
El 10 de diciembre por la mañana la Casa Rosada estaba convulsionada. Había carpas en la gran vía de ingreso de Balcarce 50 como apoyo del recital que se desarrollaría a la tarde y gran cantidad de personas ajenas a la administración deambulaban por la Planta Baja, escudriñando el lugar. Para llegar a la Sala de Periodistas había que pasar por gran cantidad de livings donde horas después se serviría un lunch. Subiendo la escalera, justamente llamada “de los periodistas”, se constataba que dos sillones colocados al ingreso de esa Sala habían desaparecido.
Alberto Fernández no había jurado como Presidente y los viejos habitantes de la Casa Rosada presagiaban el regreso de tiempos difíciles, con “patios militantes" que impedían trabajar, en medio de escenas poco agradables en materia de limpieza e higiene, que provocaban escozor en los pocos visitantes extranjeros que ingresaban a Gobierno.
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Durante la jura presidencial, otro episodio inquietó a los periodistas acreditados. Durante el discurso del Presidente, cada vez que terminaba una oración en forma enfática o altisonante, un grupo de militantes se acercaba a la puerta de la Sala de Periodistas para cantar la marcha peronista, pero no con la alegría por haber regresado al poder, sino con un tono entre agresivo y hasta violento.
Pero las cosas cambiaron con la llegada de Fernández a la Rosada. A los pocos minutos, el clima se fue aflojando, el equipo de prensa del Presidente se acercó a la prensa, se facilitó la tarea periodística y el futuro Secretario de Comunicación y Prensa ingresó a la Sala de Periodistas para hablar normalmente con sus colegas, distendiendo el vínculo. Creer o reventar, al otro día, los dos sillones que habían desaparecido, volvieron a su lugar.
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Día a día, la Casa Rosada va tomando el perfil de los que nuevos habitantes. “En los 90 se llenó de riojanos, después de santacruceños, ahora la tomamos los porteños”, se ufanaba ante Infobae un dirigente peronista que no recordaba la última vez que había ingresado. Es que no solo Fernández viene de la Ciudad, sino el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello, la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra, y el jefe de asesores presidenciales, Juan Manuel Olmos, entre los más destacados.
La presencia de la Capital Federal es tan destacada en la administración nacional que hasta parte del equipo de comunicación que trabajó para la campaña de Alberto se hará cargo de igual responsabilidad en la Legislatura, manejando la prensa del legislador Claudio Ferreño, muy cercano al Presidente y nuevo titular del bloque del Frente de Todos, de quien se espera que levante el perfil para marcarle la cancha a Horacio Rodríguez Larreta.
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Mientras tanto, cargando libros y elementos de escritorio, el nuevo equipo va aterrizando en los nuevos despachos. En lo que antes eran las oficinas de Hernán Iglesias Illa, por ejemplo, ahora se encuentran Ricardo Forster y Alejandro Grimson, más el grupo de jóvenes académicos que buscan darle una nueva impronta al relato gubernamental.
Lo que se percibe a simple vista son más visitantes. En los tiempos de Mauricio Macri la Casa Rosada estaba despojada de todo, incluso de gente. Pero cuando el peronismo llega al poder, su gente quiere entrar, ser parte, estar ahí, evitar cualquier sentimiento de ajenidad. Fernández recibe a gran cantidad de personas que ingresan por “explanada” (el ingreso presidencial) pero cada uno de los funcionarios recibe notable cantidad de visitas durante el día.
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Eso sí, ya no entran por Balcarce 50, sino por 24, un ingreso que la administración anterior había dejado en forma exclusiva para los empleados, que debían poner su huella. Desde el mismo 10 de diciembre hay una mesita que facilita el ingreso manual de los visitantes y de los nuevos funcionarios, que obviamente no tienen huella y así seguirán hasta que no sean nombrados (lo que no se sabe cuándo será, porque no fue publicada la nómina de ningún ministerio todavía).

En el restaurante de empleados no se nombró ni se nombrará un reemplazante de Dante Liporace, el chef que transformó la cocina la Casa Rosada no solo en la calidad de las comidas sino en el sistema de compras y administración de víveres. Sin embargo, una vez superada la crisis de la transición, los empleados volvieron a brindar el mismo servicio que aprendieron.
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Una diferencia crucial entre la gestión anterior y la actual es que el Presidente no hace pública su agenda. Cerca de él aseguran que le gusta sorprender y que también puede cambiar de opinión en cualquier momento sin avisar, y por eso prefiere no exponer sus compromisos por anticipado.
Como Macri, difícilmente Fernández llegue antes de las 9 a su despacho. Más bien suele llegar entre 9.30 y 9.45, o aún más tarde, pasadas las 10. Aunque suele quedarse hasta bien tarde, normalmente hasta pasadas las 22, inmerso en una vorágine de reuniones, decisiones y movimientos que hace difícil seguirlo para cualquiera, aún para sus más allegados.
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Una vez adentro de Casa Rosada, también es habitual que se traslade de su despacho a otras oficinas del área presidencial, o que recorra otras zonas, incluso de la Planta Baja. Hace algunos días, por ejemplo, se lo vio revisando las obras de restauración, cuyo Master Plan está en plena evaluación para analizar cómo seguir, si están las autorizaciones necesarias (existe una gran duda sobre una escalera que es patrimonio histórico que fue modificada para instalar un ascensor) y si el presupuesto está ajustado a los gastos.

Otro asunto que está en análisis tiene que ver con la flota aérea presidencial y la licitación de aviones que utilizaban los principales funcionarios, para determinar si conviene seguir con ese sistema o evaluar la refacción o compra para los traslados del Presidente.
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Ya fue confirmado que en el Museo de la Casa Rosada asumirá Andrea Rabolini, hermana de Karina, que volverá al puesto que ya ocupó como directora de Programas Culturales dentro de la Secretaría General de la Presidencia, un cargo que en la administración anterior fue fusionado con la dirección del museo, ubicado en la antigua Aduana Taylor.
Finalmente, trascendió que el Presidente le pidió al Secretario General que tome medidas de austeridad en la Casa Rosada. “Vamos a hacer una comunicación pidiéndole a los funcionarios que cuando se vayan de sus despachos apaguen las luces y los aires acondiciones”, aseguró a Infobae un miembro del nuevo equipo. Y agregó: “Queremos dar un mensaje que interprete el momento que está viviendo la Argentina y evitar cualquier tipo de derroches".
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