
El miércoles a la tarde, Alberto Fernández regresó de La Rioja a Olivos y pidió a su staff un tiempo a solas. La televisión repetía una y otra vez la asunción de Joseph Biden, y sonrió con inocultable alegría política: Donald Trump ya era historia y se aprestaba a escribir una carta personal al flamante Presidente de los Estados Unidos para describir su optimismo respecto de las posibles relaciones bilaterales entre la Casa Rosada y la Casa Blanca.
El humor presidencial se transformó en un vendaval cuando recibió este comunicado de la Cancillería posteado en la cuenta oficial de Twitter:

“Cómo le va a pegar a Biden, si firmó diecisiete decretos cambiando toda la política de Trump. ¿Estamos todos locos?”, se preguntó el Presidente respecto del tuit de la Cancillería posteado por instrucción de Solá.
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Alberto Fernández y su vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, chatearon con distintos funcionarios de la Cancillería para saber por qué se había escrito esta frase en el tuit oficial: “(Argentina) espera también que no se apueste a la desunión de nuestras naciones como en la etapa anterior”.
En el Palacio San Martin solo respondieron con evasivas. Y hubo un dato clave que no pasó desapercibido para el círculo cercano de Alberto Fernández en Olivos. El Presidente evitó hablar con el canciller en esta compleja crisis diplomática, y fue informado de este affaire por familiares que trabajan al lado de Solá.
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Y no es la primera vez que el Presidente no contesta las llamadas y los chats del ministro de Relaciones Exteriores.
Solá ya había mentido en un reportaje acerca de los términos de la conversación que mantuvo Alberto Fernández con Biden antes de su asunción como presidente 46 de los Estados Unidos. El jefe de Estado no podía creer cuando le llegó la transcripción de sus declaraciones públicas, y optó por un cuestionamiento leve en los medios y el frío glaciar en el trato cotidiano.
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Pero el tuit del Ministerio de Relaciones Exteriores instando a no repetir la agenda geopolítica de Trump para la región fue -quizás- el último capítulo de una relación institucional que nunca funcionó como se aguardaba en Balcarce 50 y el Instituto Patria.

Cuando recuperó el ritmo cardíaco, Alberto Fernández se olvidó de Solá y se puso a redactar su carta personal a Biden. Durante la primera conversación con el sucesor de Trump, había intentado explicitar su voluntad de diálogo abierto con la Casa Blanca.
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Pero Biden contuvo la iniciativa del jefe de Estado con una frase que se repite de memoria en Olivos: “Un Presidente a la vez”, dijo para explicar en estilo diplomático que su gestión empezaba tras su asunción frente al Capitolio.
Con el recuerdo de esa frase, Alberto Fernández se puso a leer un informe reservado que hizo Gustavo Beliz sobre la trayectoria política del presidente 46 de los Estados Unidos. El secretario de Asuntos Estratégicos recordó que Biden había viajado “más de treinta veces” a América Latina, y ese dato fue aprovechado al máximo por el jefe de Estado.
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“Lo sé conocedor en cuerpo y alma de la realidad de América Latina, y su experiencia y sensibilidad serán también muy importantes para nuestra región, asediada como Ud. conoce por múltiples desafíos de inequidad, violencia y endeudamiento insostenible”, escribió el Presidente sobre la base del dossier redactado por Beliz.
Alberto Fernández también rescató la importancia de los foros multilaterales y el impacto del Acuerdo de París para evitar que se profundice la tragedia del cambio climático. Y ratificó su decisión de luchar contra el crimen organizado, preservar los derechos humanos en la región y alcanzar una agenda de trabajo “creativa” e “innovadora”.
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La carta personal de Alberto Fernández a Biden llegará por carriles oficiales hasta Washington. Pero su contenido ya es conocido en el Ala Oeste de la Casa Blanca, adonde trabajan los funcionarios más importantes de la administración de los Estados Unidos.
No debería sorprender que Alberto Fernández reciba en las próximas semanas una invitación oficial de Biden para formalizar la relación bilateral entre ambos presidentes. Cuando eso suceda, si lo permite la pandemia, el Presidente deberá decidir si viaja acompañado por Solá o si es la coyuntura perfecta para cambiar a su ministro de Relaciones Exteriores.
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