
La pandemia del virus Covid 19 se convirtió en un inesperado aliado del gobierno de Santa Fe para alzarse con una victoria parlamentaria que le permite tomar créditos por 55 mil millones de pesos (USD 650 millones), probablemente la cifra más alta aprobada hasta el momento por la Legislatura provincial desde el retorno de la democracia. La sanción fue acompañada con la decisión de los diputados provinciales de donar el 50% de sus sueldos por tres meses para que sean destinados a la pandemia.
Del total, $15 mil millones son para enfrentar la pandemia y $ 39,9 mil millones para atender compromisos con contratistas de obras y proveedores, subsidiar tarifas, financiar el boleto estudiantil gratuito y a municipios y comunas, así como atender necesidades de las áreas de Seguridad, Salud y Desarrollo Social.
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Ambos proyectos, el del fondo especial por la pandemia y el de la ley de necesidad pública, se convirtieron en ley ayer en la Cámara de Diputados, que volvió a sesionar en condiciones de máximas medidas sanitarias y en día feriado.
La aprobación del fondo para el coronavirus estaba descontada de antemano. Por el contrario, la controversia se enfocaba en el proyecto de ley de necesidad pública. Ayer fue aprobado en segunda revisión con sólo 12 votos a favor (PJ, Cambiemos y el bloque Somos Vida y Familia) y 31 abstenciones (Frente Progresista, el bloque Somos Vida de Amalia Granata y el interbloque de izquierda que lideran Carlos del Frade y Rubén Giustiniani).
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Como admitió en la noche del martes un diputado del oficialismo, la gran incógnita de ahora en más es quién, cómo y en qué condiciones se le pueden prestar semejantes cifras a una provincia que está muy bien calificada, pero es parte de un país que estaba al borde del default antes del impacto de la pandemia.
Además, el endeudamiento autorizado financiará mayoritariamente el gasto corriente. Se rompe así una tradición de Estado vigente desde hace al menos 30 años que reservaba el crédito público sólo para inversión en bienes de capital.
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Una ley muy peleada
La posición del Frente Progresista se mantuvo el martes en la posición de que “es una mala ley”, que “otorga superpoderes al gobernador” y que “autoriza un excesivo endeudamiento”. Sin embargo, la presión pública que ejerció el peronismo desde el jueves pasado –en especial sobre la figura del presidente de la Cámara Miguel Lifschitz– y la profundización de la pandemia fueron determinantes.
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Para tener una idea del límite adonde llegaron las tensiones, la vicegobernadora Alejandra Rodenas llegó a grabar un video para redes en el que lee una carta dirigida de forma personal al presidente de la Cámara de Diputados –entre el despacho de ambos no hay más que un hall– apurándolo públicamente a sancionar la ley. En la sesión del martes, Rodenas se llevó críticas veladas y explícitas, como la del jefe de bancada radical, Maximiliano Pullaro, que dijo que “fue de lo más bajo y miserable”.
Esa presión, el contexto crítico por la pandemia y el hecho de no contar con mayoría especial para insistir con los cambios que introdujo al proyecto empujaron a los líderes del Frente Progresista a repensar la estrategia legislativa. Debieron asumir que no había más margen para demorar el debate legislativo ni profundizar la confrontación con el oficialismo.
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Consumada la victoria parlamentaria del peronismo, los referentes del Frente recalcaron la celeridad de la convocatoria a la sesión extraordinaria, haber garantizado el quórum y la abstención en la votación, todo lo cual fue imprescindible para que pudiera aprobarse la ley con 12 votos sobre 50.

Rompió el silencio
“Si no hubiera sido por la pandemia, no habríamos aprobado esta ley”, afirmó Miguel Lifschitz. Después de una semana de haber sido el blanco de todo tipo de presiones públicas por parte de oficialistas (en medios, espacios publicitarios en redes y mensajes de texto desde distintas provincias), el ex gobernador bajó del estrado a una banca para hacer uso de la palabra. Fue la primera vez que rompió el silencio autoimpuesto desde que dejó la Gobernación, el 11 de diciembre.
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“El gobierno ya tiene la Ley de Necesidad Pública que quería y los fondos que pidió para atender la pandemia, es urgente que se ponga al frente de la crisis”, contraatacó Lifschitz.
Cuestionó que el gobierno haya utilizado la coyuntura del coronavirus para hablar de una supuesta insensibilidad de la oposición: “Lean ese proyecto de ley de necesidad, no tiene nada que ver con el coronavirus o pandemia, en ningún lugar menciona esas palabras”.
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Por primera vez desde que dejó el gobierno Lifschitz se defendió de lo que llamó la “lectura equivocada” de Perotti y sus funcionarios que machacaron hasta el hartazgo sobre los números que dejó su gobierno. “Pagaron sueldos de diciembre, aguinaldo, sueldos de enero, febrero, van a pagar marzo, entonces las cuentas no tenían tantos problemas como decían. De hecho ya a fin de febrero tenían 10 mil millones en plazo fijo y otros 5 mil millones en cuentas bancarias”.

Las razones del gobierno
La voz oficialista en la sesión fue Leandro Busatto, un diputado con buena llegada en sectores de la Casa Rosada. Achacó a la oposición “mezquindad” y “falta de solidaridad con un gobierno que necesita herramientas para gobernar”.
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Más allá de los adjetivos, Busatto reprochó a la mayoría del Frente Progresista no haber acordado la semana anterior la ley, cuando a su entender hubo dos gestos del gobierno que demostraban un cambio de actitud y voluntad de acuerdo: la llamada telefónica del gobernador Perotti a Lifschitz y la disposición del ministro de Economía Walter Agosto para negociar personalmente la letra chica de la ley.
Sin embargo, el Frente Progresista decidió que había cuestiones innegociables y avanzó con su propia idea de ley, lo que ahora se revela como una encerrona que lo dejó sin jugadas futuras. Perdió hasta las mejoras que el oficialismo le podría haber concedido una semana atrás.
Quizás la lectura más cercana sobre lo que fueron estos cuatro meses de “desencuentros permanentes” en torno a la ley de emergencia que pedía Perotti, la dio el diputado radical de Cambiemos Julián Galdeano: “Tenemos que hacer una autocrítica nosotros también (como Cámara). Ni siquiera pudimos articular con los senadores, ya no con el Ejecutivo que se encerró, agredió, acusó, sino con los senadores que están acá al lado. ¿O estamos pensando en una pulseada permanente para ver quién tiene los dos tercios, o quién le modifica más cosas al otro?”.
En varias oportunidades ayer se mencionó la palabra suerte. Probablemente la férrea posición del bloque frentista le habría ganado este round en tiempo normales. Pero en ese llegó la pandemia y la suerte, los errores de unos y las virtudes de otros, jugaron a favor de Perotti.
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