
La relación de la Argentina con China se sumergirá en los próximos meses en una suerte de “manto oscuro”, como graficaron varios diplomáticos y funcionarios del Gobierno por varios motivos exógenos a las relaciones bilaterales: los tironeos de la geopolítica mundial entre Washington y Beijing, las negociaciones por la deuda con el FMI y el impacto que tiene el coronavirus en la población o la economía china.
Lejos de profundizar la “alianza estratégica integral” que selló Cristina Kirchner en su mandato y continuó débilmente Mauricio Macri, el gobierno argentino se encamina ahora hacia una suerte de letargo en sus vínculos con el gigante asiático.
El presidente Alberto Fernández decidió poner como embajador en Beijing a un diplomático de carrera de perfil económico como Luis María Kreckler y a un hombre de confianza de Cristina Kirchner como es Sabino Vaca Narvaja, quien irá como segundo en la embajada en Beijing con la idea de motorizar inversiones y darle fuerza a las relaciones comerciales. Pero este simple gesto no garantizará una relación activa entre la Argentina y China en términos económicos porque hubo varios factores exógenos que se sumaron en las últimas semanas y que interferirán negativamente en las relaciones bilaterales.
Hace dos semanas, cuando el coronavirus de China aun no se había diseminado por Europa ni por América latina, se empezó a gestar un principio de acuerdo del Gobierno con las autoridades del régimen en Buenos Aires. Según pudo saber Infobae, ese acuerdo contemplaba una millonaria inversión a largo plazo de la administración de Xi Jinping de unos 27.000 millones de dólares para desarrollar en varios años a lo largo del país en unas 200 granjas de producción porcina y exportar esa carne a China.
En el borrador del memorándum de entendimiento entre China y Argentina por ese acuerdo porcino, al que accedió este medio, se pudo visualizar que a raíz de la “peste Porcina Africana” que afecta a la producción mundial de cerdos en China se contempló una inversión de unos 200.000 dólares iniciales en granjas de la Argentina para exportar carne procina a China. El 60% de la producción de cerdos de la Argentina se concentra en la “zona núcleo” de producción de granos del país ubicada en Buenos Aires, Santa Fe y el centro de Córdoba.

La idea era extender ese acuerdo en todo el país ya que Argentina es uno de los principales proveedores de carne aviar (52.046 toneladas anuales) y carne bovina (199.563 toneladas) a China. Y en abril de 2019, Argentina logró el acceso al mercado chino para su carne porcina que ahora se buscaba potenciar para lograr una exportación estimada en USD 100 millones con un margen de utilidad del 30% y una generación de unos 120.000 puestos de trabajos directos (producción primaria porcina, industria frigorífica y comercialización).
La idea original de este acuerdo era lograr una producción alternativa y segura de aprovisionamiento para China en un plazo relativamente rápido de 2 a 3 años y con potencial de grandes volúmenes. Este proyecto fue discutido por la Cancillería con la Asociación China para el Desarrollo Industrial que concentra a las 10 empresas chinas productores de cerdos pero los efectos del coronavirus y su imacto en la economía china pusieron bajo un paréntesis todo este acuerdo.
“La caída del 1,5% del PBI de China sumada a los temores de introducir carne de otros mercados y agravar la situación sanitaria del coronavirus juegan en contra de la Argentina en estos momentos”, admitió ante Infobae un destacado funcionario del Gobierno que formó parte de estas negociaciones con Beijing.
El experto en estudios de China contemporánea Gustavo Girado evaluó ayer que el impacto económico del coronavirus en los sectores productivos tradicionales de América latina dependerá de cuánto tiempo más se extienda la enfermedad.
Entre otros efectos de la pandemia china en la Argentina se le podría sumar una baja en el flujo de turismo chino en los cruceros que van a la Antártida y pasan por Tierra del Fuego. La Asociación Internacional de Operadores de Turismo Antártico (IAATO según su sigla en inglés), dio a conocer hace unos años las cifras del turismo de cruceros durante la temporada 2013-2014 donde mostraba un importante salto en el número de visitantes chinos a la región. Así, la cantidad total de visitantes que viajaron a la Antártida con las empresa miembros de IAATO, fue de 37.405 chinos, un 9% más que en la temporada precedente. El año pasado esa cifra creció a los 45.000 aunque ahora se vería frenada por los efectos del coronavirus.
“El impacto del coronavirus de China para la Argentina no se puede medir y podría paralizar la comercialización con nuestro país”, reveló a Infobae el hasta diciembre pasado embajador argentino en Beijing, Diego Guelar. Por lo pronto, ya hubo una caida de 1,5 puntos del PBI de China por los efectos del coronavirus.
Sin embargo, más allá de estos efectos no deseados para las inversiones chinas en la Argentina por el efecto coronavirus, hay un decisión concreta del Gobierno de no avanzar por ahora en las llamadas “inversiones de ruido” de China en el país para no generar rispideces con Estados Unidos en medio de las negociaciones con el FMI y los bonistas privados por la deuda argentina.

“Es momento de evitar herir susceptibilidades con Estados Unidos para mantener un apoyo seguro de Donald Trump en la negociación de la deuda”, admitió ayer un funcionario de la Casa Rosada.
En la práctica, evitar las “inversiones de ruido” de China en la Argentina implicaría dejar congeladas por ahora los proyectos en dos rubros concretos: los avances de un acuerdo para la construcción de una central nuclear con tecnología completamente china y el desarrollo de la tecnología en comunicación 5G bajo los parámetros de la gigante china Huawei.
El acuerdo de la central nuclear de China en la localidad bonaerense de Lima resulta altamente preocupante para Estados Unidos y Europa ya que se trata de una central con tecnología exclusivamente china y sin parámetros conocidos para la comunidad internacional. Cristina Kirchner avanzó con este acuerdo al final de su mandato para recibir una inversión de Xi Jinping de unos USD 9.000 millones y Mauricio Macri modificó parte de ese acuerdo pero nunca logró avanzar con el proyecto por falta de fondos. El reto será ahora saber si Alberrto Fernández quiere desarrollar este acuerdo. Por el momento, no hará nada al respecto y sólo se enfocará en otros proyectos de inversión energética de China en la Argentina.
Por lo pronto, el secretario de Energía Sergio Lanziani dialogó con el embajador Kreckler sobre el desarrollo de inversiones energéticas de China en la explotación de los hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta y en la continuidad de las obras para las represas de Santa Cruz con capital de Beijing.
“Vaca Muerta no da la posibilidad de diversificar nuestra matriz energética, porque no sólo nos va a permitir aumentar nuestras exportaciones de hidrocarburos, sino que va a incrementar nuestra capacidad de generación eléctrica y ampliar el uso del gas licuado" explicó Lanziani luego de su reunión con Kreckler donde habló de inversiones china en gasoductos, represas y energía no convencional. Pero no se habló nada de un proyecto para el desarrollo de la central nuclear con tecnología china.
Tampoco se mencionó por ahora la idea de desplegar una inversión de Huawei en el 5G de la Argentina. “Este es un tema sensible para Estados Unidos que el Gobierno no tocará ahora con China”, dijo sin vueltas un funcionario de la Cancillería en línea con las directivas que enarboló el Presidente desde la Casa Rosada.
Para algunos diplomáticos que conocen el espíritu chino de expansión mundial creen que establecer una relación con China sin la proyección del 5G o la central nuclear será “una verdadera ofensa” para Beijing. Quizás el Gobierno ponga en la balanza mantener a Estados Unidos de su lado en este momento crucial de las negociaciones con el FMI para mirar más adelante las “inversiones de ruido” con China. En tal caso se trata de una jugada de alto equilibrio diplomático o de riesgo económico para el beneficio de la Argentina. Al igual que los efectos impensados que hoy tiene la pandemia del coronavirus, la jugada política del Gobierno asume un horizonte impreciso en su vínculo con China.
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