Alberto Fernández y Manuel Macron, durante su encuentro en París
Alberto Fernández y Manuel Macron, durante su encuentro en París

(Enviado especial a París). Alberto Fernández asume el poder que tienen los Estados Unidos en América Latina, pero ya decidió que no habrá plegamiento diplomático con la Casa Blanca. Entiende que Mauricio Macri se alineó con Donald Trump sin condicionamientos y que, en definitiva, esa decisión geopolítica colocó al país cerca del default, lejos de Europa y dependiendo de decisiones económicas y financieras que no se tomaban en la Casa Rosada.

El Presidente cavilaba esta perspectiva de la ubicación de la Argentina en el mundo cuando se encontró con Macron en el Palacio Elíseo. Alberto Fernández cargaba un prejuicio con el presidente de Francia -pensaba que sólo era una construcción de marketing político de la derecha europea- y hoy se rindió en el brindis oficial frente a su anfitrión, su gabinete y decenas de argentinos que viven en París y son reconocidos en todo este país.

“Yo leía los medios, los cables internacionales, y pensaba que Macron respondía a una ideología, a un modelo: me equivoqué. Los dos pensamos igual”, sostuvo el jefe de Estado antes de levantar su copa.

No sólo hay empatía personal entre los dos presidentes, sino también una mirada sobre la política, el poder y la situación en el sistema internacional. Alberto Fernández y Macron coinciden en lo peligroso del zigzag permanente de Trump, en las oportunidades de liderazgo que concede a Francia y la Argentina el Brexit, y en la posibilidad de hacer negocios que permitan un crecimiento constante a los dos estados.

“La Argentina puede ser la puerta de entrada de Francia en la región”, sostuvo el Presidente durante la declaración conjunta. Y reiteró la misma idea durante su larga conversación con Macron, que pretende liderar Europa apalancado en socios que sean importantes afuera del Viejo Continente.

El cálculo geopolítico de Macron es fácil de explicar: no soporta a Jair Bolsonaro, está molesto con Trump por su posición sobre el Acuerdo de Cambio Climático de París, y buscaba un aliado estratégico en América Latina. El presidente de Francia está formado en los mejores institutos de Francia, y como todo miembro de esa élite, sabe de memoria la vida y obra, apogeo y caída de Napoleón Bonaparte.

En este contexto, para calibrar la lectura política de su interlocutor, no fue casualidad que Macron le pidiera a Alberto Fernández una explicación acerca de los conflictos sociales en Chile, Perú y Colombia, y la ausencia de un efecto dominó que haya arrastrado a la democracia argentina. “Nosotros estamos sólidos. El voto es obligatorio en nuestro país. Cuando triunfé, votó el 80 por ciento y yo obtuve el 50 por ciento. Esto da estabilidad”, argumentó el Presidente.

Menú del almuerzo organizado por Emmanuel Macron para agasajar a Alberto Fernández y su comitiva
Menú del almuerzo organizado por Emmanuel Macron para agasajar a Alberto Fernández y su comitiva

Una estrategia de poder mundial, en pleno siglo XXI, implica tener aliados en todas las regiones. Y esas alianzas se construyen con confianza, proyectos comunes y negocios bilaterales que incluyan tecnología y valor agregado a los commodities. La Argentina y Francia, en tándem, cumplen con estos requisitos para actuar en su escenario y tener respaldo recíproco.

“Argentina puede ser una potencia de equilibrio regional”, aseguró Macron. Una definición que remite a Heny Kissinger y su visión del Balance de Poder, y a la posibilidad de recortar la influencia de Brasil en América latina y su correlato en los organismos multilaterales. El presidente de Francia tiene atragantado que Bolsonaro y Trump, los dos en minué, repudiaron el Acuerdo de Cambio Climático que es una muestra acabada del soft power del Palacio Eliseo.

En 2020, la influencia del Estado poderoso no se da únicamente contando la cantidad de soldados o el crecimiento del PBI, sino también en la agenda que se propone en los organismos multilaterales -OEA, ONU, UE, OCDE, OMC, FMI- y la participación de mediaciones diplomáticas que esos foros de poder no pueden resolver con sus burocracias y sus libros de estilo en 6 idiomas diferentes.

Alberto Fernández y Macron hablaron de Venezuela y Bolivia. Y aquí se mantuvieron las coincidencias: el presidente francés comparte que el bloqueo económico y financiero propugnado por Trump convierte a Nicolás Maduro en un héroe populista, y que la designación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela es una jugada diplomática rocambolesca que no conduce a nada.

El presidente argentino y su colega francés acordaron avalar al Grupo de Respaldo, que es un foro ad hoc que intenta diseñar una hoja de ruta para salir de la crisis de Venezuela. A esa entente se sumaría la Argentina -dejando inerte al Grupo Lima-, y la intención es avanzar en un proceso de resolución de la crisis institucional antes de que concluya 2020.

Francisco y Ángela Merkel coinciden con esta perspectiva diplomática y al otro de la trinchera se encuentra Trump, que supera su juicio político y usará la situación venezolana para potenciar su influencia en el voto latino. Esta táctica electoral exaspera a Macron y a Alberto Fernández, pero saben que es muy poco lo que se puede hacer cuando el presidente norteamericano está en campaña electoral.

Macron enfatizó durante el almuerzo -Carpaccio de champignones y foie gras, arroz con almendras, vieiras a la Saint Jacques y postre helado de chocolate- que el respaldo a la propuesta argentina ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) no es una cortesía diplomática a un país emergente. Aseguró que es una mirada sobre los organismos multilaterales y los países endeudados, y que va a colaborar como sea posible para que la Argentina concluya un acuerdo sin ajuste con el FMI.

“Francia está interesada especialmente en que a la Argentina le vaya bien”, sostuvo Macron en un momento de la charla distendida entre ambos mandatarios.

Alberto Fernández y Emmanuel Macron, durante su encuentro en París
Alberto Fernández y Emmanuel Macron, durante su encuentro en París

El fuerte gesto diplomático de Macron con Argentina llevó a que Alberto Fernández reiterara su predisposición institucional en ayudar a las compañías francesas. Y continuación invitó formalmente a Macron para una visita de Estado. “Oui!”, soltó Macron sin dudar.

Tras cuatro horas de visita distendida y con coincidencias geopolíticas en asuntos claves de la agencia global -deuda externa, cambio climático, estabilidad regional, crecimiento económico, el rol de la mujer y la relación comercial mutua-, Macron acompañó al jefe de Estado hasta su auto oficial.

“Siento que te conozco desde hace muchos años”, reconoció el presidente francés.

-Y yo también, contestó Alberto Fernández con una sonrisa plena.

Después se subió al auto y partió rumbo a la universidad de Sciences Po.

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