
Operadores políticos con largo kilometraje destacan que las relaciones entre Roberto Lavagna y el kirchnerismo siempre fueron complicadas, por razones de concepción y también de personalidad. Integrantes del círculo más cercano a Néstor Kirchner siguieron mencionándolo ácidamente como “El pálido”. Y hay quienes apuntan, en otras veredas, viejos malestares de Lavagna con Alberto Fernández, que lo anotaban como “un Rasputín” del inicial poder K. Pero no son los recuerdos enojosos –de todos modos, nunca ausentes- sino el actual juego electoral el que disparó una frase del ex jefe de Economía con destino de título: “En lo personal, seré presidente o nada”.
Lavagna buscó descalificar así las versiones sobre gestos y hasta tratativas de Alberto Fernández para sumarlo como ministro de Economía –no de Hacienda- si liquida la carrera electoral dentro de apenas once días. Las versiones dan cuenta del deseo del candidato del Frente de Todos: no son pura especulación. Dicen fuentes de primer nivel que mantiene la confianza plena en integrantes de su equipo económico, empezando por Matías Kulfas, pero considera que Lavagna representaría un enorme golpe de solvencia y de confianza más que necesario frente a la profundidad de la crisis.
El tema volvió crecer casi en simultáneo con la primera entrega del debate de los candidatos a presidente, el domingo. Un par de gestos en público de Alberto Fernández hacia el ex ministro y competidor le dieron mayor volumen a las versiones o al menos las “subieron a la superficie” –según la descripción de un lavagnista-, con el consiguiente costo potencial antes que beneficio para las chances de la fórmula que integra con Juan Manuel Urtrubey. “Esto nos baja el precio para la carrera presidencial. Y confunde al electorado. No queremos aparecer como una colectora de Alberto y Cristina Kirchner”, resume con fastidio un allegado a Lavagna.

Cerca del ex ministro, observan con evidentes reparos la especie según la cual Lavagna sería vital, una pieza clave en el tablero que imagina Alberto Fernández. Pero aún en la hipótesis de un lugar excepcional en un eventual gabinete, asomarían otras cuestiones. “¿Alguien lo puede imaginar bajando de su lugar a ministro? Eso no cierra para su ego”, dice un ex legislador que lo conoce de otras épocas. Y un integrante de su actual equipo, más finamente, lo ve inviable por razones políticas y de “personalidad”. Por supuesto, no hay negativa a conversar “consensos” con otras fuerzas, empezando por la que resulte ganadora. Eso lo ha expuesto públicamente el propio Lavagna.
Pero además, aún considerando los gestos de Alberto Fernández como un reconocimiento del prestigio del ex jefe de Economía, las sospechas se extienden en espejo con declaraciones de Sergio Massa, hechas a fines del mes pasado y muy presentes entre algunos de sus ex compañeros de bloque. En declaraciones a un diario marplatense, Massa buscó restarle sentido al respaldo electoral a Lavagna: dijo que sería un “voto perdido”.
En ese momento, la respuesta, áspera, estuvo a cargo de Graciela Camaño, principal referente legislativo y armadora política destacada del espacio de la tercera vía, compartido hasta poco antes. La despedida había comenzado en junio, pero aquella frase generó mucho malestar. Algunos la definieron como agraviante y hasta le soltaron a Massa una descalificación con carga de veneno doble por el origen macrista.

En síntesis, las versiones sobre tratativas y señales del kirchnerismo generan cerca del ex ministro recelos porque entienden que la jugada también estaría destinada a licuar su voto y atraer a la franja más peronista de Consenso Federal. Pero como nada es lineal, también surge la especulación sobre el aprovechamiento por parte del Gobierno para colocarlo en la misma vereda que el Frente de Todos, y atraer al votante más antikirchnerista.
Lavagna siente lo que expone su propia publicidad de campaña, destacando su papel en la salida de la crisis que había estallado en 2001. Por supuesto, no quiere que le “bajen el precio” en política y lo limiten a la condición técnica. Son especialmente sugestivas las versiones, también de buenas fuentes, según las cuales la jugada de Alberto Fernández para sumarlo al equipo cuenta con el aval de CFK. Difícil imaginar una recepción como ministro salvador y con vuelo propio.
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