
(Enviado especial a París) Alberto Fernández y Emmanuel Macron establecieron un tándem diplomático que pretende influir en la transición democrática de Venezuela y lograr el cese de hostilidades en la guerra de Ucrania. Esa voluntad común se consolidó en las infinitas charlas y chats que ambos presidentes se cruzan todas las semanas, y en la capacidad de coincidir sobre asuntos globales pese a las diferencias ideológicas.
Macron jugó al lado de Donald Trump en el caso venezolano. Apoyó a Juan Guaidó en 2019, avaló el bloqueo económico y respaldó las sanciones financieras contra el régimen de Nicolas Maduro. Alberto Fernández estaba al otro lado del conflicto regional: condenaba la agenda de Trump en América Latina, soslayaba a Guaidó y criticaba las sanciones y el bloqueo.
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Hace unos meses, cuando la guerra en Ucrania complicó la provisión de petróleo en Europa, el jefe de Estado francés le pidió a su colega argentino que le explicara la crisis de Venezuela. “Es como si a vos te reemplazara un presidente elegido por los chalecos amarillos. Eso es lo que hicieron con Guaidó en Venezuela. Un disparate”, argumentó Alberto Fernández a Macron mientras conversaban en el Palacio Eliseo.
El presidente galo hizo una nueva composición de lugar. Vladimir Putin suspendía el suministro de energía, Joseph Biden enviaba a sus asesores a Caracas para explorar un proceso de distensión y Alberto Fernández llegaba a Maduro y sus socios cubanos sin escalas.
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La suma de esos factores globales fortaleció una movida regional que ayer en París exhibió su propia dinámica. Macron convocó a representantes de Maduro y negociadores de Guaidó para relanzar negociaciones que garanticen elecciones transparentes en 2024, y esa jugada diplomática fue coronada con éxito.

Alberto Fernández, Macron y Gustavo Petro, presidente de Colombia, se encontraron con Jorge Rodríguez -titular de la Asamblea Legislativa- y Gerardo Blyde -negociador nombrado por Guaidó- para recuperar el tiempo perdido y avanzar hacia la transición democrática en Venezuela.
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El Cónclave de París fue un éxito. Pero las conversaciones entre el régimen de Maduro y la oposición democrática tienen la forma de un cementerio de elefantes. Ya fracasaron el papa Francisco, la Unión Europea, José Luis Rodríguez Zapatero y las Naciones Unidas. La diferencia ahora es que se siente el olor a petróleo, y ese olor endulza la diplomacia secreta que corre desde Washington a Caracas.
El cierre de las deliberaciones corrió por cuenta de Anniken Huitfeldt, canciller de Noruega, que antes de la llegada de Argentina, Francia y Colombia, estaba sola en la tarea de facilitar las negociaciones entre las dos partes de Venezuela.
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“Es un hecho auspicioso -señaló Huitfeldt- que haya una negociación para llegar a un acuerdo político, cuando hay una guerra y no hay manera de arribar a una solución pacífica”.
Esa mirada del tablero internacional fue comentada anoche en la delegación argentina, ante la perspectiva de una presentación diplomática que Alberto Fernández y Macron harían sobre la guerra en Ucrania en el G20. Ambos presidentes se encontrarán -de nuevo- en Bali y su intención es proponer una hoja de ruta para llegar a un cese de hostilidades del conflicto en Europa.
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El presidente argentino sostiene que la prioridad es evitar una hecatombe nuclear -Vladimir Putin controla la central de Zaporiyia y maneja armas tácticas de destrucción masiva-, mientras que el jefe de Estado francés apunta a una iniciativa más ambiciosa que prevé además una tregua inmediata de la guerra en Ucrania.

El lunes, en Bali, Macron invitó a cenar a Alberto Fernández y a ciertos líderes de Europa y África. La comida informal -un día antes del comienzo del G20- tiene como finalidad ajustar la posición que Argentina y Francia pretenden llevar al plenario de la cumbre.
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La voluntad geopolítica de Alberto Fernández y Macron tiene el límite del propio poder. Sin Biden, Xi Jinping y Vladimir Putin, no hay estrategia posible. Y estos jugadores globales miran el tablero desde sus intereses complejos, que están muy lejos de Buenos Aires y París.
Ya fracasaron el Consejo de Seguridad de la ONU, Francisco y la Unión Europea. Tres antecedentes a tener cuenta para evaluar las posibilidades del plan que por estas horas afinan Alberto Fernández y Macron.
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