
¿Quién no ha procrastinado alguna vez por falta de ganas de hacer algo?
Más que simplemente tachar tareas de una lista de pendientes, tenemos que tratar de mantenernos energizados y motivados.
Cuando nos sentimos desmotivados, es crucial no forzarnos a completar tareas. Muchas veces, al forzarnos, nos demoramos más, e inclusive cometemos más errores. Y ni hablar del nivel de creatividad. Nadie puede llegar a su mayor potencial creativo estando desmotivado.
En lugar de eso, debemos centrarnos en recargar nuestras energías.
Acá es donde la “regla de los 3 minutos” entra en juego. Esta regla sugiere que primero viene la acción y después la motivación. En lugar de esperar a sentirnos motivados para empezar, debemos dar el primer paso, aunque sea pequeño.
Imaginate no tener ganas de ir a caminar. Te proponés ponerte las zapatillas y caminar una cuadra. Cuando te quisiste dar cuenta, el cuerpo te pide seguir. Este simple primer paso puede desencadenar un cambio en nuestra percepción y energía, llevándonos a un estado más productivo y motivado.
Para mantener esa vitalidad, es esencial encontrar lo que personalmente nos energiza. Esto puede variar ampliamente de una persona a otra. Puede ser escuchar música inspiradora, leer material motivador, pasar tiempo en la naturaleza, desconectar de la tecnología, o incluso realizar actividades como ir a caminar o hacer algún deporte. Y no, esto no es distraernos o procrastinar: es parte del trabajo, porque te permite después enfocarte mejor, y tener una mente más despejada.
Es importante también recordar que la inspiración muchas veces surge en lugares inesperados. Romper con nuestras rutinas habituales y explorar nuevas experiencias, como viajar, puede fomentar un pensamiento divergente y abrirnos a nuevas perspectivas e ideas.
El verdadero trabajo no debe ser simplemente completar tareas, sino mantenernos energizados y motivados. Al adoptar estrategias que nos ayudan a recargar energías, podemos enfrentar nuestras responsabilidades diarias no solo con mayor eficacia, sino también con una actitud positiva y renovada. Este cambio de enfoque, de ver la motivación no como un prerrequisito, sino como un resultado de nuestras acciones, es fundamental. Cuando no tenemos ganas, es más efectivo tratar de energizarnos que de obligarnos a completar esas tareas.
Tanto la motivación como la energía son recursos renovables, pero no ilimitados. Es esencial reconocer nuestros límites y aprender a recargar estas reservas de manera regular. Esto podría significar tomar descansos conscientes, dedicar tiempo a hobbies que nos apasionan, o simplemente permitirnos momentos de tranquilidad y reflexión.
Además, debemos estar abiertos a experimentar y descubrir qué funciona mejor para nosotros. La clave está en la personalización de nuestras estrategias de motivación. Lo que funciona para una persona puede no ser efectivo para otra, y eso está bien. La diversidad de nuestras experiencias y preferencias personales es lo que nos hace únicos.
En mi propia experiencia, me doy cuenta de que pequeñas acciones pueden tener un gran impacto en mi nivel de energía y motivación. Algo tan simple como una caminata o incluso una conversación que me divierte o me hace pensar pueden ser suficiente para recargar mis baterías y darme el impulso necesario para enfrentar mis desafíos. Me ha pasado, inclusive, de salir a caminar y volver con un nuevo tema para un libro que quiero escribir o ideas frescas para talleres.
El objetivo es crear un estilo de vida donde el cuidado de nuestra energía y motivación sea una prioridad. Esto no solo nos permite ser más productivos y exitosos en nuestras tareas, sino que también mejora nuestra calidad de vida en general. Cuando estamos energizados y motivados, somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos, tanto en el ámbito personal como profesional. La acción, por lo general, es el primer paso hacia la motivación, no al revés. ¡Así que a probar como ese primer paso, incluso si es pequeño, puede transformar tu energía y motivación!
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