momento inclusive contó con el apoyo por su padre.
Además de la mala relación con Pablo, el líder de Camioneros se da cuenta de que su poder no es el mismo (como quedó demostrado al resignar la “Ley Moyano” con el gobierno porteño) y tampoco tiene la misma capacidad de presión de los años de esplendor de la “patria camionera”, algo evidente en paritarias que se cierran en porcentajes que no equiparan a la inflación. Entre marzo de 2018 y julio de 2023, por ejemplo, el sindicato de Moyano registró una caída salarial del 26%, según un estudio de la consultora Analytica. Fue el que encabezó el ranking de los retrocesos de ingresos reales frente a la inflación. Los salarios del sector no mejoraron desde entonces.
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Otros frente de tormenta para el poder de Moyano tienen que ver con las disidencias internas, que se multiplican: desde el armado de una federación paralela que impulsa el titular del Sindicato de Camioneros de Santa Fe, Sergio Aladio, con dirigentes de Córdoba, Jujuy, San Luis, Entre Ríos y Tucumán, para disputarle el poder en las elecciones gremiales de 2025, hasta la creación del primer sindicato de empleados jerárquicos de recolección de residuos (APJERR), que encabeza Jorge Silva, fortalecido al triunfar en los primeros comicios de la organización, el 19 de octubre.
La rebeldía de los recolectores de residuos contra sus líderes sindicales es inédita y riesgosa: estalló sorpresivamente en una actividad que es todo un emblema del andamiaje moyanista. Y genera pánico no sólo entre los dirigentes de Camioneros: se convirtió en un espejo que refleja lo que está pasando también en otros gremios, pero en el que prefieren no mirarse los sindicalistas.
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El poder sindical ya no es lo que era y, para colmo, gobierna un presidente no peronista que desconcierta a la dirigencia y que, por ahora, avanza a rajatabla sin reconocerle su antigua (¿y ya extinguida?) capacidad de regular el conflicto social. A Javier Milei eso no le interesa. Rompió el molde de la relación entre gobiernos y sindicalistas (donde regía el toma y daca desde hace largas décadas) luego de haberle ganado al gremialismo los votos entre sus propios representados.
El regreso de Hugo Moyano es el símbolo de estos tiempos hostiles para un sindicalismo sin reflejos. Quizá la mejor demostración de la crisis sea cuál es el máximo tema de preocupación que desvela en estas horas a los dirigentes de Camioneros: la participación de una empleada administrativa del sindicato, Jenifer Lauría, en la nueva edición de Gran Hermano, el programa televisivo de Telefé. “Soy de llevarme el mundo por delante”, declaró la joven de 31 años, que lleva una década trabajando con los moyanistas. ¿Contará secretos del clan familiar? Si dice algo inconveniente, el efecto puede ser mucho más explosivo que los calificativos de “Pablito traidor” de los recolectores de residuos.
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