
Los gobernadores dirimen su juego político entre las tres cabezas del Frente de Todos: Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa. La cúpula de la coalición oficialista mantiene su relativo éxito al gobernar, en parte, por las terminales y lealtades que establece con quienes detentan el poder territorial.
Los mandatarios provinciales están subordinados a la ayuda financiera de la Nación, a raíz del desigual desarrollo económcio de cada territorio, aunque ello no implica que sean apéndices de la Casa Rosada. En lo político, la “variante” argentina del federalismo resguarda grados de autonomía y se compensa en cargos, leyes y recursos.
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El oficialismo no estuvo exento de contrapuntos entre la Casa Rosada y los gobernadores, desde que Alberto Fernández llegó a la Presidencia. Los modos de intervención en la pandemia de coronavirus, la distribución de las partidas, la agenda vinculada a hechos de corrupción o “lawfare” o la propia base electoral, entre otros factores, reaparecen como fuente de tensiones. En tiempos de campaña electoral y cierres de listas, el juego de lealtades sale a la superficie.
Las terminales de Alberto
El gobernador de Tucumán, Juan Manzur, encabeza el grupo de mandatarios con diálogo y cercanía con el Presidente. En 2018, fue quien se animó a decir que “el ciclo de Cristina Kirchner está terminado”. Al comienzo del mandato presidencial, la jefatura de Alberto Fernández prometía compensarle en lugares, como el Ministerio de Salud de la Nación, pero rápidamente ingresó en un letargo.
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La vicepresidenta Cristina Kirchner le recordó públicamente su recelo por haber salido indemne de las denuncias sobre el Plan Qunita, cuya causa avanza hacia el sobreseimiento de los involucrados. “Lanzamos el plan y estaba Nico Kreplak y estaba Manzur todavía. A Manzur nunca lo procesaron por eso, a los demás sí, pero no importa”, dijo. El reproche a quien fue su ministro de Salud entre 2009 y 2015 tuvo su compensación: Alberto Fernández lo reinvidicó como su “amigo” en el acto compartido el pasado 9 de julio por el Día de la Independencia.
Con Manzur están en curso negociaciones de lugares en las listas de legisladores. En esas conversaciones aparece Pablo Yedlin, un alfil del gobernador, a quien se le vence su mandato y fue un férreo defensor de la política de sanitaria en la pandemia en Diputados. La intención es que vaya al Senado. Los senadores José Alperovich y Beatriz Mirkin, cercano a Cristinas, también finalizarán su período este año.
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Otro orgánico al Frente de Todos y cercano a Alberto Fernández es el gobernador santafesino Omar Perotti. El mandatario siempre estuvo distante al kirchnerismo, y si bien la relación es buena con el Presidente, empezó a apagarse en el último tiempo por su apoyo ambivalente y contradictorio con algunas medidas claves que impulsó la Casa Rosada, como el cierre a las exportaciones de carne o la suspensiones a las clases presenciales. Pero ese ruido pareció quedar atrás con la imagen de Perotti y el Presidente charlando por los jardines de Olivos hace unos días.
El lanzamiento de su armado, “Hacemos Santa Fe”, es uno de los intentos de Perotti por querer articular un armado propio, algo que no cae bien al interior del Frente de Todos. Tampoco hay ánimos de ruptura. “Perotti no es Schiaretti”, advierten desde el kirchnerismo de Santa Fe. “Perotti no registra que el peronismo santafesino no es el cordobés y que él mismo es el emergente de un proceso de unidad”, agregó la misma voz. En la provincia, el mandatario apunta a que su hombre de confianza, Roberto Mirabella, ingrese en las listas nacionales.
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La otra terminal que Alberto Fernández intenta cultivar es Juan Schiaretti, siempre esquivo a establecer algún tipo de alianza política duradera con el kirchnerismo. La búsqueda del jefe de Estado, antes y después de su llegada a la Casa Rosada, se mantuvo infructuosa cuando quiso sumar al “cordobesismo” como un eslabon aliado de la coalición oficialista. Y aunque el gobernador quisiera, sería una jugada arriesgada para su armado: el electorado de Juan Schiaretti castiga a quienes se acerquen a Cristina Kirchner y fue uno de los distritos donde Mauricio Macri cosechó la mayor parte de sus votos.
Entre “cristinistas” y orgánicos al FDT
Con Axel Kiciloff como la cara más visible del kirchnerismo a nivel federal y principal proyecto a futuro, los gobernadores afines a la vicepresidenta de la Nación son los que se mantuvieron leales al legado, sobre todo en el momento de mayor soledad durante el mandato de Mauricio Macri entre 2015 y 2019. Alicia Kirchner (Santa Cruz), Jorge Capitanich (Chaco), Gildo Insfrán (Formosa) y Gerardo Zamora (Santiago del Estero) pertenecen a ese grupo selecto. Durante la pandemia, fueron quienes más respetaron las directivas sanitarias de Alberto Fernández y sostuvieron con mayor convicción la política de restricciones en el marco de la segunda ola de coronavirus.
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La cercanía a Cristina Kirchner tiene sus recompensas. De ex jefe de Gabinete a intendente de Reconquista, Capitanich obtuvo el aval para competir y ganar nuevamente la gobernación en Chaco. Gildo Insfrán cuenta con un hombre de sus filas en el equipo de gobierno, el el ministro de Agricultura, Luis Basterra. Alicia Soraire, secretaria de Abordaje Integral del ministerio de Desarrollo Social, es una referente de la agrupación Kolina y una funcionaria siempre ligada a Alicia Kirchner. Mientras que los hilos de Gerardo Zamora se extienden en la Cámara Alta a través de su mujer, la presidenta provisional del Senado, Claudia Ledesma de Abdala.
El resto de los mandatarios del peronismo identificados con el Frente de Todos no tienen mayores reparos hacia Cristina Kirchner o Alberto Fernández, y son orgánicos por igual al peronismo oficial. Aportantes seguros de los votos en los proyectos del Poder Ejecutivo en la Cámara de Diputados y en el Senado, su organicidad no implica suprimir su autonomía y juego propio: en ocasiones, disputan abiertamente en las listas locales con La Cámpora y sectores aliados al kirchnerismo. A veces logran tener influencia directa en el gabinete nacional, como el caso del gobernador Sergio Uñac, que tiene un hombre de su entorno en el gabinete: el secretario de Energía, Alberto Hansel. Ese puesto es crítico para las provincias que exportan minerales, como San Juan.
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La senda intermedia y los aliados
Con un rol equidistante, los gobernadores de fuerzas provinciales negocian con la Casa Rosada cada punto de su agenda. Nunca se manifiestan con apoyo incondicional hacia la Casa Rosada y suelen presentarse con listas propias en las elecciones. Sin embargo, están abiertos a la cooperación a fin de obtener recursos o avancen en iniciativas locales.
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En ese espectro están Gustavo Sáenz (Salta) y Mariano Arcioni (Chubut), dos de los mandatarios cercanos al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. El tigrense ha compartido actos y candidaturas con los jefes provinciales, un nexo que funciona como la llave ante los proyectos legislativos que impulse el oficialismo. Otro de los que mantienen un buen vínculo con el líder del Frente Renovador es Oscar Herrera Ahuad, de Misiones.
En la Patagonia, la política de cooperación y negociación se mantiene de larga data con el Movimiento Popular Neuquino (MPN), hoy encabezado por el gobernador Omar Gutiérrez, que ha tenido protagonismo y la venia oficial para el armado del bloque de gobernadores del sur. En el caso de la gobernadora Arabela Carreras, de la fuerza Juntos Somos Río Negro, aseguran que la relación institucional es “excelente” con el Poder Ejecutivo, aún luego de los cortocircuitos que hubo con el Gobierno nacional por los conflictos territoriales con los pueblos originarios.
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En ese listado de mandatarios afines al Gobierno, pero con autonomía relativa en sus provincias, está incluido el fueguino Gustavo Melella, que integra el partido Forja, al cual pertence también el vicepresidente de Enacom, Gustavo López. Melella compite en elecciones contra todos en Tierra del Fuego. Si bien acompaña a los proyectos del Poder Ejecutivo nacional, Mellela está peleado con el PJ provincial y con La Cámpora, que tiene a cargo las intendencias más importantes del distrito: Ushuaia, Río Grande y Tolhuin. “Es un aliado, banca cuando hay que bancar. Y cuando todo está bien, recibe las mieles de la Casa Rosada”, señaló a este medio un vocero del kirchnerismo fueguino.

La oposición
Finalizado el tiempo de consenso en el primer tramo de la pandemia, el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta y el gobernador mendocino Rodolfo Súarez adoptaron en el último tiempo una oposición frontal hacia las medidas y proyectos del presidente Alberto Fernández. Respondieron, orgánicamente, a la dinámica confrontativa que asumió Juntos por el Cambio en el Congreso.
Sin asumir una retórica de “grieta”, Rodríguez Larreta en los hechos bloqueó varias de las acciones sanitarias del oficialismo y tal vez le haya insumido la mayor derrota política a la Casa Rosada con el fallo favorable de la Corte Suprema sobre las clases presenciales. Mientras que Rodolfo Suárez respondió a la misma estrategia del presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, uno de los dirigentes más críticos a la gestión nacional.
Pero el radicalismo no respondió de la misma manera en toda la línea. Lejos de romper la unidad con Juntos por el Cambio, los otros dos gobernadores, como Gerardo Morales (Jujuy) y Gustavo Valdés (Corrientes), prefieron cooperar con el Estado nacional durante toda la pandemia y evitar cruces que hubiesen podido tener costos en la provisión de recursos y apoyo de la Casa Rosada. Incluso, el jujeño logró lo que otros mandatarios del Frente de Todos no pudieron: obtener un acuerdo para la compra de vacunas en su distrito.
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