
Alberto Fernández es el paraguas político que usa Martín Guzmán para guarecerse de los cuestionamientos cotidianos que le caen como una lluvia negra desde la Casa Rosada, las dos cámaras legislativas, la city financiera, el establishment local, la Unión Industrial Argentina (UIA), la Confederación General del Trabajo (CGT) y los bonistas que operan en Wall Street.
El Presidente es paraguas y tiene aprecio personal por Guzmán, pero conoce la lógica de poder que se aplica cuando se desbanda el dólar paralelo. Alberto Fernández y su ministro de Economía coinciden en explicar que “no es posible controlar al dólar blue” y ambos están empecinados en atenuar la trepada cotidiana del Contado con Liqui (CCL).
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“El Blue se mueve en un mercado chico que sufre la ausencia del turismo internacional. Entonces, la demanda empuja la oferta. Y no podemos hacer mucho”, explicó el jefe de Estado.
-¿Y si el Dólar Blue llega a 200 pesos la semana que viene?-, preguntaron en Olivos.
-Ese número impacta, y es para preocuparse. Pero es un mercado chico, y no se puede hacer mucho.
-¿Y con Guzmán qué pasará?-, insistieron en la intimidad de la quinta presidencial.
-Nada. Hace un rato me preguntaron lo mismo en Posadas: confío en Martín (por Guzmán) y no pienso traer a (Roberto) Lavagna. Mi ministro de Economía se llama Martín Guzmán. Punto.
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Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa, socios políticos del Presidente en la coalición oficialista, cierran filas para proteger al ministro de Economía. Pero tienen dudas sobre la efectividad de sus últimas medidas. CFK y Massa han conversado al respecto y su plan alternativo tiene una sola condición para ser ejecutado: los tiempos políticos de Alberto Fernández.
Mientras tanto, Guzmán ajusta su paquete técnico y toma distancia de Miguel Pesce, titular del Banco Central. El ministro considera que Pesce se equivocó en sus propuestas para bajar la cotización del dólar, y que ese error financiero provocó “una Puerta 12” en las expectativas de la opinión pública. La Puerta 12 es una alegoría que se utiliza en el poder en referencia a la tragedia deportiva de 1968 que causó 71 muertos en la cancha de River Plate cuando la multitud se abalanzó hacia la puerta de salida.
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Guzmán apostará la semana próxima a estrangular la suba del contado con liqui (CCL). El ministro aseguró en Olivos que tiene recursos para cumplir con ese cometido y exhibe como ejemplo una baja del 7 por ciento del CCL que ocurrió el viernes pasado. “El objetivo técnico es darle profundidad a este mercado, y actuar cuando corresponda para evitar los desbordes”, explicó Guzmán en la Casa Rosada.
Alberto Fernández sostiene esta táctica de control y ya autorizó a Guzmán a extremar las medidas de disuasión en la city financiera, cuando el CCL suba más allá de lo previsto en el Palacio de Hacienda. “Tengo poder de fuego, y lo voy a usar si me provocan”, comentó el Presidente en Balcarce 50.
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Desde una perspectiva financiera, Guzmán argumentó ante sus asesores del Palacio de Hacienda que hubo “un descarrilamiento de expectativas”. Eso explicaría para el ministro la suba del Dólar Blue -además de la ausencia del turismo extranjero-, la presión compradora sobre el CCL y la imposibilidad de contar con la liquidación de los dólares del complejo agroexportador.
-¿Cómo se encarrilan las expectativas?-, le preguntaron.
-Nosotros tenemos superávit comercial, no hay pagos cercanos de la deuda externa y hay reservas en el Banco Central. Tenemos herramientas para encarrilar las expectativas-, contestó Guzmán.
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Las reservas del Banco Central son un tema recurrente cuando Alberto Fernández recibe en Olivos o en la Casa Rosada. El Presidente explica que en las arcas del Banco Central se deben contabilizar los dólares existentes, el oro y el swap chino por 18.500 millones de dólares. “No sé de dónde sacaron que nos quedan mil millones de dólares. Eso es una mentira”, opinó el jefe de Estado en su despacho de Balcarce 50.
Cuando se encuentran a solas, Alberto Fernández y CFK trasmiten al ministro de Economía su experiencia política y su conocimiento del poder. Massa, en cambio, es lineal y pragmático: “Martín: menos sajón, y mas argento. ¿Okey?".
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