La disputa en el gremio de los neumáticos ya consumió meses. Pero de golpe, como impacto que desborda a esa industria, el Gobierno parece advertir la realidad de un conflicto que no lo tiene como árbitro, sino como parte. Recibe señales graves del mundo empresarial -ya no sólo de las tres firmas del sector-, queda inmerso de manera hasta insólita en la rosca cegestita y registra falta de muñeca de un ministerio, Trabajo, siempre en la mira del kirchnerismo y de los jefes sindicales duros. La advertencia sobre la posibilidad de abrir la importación en este rubro desnuda la gravedad del tema y le pone marco político al despliegue de estas horas.
Las gestiones que intentan destrabar ahora la situación de parálisis son acompañadas por contactos informales, no sólo de funcionarios, para lograr que los empresarios de la actividad vuelvan a la mesa de Trabajo y el sindicato, conducido por dirigentes alineados con el PO, haga un gesto que permita retomar la negociación. Asoma difícil. En esa línea, se sumaron señales más activas de las empresas y de los sindicatos -mayores, en todo sentido- de la producción automotriz y autopartista. Los anuncios de Sergio Massa fueron parte de ese engranaje.
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Fuentes con buena lectura de lo ocurrido a partir del fin de semana destacan que la suspensión de actividades en plantas automotrices -Ford, Toyota- y la posible extensión del freno de la producción en otras plantas no debería ser tomado sólo como consecuencia operativa del conflicto. También podría ser interpretada como una muestra de “solidaridad” empresarial con las firmas directamente afectadas, es decir, Bridgestone, Fate y Pirelli. Eso expresa, claro, hasta qué punto podría afectar toda esta cadena.
En paralelo, y tal como era esperada, se produjo una primera reacción de los grandes gremios involucrados de hecho más allá del Sutna (neumáticos). Los jefes del sindicato de mecánicos (SMATA) y los metalúrgicos (UOM) advirtieron también sobre el panorama sectorial, en momentos que, como el resto de las organizaciones sindicales, están concentrados en la marcha de las paritarias a raíz del esmerilamiento de ingresos por la persistente inflación.
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La confluencia quedó formalizada en el encuentro que mantuvo el ministro de Economía con representantes de las entidades empresariales que nuclean a las automotrices y las autopartistas, y con dirigentes del SMATA y de la UOM. Massa apuntó contra el conflicto en sí mismo y advirtió sobre el encadenamiento con otros sectores. Podría afectar a entre 150 y 200 mil trabajadores, con impacto en el mercado interno y también en exportaciones. Ese sería el resumen para anunciar que si la cuestión no es resuelta, el Gobierno podría habilitar la importación de neumáticos o destrabar despachos frenados por la Aduana.

El protagonismo de Massa genera prevenciones en el círculo de Olivos y en este caso, sobreviene en medio de cuestionamientos a Claudio Moroni. El ministro alimenta críticas por la falta de resolución de este conflicto, pero en rigor no todo es uniforme ni reciente. Desde hace rato, está apuntado por el kirchnerismo y también por el sindicalismo duro, en particular el frente que tiene a Pablo Moyano como figura más expuesta y la franja kirchnerista.
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En parte por eso mismo, o por el temor a un cambio que pudiera tener sello K, Moroni ha sido respaldado hasta ahora por la alianza nayoritaria en la conducción de la CGT -gordos e independientes, según las etiquetas, y barrionuevistas- y también por referentes de entidades empresariales.
El punto es que el ministro se mueve con perfil bajo pero sin mayores problemas en esos terrenos: destacan la marcha de las paritarias, en revisión permanente por efecto de la escalada de precios, especialmente este año y en medio de los sucesivos cambios en Economía. Pero el cuadro se complica frente a conflictos encabezados por sindicalistas duros, en comisiones internas o al frente de un sindicato como en el caso de los neumáticos.
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El tablero resultó aún más complicado por el manejo de Olivos en el frente sindical. La cena del lunes con la conducción cegetista terminó siendo un encuentro con los dirigentes de la referida alianza entre gordos, independientes y barrionuevistas. Quedó afuera Pablo Moyano, que amenazó con romper el secretariado de compromiso que encabeza la CGT.
Desde el Gobierno, buscaban despegarse del problema de la convocatoria como si fuese una cuestión ajena. En otras palabras, señalaban que el encuentro en Olivos fue a pedido de la CGT, que decidió las invitaciones. En cualquier caso reflejaría falta de manejo político: por armar mal la mesa de invitados o por descuidar la integración de la delegación cegetista.
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Pablo Moyano finalmente no concretó su amenaza. Los gremios más vinculados al camionero rechazaron esa idea. Y entre los que desaconsejaron semejante salida estuvo el SMATA, especialmente preocupado por las derivaciones del conflicto del gremio de los neumáticos. Desde el Gobierno, se dejó trascender que el Presidente también intervino para calmar la interna sindical.
La intervención de Massa, en tanto, se convirtió en la primera reacción abierta y no sólo “técnica” del Gobierno frente a la paralización de la producción de neumáticos. El jefe del sindicato, Alejandro Crespo, respondió anoche con dureza. La disputa sectorial se convierte así también en un desafío político. En el medio, pasaron alrededor de cinco meses.
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