
La Casa Blanca monitorea el proceso electoral de la Argentina y ya inició un acercamiento profundo y silencioso con Alberto Fernández que derrotó por 16 puntos de diferencia a Mauricio Macri en las PASO. Fernández entiende el juego diplomático y replicó los gestos americanos con declaraciones tanto públicas como reservadas que distendieron los prejuicios que en Washington aún existen respecto al candidato presidencial del Frente de Todos.
Fernández y sus consejeros políticos asumen que la crisis económica empieza a resolverse en el Salón Oval y para que eso suceda es necesario un encuentro a solas entre Donald Trump y el candidato peronista, si finalmente triunfa en los comicios del 27 de octubre.
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En las oficinas de la calle México, adonde Fernández ajusta su agenda de campaña y diseña su eventual gobierno, ya se tiene perfilada una hoja de ruta sobre la deuda externa y la crisis económica: para llegar con capacidad negociadora al Fondo Monetario Internacional (FMI) será necesario una relación fluida y equidistante con Trump, y ese objetivo sólo se logra si Fernández es recibido por el Presidente de los Estados Unidos.
Puede ocurrir que Trump no tenga intenciones de coronar ese importante gesto político, pero sin aval de la Casa Blanca -explican en las cercanías de Fernández- no hay chance de avanzar con el FMI para después abrir una negociación con los inversores y banqueros de Wall Street que tienen bonos de la deuda nacional bajo legislación extranjera.
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El aval de los Estados Unidos a un probable gobierno peronista dependerá en dos definiciones clave: la posición sobre Nicolás Maduro y su régimen populista y el peso específico que tendrá Cristina Fernández de Kirchner en la eventual administración de Alberto Fernández.
Respecto a la situación de Venezuela, el candidato peronista encendió alarmas en la diplomacia americana cuando intentó hacer una diferencia dialéctica entre dictaduras y regímenes autoritarios. Pero a continuación, en declaraciones públicas, Fernández respaldo el informe Bachelet sobre los asesinatos sistemáticos ejecutados por el régimen populista de Maduro. Aunque el tono de la declaración no haya dejado totalmente satisfecho al Departamento de Estado.
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Hasta hace cinco meses, la posición de Fernández era una incognita que empieza a resolverse desde la perspectiva del Departamento de Estado. En esta línea, Sergio Massa cerró aún mas el círculo durante su último viaje de cuarenta y ocho horas a DC. El futuro diputado nacional y aliado clave de Fernandez en el Frente de Todos expuso en dos think tank de Washington y arrancó sonrisas diplomáticas cuando aclaró la mirada del candidato presidencial peronista.
“Tiene que quedar en claro que nuestra posición es muy clara. Negar lo que pasa en Venezuela es ser cómplice. De hecho, a mí me han escuchado más de 100 veces hablar de este tema. Cuando Alberto Fernández remite al informe de Bachelet, que habla de violaciones sistemáticas de los derechos humanos, está describiendo una dictadura y ese es nuestro pensamiento”, dijo Massa en el Woodrow Wilson Center.
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Una vez despejada la posición que exhibiría Fernandez en un eventual mandato presidencial, la diplomacia americana puso foco respecto al peso específico que asumirá Cristina Fernández de Kirchner en la probable administración peronista.
El poder real de Washington -republicano y demócrata- recuerda las agresiones del kirchnerismo a George Bush y Barack Obama, la violación de seguridad americana cuando Héctor Timerman usó su alicate en una valija diplomática, el Memorándum con Irán y la ofensiva de Cristina y sus funcionarios sobre la denuncia sobre presunto encubrimiento de los terroristas que volaron la AMIA.
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En este contexto, la pregunta recurrente en la administración Trump es si Fernández será presidente y CFK vice, o al revés. Massa, los asesores económicos Matías Kulfas y Guillermo Nielsen, los expertos diplomáticos Jorge Taiana y Jorge Arguello, y el posible canciller Felipe Solá no se cansan de repetir a sus contactos en la Casa Blanca, el Departamento de Estado, los inversores de Wall Street y los académicos de las universidades de la Ivy League que Cristina “está en un segundo plano” y que todo “el poder se concentrará en Alberto”.
Edward Prado, un prestigioso juez texano, fue elegido por Trump como embajador de los Estados Unidos en la Argentina. Prado aprendió rápido los códigos y la lógica de la política doméstica y recibe en la Embajada a los principales protagonistas del establishment nacional. El exmagistrado devenido en representante cautiva con su sonrisa y obtiene información clave que remite sin prisa ni pausa al Departamento de Estado.
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En Washington quieren contestar la pregunta clave -¿CFK ya es una leona herbívora o no? y Prado hace semanas que trabaja para resolver ese intríngulis de la realpolitik americana. El embajador releyó las páginas de Sinceramente, el best seller político de Cristina y de la última década, pero no le alcanza para su misión diplomática. Y avanzó un paso más para cumplir con su cometido.
Durante un cóctel que se sirvió en el Palacio Bosch -sede de la representación americana-, Prado solicitó a Arguello que organizará un encuentro informal con Cristina Fernández de Kirchner. El exembajador en Naciones Unidas y Estados Unidos, y además asesor importantísimo de Fernández en política exterior, se sorprendió con la inquietud del anfitrión republicano.
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Arguello sabe de los temores e inquietudes de Washington respecto a CFK, y no dudó en contestar que si al pedido de Prado. El exembajador ante Estados Unidos considera clave la relación fluida de Fernandez con Trump -si gana los comicios- y asume que esa relación bilateral se iniciará cuando el presidente americano y su staff del Departamento de Estado entiendan, acepten y validen el rol que supuestamente tendrá Cristina en la toma de decisiones de Fernández.
Durante su contacto informal con Arguello, el embajador americano preguntó acerca de Cristina y su influencia en la eventual toma de decisiones de Fernández. Arguello conoce al candidato peronista desde el siglo XX y no dudó en contestar que la Presidencia será ejercida por Fernández y que CFK cumplirá su función institucional en la Cámara de Senadores.
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Prado escuchó con atención las explicaciones de Arguello y luego se movió a otro grupo de invitados que ocupaban el primer piso del Palacio Bosh. Afuera caía la tarde mientras se conocía que Cristina regresaba a Cuba para visitar a su hija Florencia. Si CFK acepta la invitación informal, Prado servirá el té y los scones antes de los comicios del 27 de octubre.
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