Marcelo Tinelli, Andrés Larroque, Máximo Kirchner y Federico Otermin
Marcelo Tinelli, Andrés Larroque, Máximo Kirchner y Federico Otermin

Máximo Kirchner ingresó al despacho del presidente de la Cámara de Diputados, miró la mesa perpendicular a la avenida Rivadavia y exclamó: “¡¿Increíble, cuatro hinchas de San Lorenzo juntos!?” Ante el jefe del bloque de diputados del Frente de Todos estaban Marcelo Tinelli, Andrés Larroque y el ministro del Interior Eduardo ‘Wado’ de Pedro. Incluyó en la cuenta a Sergio Massa, que es tan ‘cuervo’ como hincha de Tigre pero dejó afuera a Federico Otermín, presidente de la Cámara de Diputados bonaerense y en minoría como hincha de Bánfield. Hubo bromas además porque el ex presidente de San Lorenzo, Matías Lammens, es ministro. “Son igualitos”, se escuchó varias veces sobre Tinelli y Lammens afuera y dentro del recinto.

Tinelli fue uno de los invitados que más acaparó la atención. Ocupó el palco de Massa, en el centro del recinto con vista preferencial hacia donde pronunciaría su discurso el Presidente. En el mismo sitio se ubicaron el sindicalista Carlos Acuña y los intendentes Mario Ishii (José C. Paz), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas) y Javier ‘Chapa’ Gastón, de Chascomús. Hasta los mozos espiaban ese palco desde lejos. El animador fue el que más pedidos de selfies tuvo que atender al retirarse por la escalera que lleva desde planta baja a los palcos. Sentado junto a Malena Galmarini, le preguntó si iba a llorar cuando Alberto Fernández comenzó a hablar sobre el proyecto de ley de despenalización del aborto. La titular de AySA y esposa de Massa lagrimeó dos veces, cuando el Presidente terminó de justificar el envío de la iniciativa y cuando anunció que instaurará la Educación Sexual Integral (ESI). Las cámaras de la televisión la mostraron a ella aplaudiendo y a Gabriela Cerrutti que al ponerse de pie impulsó a gran parte de los diputados y diputadas a levantarse, incluidas Silvia Lospenatto y Carla Carrizo de la oposición, dos fervientes impulsoras de la IVE que han sido foco de críticas desde Juntos por el Cambio y la militancia ‘celeste’. “Contenta es poco”, se describió ante Infobae Dora Barrancos feminista emblemática y asesora presidencial que se retiró ayudada por el brazo de Miguel Cuberos. Cerca suyo la titular del INADI, Victoria Donda, parecía temblar: “Estoy muy emocionada”, repetía y aseguraba que hizo las cuentas y que esta vez la ley saldrá. En el recinto hubo unos 50 pañuelos verdes, uno celeste y en un palco se vio a María José Lubertino con abanico del mismo color.

Mucho antes, a las 9 de la mañana, habían comenzado a llegar los primeros invitados y legisladores a la zona del Congreso. Los gobernadores esperaron en el Salón de Honor, contiguo a la oficina de Massa, donde se sirvieron sanguchitos de pollo y carne vacuna y de 'postre’ brownie y mini alfajorcitos de nuez con abundante dulce de leche. Se mezclaron allí desde el cordobés Juan Schiaretti al entrerriano Gustavo Bordet, el santafesino Omar Perotti, el chubutense Mariano Arcioni, el sanjuanino Sergio Uñac, el pampeano Sergio Zillioto, el puntano Alberto Rodríguez Saá, el bonaerense Axel Kicillof y el radical Gerardo Morales además del jefe y vicejefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli.

Selfie de intendentes: Cascallares, Fernando Espinosa, Gustavo Menéndez, Lucas Ghi, Juan Zabaleta y Fernando Gray
Selfie de intendentes: Cascallares, Fernando Espinosa, Gustavo Menéndez, Lucas Ghi, Juan Zabaleta y Fernando Gray

Los ministros del gabinete en cambio se juntaron a las diez y cuarto en la Casa Rosada. Desayunaron juntos y a las 10:45 fueron en tres combies desde Plaza de Mayo hasta el Congreso.

La mitad del interbloque de senadores de Juntos por el Cambio desayunó en el segundo piso del Senado y los diputados de la UCR y el PRO se juntaron antes y después en el tercer piso de la Cámara baja. Hicieron en vivo un ‘chequeado’ del discurso presidencial. Los que más notas tomaron en papel fueron los jefes de los interbloques en el Senado y Diputados, Luis Naidenoff y Mario Negri, y Martín Lousteau. Incluso intercambiaban exclamaciones de enojo o sorpresa. “¿Pero cómo, nunca estuvieron en el Gobierno?”, preguntaba irónico Negri que apenas escuchó que el Presidente prometía “recuperar el valor de la palabra” le dijo molesto a Cristian Ritondo: “Va a tener que borrar todos sus videos y los de Massa”.

En los palcos hubo un puñado de intendentes bonaerenses. El más visible fue el que ocupó los asientos más cercanos al Presidente: Mariano Cascallares (Almirante Brown), Fernando Gray (Esteban Echeverría), Juan Zabaleta (Hurlingham) y Gustavo Menéndez (Merlo), Lucas Ghi (Morón) y Fernando Espinoza (La Matanza). También estuvieron Federico Achával (Pilar), Alejandro Granados (Ezeiza) y Marisa Fassi que llegó muy temprano junto a su marido, el ex intendente de Cañuelas, Gustavo Arrieta. La espera la amenizaron con selfies que sacó Zabaleta y café, un privilegio gracias a que varios mozos dijeron ser del Conurbano. “Que tramite Espinoza el café”, dijo uno de La Matanza. Aunque no fueron convidados al VIP de Massa, se mostraron agradecidos con el Presidente por haberlos invitado y escucharon la mitad del discurso de una hora 15 minutos de pie.

El palco de al lado estuvo vacío hasta que llegaron las combies de Presidencia. Lo ocuparon Juan Manuel Olmos, junto a los asesores Julián Leuna, Barrancos, Cuberos, Alejandro Grimson, Leandro Santoro y Victor Santa María. En el siguiente se ubicaron los sindicalistas: los hermanos Héctor y Rodolfo Daer, Antonio Caló, José Luis Lingeri, y detrás y casi oculto se sentó el camionero Hugo Moyano que aunque al retirarse trató de no hablar, señaló a Infobae que le había parecido “muy bueno” el discurso del Presidente. Cerca de ellos estaba Aníbal Fernández que se quedó esperando paciente en la primera silla del primer palco a la derecha. Más arriba se ubicaron Julio Piumato (de Judiciales) y Roberto Baradel, de SUTEBA, quien asintió cuando Alberto Fernández celebró que mañana comiencen las clases en “casi todo el país”. Cuando terminó la sesión el ministro de Educación, Nicolás Trotta, dijo que seguían trabajando para que no haya paro en ningún lugar y avisó que se iba al CCK a un acto por el inicio de clases.

Además de un espacio para empresarios, donde se vieron pocos aplausos, hubo tres lugares para los organismos de Derechos Humanos. Estuvieron desde el secretario Horacio Pietragalla, a la presidenta y la vice de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto y Rosa Roisinblit, y el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y la Madre de Plaza de Mayo Nora Cortiñas (llegó de la mano del presidente de Astilleros Río Santiago, Ariel Basteiro), a quienes días atrás Fernández pidió disculpas por sus dichos sobre dar vuelta la página respecto al pasado reciente.

Entre los ausentes, José Luis Gioja avisó que se quedó en San Juan afectado por un fuerte estado gripal mientras que Carolina Gaillard, embarazada de 39 semanas, esta vez tuvo que quedarse a descansar después de haber aportado al quórum el jueves pasado.

A Daniel Scioli hoy nadie le reprochó que estuviera en su banca y no en el palco de futuros embajadores donde sí se vio a Sergio Urribarri (irá a Israel) y a Fernando Pino’ Solanas (UNESCO). Al que le gastaron varias bromas fue a Sabino Vaca Narvaja quien irá como número dos de la embajada en China que ocupará Luis María Kreckler. “¿No andás con barbijo?”, le preguntaron más de una vez. “No tengo miedo, muere más gente por dengue” le contestó al rionegrino Martín Soria que le consultó si estaba preocupado mientras su hermano Camilo Vaca Narvaja, único de jean, remera y zapatillas, pasaba a saludar y se iba a la plaza como hacía incluso en los tiempos en que era pareja de Florencia Kirchner y yerno de la entonces Presidenta de la Nación.

Claudia Ledesma Abdala, Cristina Fernández, Alberto Fernández y Sergio Massa (Prensa Presidencia)
Claudia Ledesma Abdala, Cristina Fernández, Alberto Fernández y Sergio Massa (Prensa Presidencia)

La Asamblea Legislativa que abrió el 138 periodo de sesiones ordinarias fue convocada para las 10:30. Detrás del estrado estaban listas la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner y Claudia Ledesma Abdala, senadora y presidenta provisional del Senado respectivamente, cuando llegó Sergio Massa. “Estás haciendo esperar a dos damas”, le dijeron antes de pasar al recinto cuando finalmente los legisladores e invitados se habían acomodado en las bancas y sillas agregadas en los pasillos. Abrieron la sesión, se cantó el himno y la Vicepresidenta pidió votar las comisiones para recibir a Alberto Fernández. Cuando pasaron a un cuarto intermedio el Presidente todavía no se había subido al helicóptero en Olivos. Mientras él volaba, aterrizaba y se pasada al auto que condujo su amigo e intendente de la Quinta, Daniel Rodríguez Massa invitó a las dama al Salón de Honor. A Ledesma Abdala le cebó mate y a Cristina Fernández le convidó mate cocido. Y le avisó: “Firmaste la resolución que te piden los radicales para nombrar a Jesús Rodíguez en la AGN, yo voy a tener que firmar la del PRO que pide que se designe a Miguel Pichetto”. “Que se arreglen entre ellos”, dicen que CFK le respondió sobre los radicales que quieren imponer su mayoría en el interbloque en el Senado y los diputados del PRO que la imponen a la inversa en la cámara baja. En la larga previa de la mañana en los pasillos se comentó mucho el tema: aseguran que ya el año pasado el kirchnerismo le pidió al PJ de Río Negro que no expulsaran a Pichetto para que siga siendo afiliado peronista de manera que los radicales no lo dejan representar a la oposición en la Auditoría.

Tras el discurso, se habló de la reforma judicial y el aborto como los temas más fuertes y la variedad de comisiones y consejos que anunció el jefe de Estado. No pocos dejaron de señalar las alusiones de Alberto Fernández a figuras políticas. Dos veces mencionó a Raúl Alfonsín, a las 12:38 y a las 12:52, para valorizar el diálogo y cumplir “un sueño” del radical como la profesionalización del empleo público. Agradeció el respaldo del papa Francisco en el tema de la deuda. También habló de Manuel Belgrano y sobre el final destacó una frase de Juan Domingo Perón, de los 70: “Para un argentino no puede haber nadie mejor que otro argentino”. A su amigo Néstor Kirchner lo nombró una sola vez.

Mario Meoni, Malena Galmarini, Axel Kicillof, Sergio Massa y Javiero Osuna
Mario Meoni, Malena Galmarini, Axel Kicillof, Sergio Massa y Javiero Osuna

Los últimos gobernadores en retirarse del Congreso fueron Axel Kicillof y Omar Perotti. El bonaerense pasó por el despacho de Massa donde charló con Malena Galmarini que le preguntó por la deuda de la provincia con la empresa estatal. El habría sugerido hablar con el Presidente. Contó que ya tiene listo el discurso con el que inaugurará mañana las sesiones ordinarias y mientras se terminaba de comer un sanguchito salió rápido y solo para irse a La Plata. Mientras bajaba la escalera principal lo abrazó y le deseó éxitos el presidente del Comité Nacional de la UCR, Alfredo Cornejo. Y al llegar a la planta baja lo detuvo una mujer que le pidió una foto. “No, ahora no”, se excusó visiblemente apurado. Ella insistió: “Soy del San Juan”. Y Kicillof volvió sobre sus pasos, se tomó la foto, le dio un beso y se llevó el pin que Isabel Vilca le regaló con la foto de su hermano Alejandro Polo, uno de los 44 tripulantes del ARA San Juan.

Alfredo Cornejo, diputado y presidente de la UCR (Franco Fafasuli)
Alfredo Cornejo, diputado y presidente de la UCR (Franco Fafasuli)

Arriba sólo quedaban Massa con el gobernador Perotti e Ignacio de Mendiguren, titular del BICE. Entre mate y mate el titular de la cámara baja conversó con su amigo sobre el contrato de la empresa Hidrovía que vence en el 2021 y sobre la promesa de Alberto Fernández de que quede a cargo de las provincias. Un rato antes habían hablado con Kicillof y Verónica Magario sobre el lugar que tendría Buenos Aire en la agencia que quedaría a cargo de la red fluvial. Cuando el mate se enfrió y tras charlar sobre los anuncios en materia de seguridad, el santafesino partió.

Afuera ya desarmaban el vallado que esta vez fue discreto y con un austero operativo de seguridad a diferencia de la última apertura de sesiones de Mauricio Macri que extendió el vallado varias cuadras a la redonda. Esta vez tampoco hubo camiones con scanners en los ingresos de la vía pública. Pero tampoco hubo banderas ni barras en el recinto como en los tiempos de más ferviente kirchnerismo.

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