(Nicolás Stulberg)
(Nicolás Stulberg)

Por Julián Reingold

En el país de la inmediatez, la cuestión ambiental y climática han sido históricamente relegadas a un segundo plano, hasta ahora: en el último año el Superior Tribunal de Entre Ríos confirmó el fallo que prohibió las fumigaciones a menos de mil metros de las escuelas rurales, la Corte Suprema avaló por unanimidad la ley que protege a los glaciares y se logró la media sanción por parte del Senado a un proyecto de ley que busca luchar contra el cambio climático. Sin embargo, en su reciente informe titulado "El sacrificio de los bosques del Gran Chaco", Greenpeace denuncia la deforestación una de las regiones boscosas más deforestadas en los últimas tres décadas debido al avance de la frontera agropecuaria (ganadería intensiva y soja transgénica).

Mariana Rufino, profesora de sistemas de agricultura en la Universidad de Lancaster, sostiene que hasta ahora ha sido muy difícil debatir agricultura y cambio climático, ya que la primera contribuye a un 7% del PBI y a un 7% de la fuerza laboral, y a un 54% de las exportaciones argentinas. En relación a las Contribuciones Nacionales Determinadas de Carbono (NDC), Argentina se ha propuesto la ambiciosa intención de reducir de 570 Mt a 483 Mt (millones de toneladas) para 2030. Un 47% de las emisiones de gases de carbono (GHG) a nivel nacional provienen de la energía, pero el segundo segmento representando un 46% proviene de cambios en el uso del suelo y deforestación (21%) y agricultura (25%), respectivamente. La reciente filtración de lo que será el próximo informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) sobre los usos del suelo señala que para alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para no superar el incremento de 1.5°C por sobre niveles preindustriales, debemos cambiar no solo la matriz energética hacia renovables, sino también reducir el consumo de carne para recortar la producción de gas metano.

Bruno Rodríguez y Eyal Weintraub tienen 18 y 19 años, respectivamente. Apenas egresados del colegio secundario, co-fundaron Jóvenes por el Clima Argentina (JOCA), una agrupación que en marzo de este año saltó a la fama con la organización en Buenos Aires de la Marcha Mundial por el Clima. A pocos días de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), explican en la siguiente entrevista la mirada de una juventud que vuelve a cobrar importancia ante unos comicios donde pareciera que la Argentina se juega su futuro, incluyendo al medio ambiente.

JR: Alexandria Ocasio-Cortez dice que la esperanza no es algo que se tenga, sino algo que se construye con las acciones de uno, y al manifestarse en el mundo se vuelve contagiosa. ¿Cómo fue el pasaje desde la conformación de Jóvenes por el Clima, el premio de Embajadores de Consciencia otorgado por Amnistía Internacional hasta la Declaración de Emergencia Climática en el Senado de la Nación?

JOCA: Todo surge como un delirio, digamos, uno a veces tiene destellos y de repente, a finales de febrero empieza a circular por las redes sociales un mensaje: un pedido donde se va a estar haciendo la movilización internacional el 15 de marzo, y en el momento aparece Greta Thurnberg. Yo en ese entonces no sabía quién era ni estaba enterado de todas las movilizaciones que estaban sucediendo en Europa por las crisis climáticas, aunque sí del debate en torno al calentamiento global. Y vemos ese video con Bruno y un par de compañeros y compañeras y decimos: "Argentina tiene que estar y participar, porque es un tema del que esencialmente depende nuestro futuro". En la interseccionalidad de las luchas por los derechos sociales, debemos también traer al frente los derechos ambientales.

Creemos firmemente en la necesidad de construir un nuevo sentido común cuando nos referimos a la militancia ambiental, fugar del individualismo que azota nuestro potencial y empezar a promover un ambientalismo popular, latinoamericanista y combativo. Greta Thunberg ya lo dijo, hay que dar vuelta todo.

(Colin Boyle)
(Colin Boyle)

Entonces decidimos hacer lo que podíamos, inspirados por la campaña que se hizo por un Estado Laico, que se volvió viral en muy pocos días. Basándonos en esa idea de generar contenido que pueda ser difundido, apostamos a ver qué pasaría, y si llegábamos a ser 500 personas lo festejábamos. Y se fue acercando el día y por el privilegio de ser gente de clase media, que nunca fue excluida -como es el caso de los pueblos originarios que vienen haciendo reclamos hace muchísimo tiempo pero no les dan tal vez la difusión que nos dieron a nosotros- llegó el 15 de marzo y nos encontramos con que éramos 5000 personas y dijimos: "Che, esto pasó de ser un delirio de pocas personas a un proyecto colectivo con futuro fundamentado y ya tenemos casi una responsabilidad moral de seguir con esto que arrancamos para que siga creciendo".

A partir de eso, decidimos que tenemos que dedicarnos de lleno a esto. Se convirtió en una bola de nieve gigantesca: lo que para la primera manifestación había sido un desafío en términos de logística de escenario y equipos de sonido, ya estábamos más consolidados y logramos presentar un proyecto de ley en uno de los salones del Congreso. Dos meses después logramos la declaración de emergencia climática y ambiental, y eso también fue otro destello, porque generó mucho ruido en las redes sociales, y más gente se acercó a ver de qué se trata el movimiento. Nosotros por momentos, no terminamos de caer.

Todo esto se pudo materializar debido a un profundo trabajo de base que impulsamos desde nuestros métodos clásicos de organización juvenil, decidimos derribar las puertas de los despachos de nuestros servidores públicos postrados en las bancas de ambas cámaras parlamentarias, planteamos nuestras reivindicaciones y exigimos compromiso. Tuvimos reuniones con sectores productivos y con equipos técnicos de la Secretaría de Ambiente mediadas por las autoridades argentinas del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Si hablás con distintas personas en diferentes movimientos sociales, vas a escuchar mucho de gestación de mareas -siendo hasta ahora la más importante la del feminismo- y nosotros pensamos que esta marea ecologista y ambientalista va a acompañar a las otras preexistentes, pero no desde una perspectiva light e individualista, sino más colectiva y solidaria, es decir, más popular.

Ofelia Fernández (Martín Rosenzveig)
Ofelia Fernández (Martín Rosenzveig)

JR: Ofelia Fernández tiene 19 años, es precandidata a legisladora porteña por el Frente de Todos y sostiene que "Ahora nosotres tomamos el control": nos decidimos a dar la pelea y queremos acceder a espacios de representación y de gestión, y eso es hacer realidad eso de que los jóvenes somos el futuro. ¿Qué le dirían al resto de les jóvenes que todavía no se sumaron al activismo político y ambiental?

JOCA: Primero les diría que es esencial que nos involucremos todes en absolutamente todas las instancias que podamos, porque es muy difícil ese discurso que a veces nos quieren vender que somos una generación muy individualista que está muy metida en sus celulares sin mirar alrededor, y a mí me parece que eso es mentira, porque veo a mis compañeros y compañeras que les molesta el dolor ajeno, pero no saben por dónde arrancar, ya que muchos ven con distancia el término "militancia", cargado con un tinte negativo, pero eso es algo que está en declive. Está volviendo una mirada sobre la militancia como la única herramienta que tenemos para la participación política, porque la política, como bien dice Ofelia muchas veces, no se limita solo a la "alta política" sino también a lo que hacemos cada uno en el día a día.

La juventud es calificada como una identidad política cuya responsabilidad se posterga hacia un llamado "futuro" para cuando seamos quienes ocupen puestos decisores, pero me parece algo inaceptable que nos adjudiquen el deber de hacernos cargo de un futuro construido en base a acciones ajenas a nuestra generación, somos el futuro si tenemos un lugar de influencia directa en el presente, somos guardianes del presente para que exista un porvenir posible.

Segundo, les diría que se involucren por una razón muy simple: porque nunca van a encontrar tanta gente, ni se van a sentir tan acompañados, como participando de un proyecto colectivo, manteniendo su individualidad sin perderse en ese colectivo. Entonces, te diría que hay hasta una razón de interés personal en sumarse a la militancia, ya que es gratificante y se merece una oportunidad. También hay que tener presente que los próximos años de crisis climática vamos a tener que atravesarlos juntos, por lo que se convierte en algo necesario: más allá de los informes del IPCC, lo que haga la ONU dentro de los próximos 15 años. Pero se ve que es algo que va a empeorar y nuestro futuro depende de que nosotros activemos en este momento. Simplemente, les diría que lo intenten y vean qué onda, no está todo tan demonizado.

JR: Recientemente Greta Thurnberg publicó una foto donde vestía una remera con un mensaje "antifascista", que luego se vio obligada a borrar tras una catarata de críticas provenientes de distintos frentes, sobre todo de la ultraderecha europea. A eso se sumó una nota en el New York Times cuestionando sus capacidades para congeniar democracia con urgencia climática. ¿De qué manera creen que estos esfuerzos por deslegitimar al movimiento Fridays for Future pueden realmente afectar al reclamo que ustedes vienen llevando adelante?

JOCA: Históricamente, cualquier reclamo que disputa el poder establecido y está bien fundamentado, se ve atacado. Particularmente la causa por la crisis climática tiene validez y un acompañamiento científico que es muy difícil de negar: uno puede cuestionar lo que opina el 97% de los científicos del mundo, pero con muy poca legitimidad. Entonces no queda otra opción más que intentar sacarle legitimidad a aquellas personas que están al frente del reclamo, y de esa forma soslayar su validez ante la opinión pública. Siempre uno va a encontrar, sobre todo con figuras que casi empiezan a desbordar la realidad, como es el caso de Greta, con personas que se agarran de cualquier aspecto, por más chico o grande que sea, y lo trate de sobredimensionar, por más que se trate del uso de una camiseta.

Aparte, hay que entender que Greta tiene 16 años, y no por eso pretendo desvalorizarla, pero es una piba que este año decidió faltar el año entero a la escuela para dedicarse de lleno a su activismo priorizando lo que es su militancia, y que intenten correrla con eso, es porque se nota que están asustados. La mística alrededor de Greta la superó a ella misma, lo que ella representa de forma simbólica va más allá de su figura, y eso es lo que de verdad importa.

JR: Hubo dos protestas en La Rural en una misma semana: la intervención vegana en contra del consumo de carne y luego el despliegue de la pancarta de Greenpeace con la leyenda "Destruir Bosques es un Crimen", justo antes del discurso de cierre por parte del Presidente de la Nación. ¿Cómo creen que se puede congeniar el reclamo ambiental en un país que se debate entre "no volver al pasado" y aquellos que luchan por "volver a poder comer asado"?

JOCA: Hay una situación que es innegable, y es que uno no puede pedirle a alguien que está en la marginalidad o pasando hambre que no vuelva a comer carne, siempre hay que tener eso en cuenta al momento de promover acciones directas desde el veganismo. Me parecen reclamos nobles que deben ser militados, pero nosotros desde Jóvenes por el Clima no promovemos la erradicación de ningún consumo de carne porque no nos parece que sea una posibilidad en el contexto actual, de acá a quince años, porque vamos a tener que solucionar la crisis climática actual mientras la gente siga comiendo carne. Eventualmente, llegaremos a la conclusión de que comer carne está mal y será algo que podremos solucionar a través de la tecnología o cambios de hábito de consumo, pero tenemos que buscar que las dos cosas confluyan. Desde nuestra agrupación creemos que sí debería haber una regulación en la cantidad del consumo de carne, de ganadería más responsable, y el Estado también puede apoyar el reclamo desde una perspectiva de la salud pública.

Entonces, no vamos a promover que se elimine el asado de los domingos, sí vamos a tratar de convencer a aquellos que consumen muchísima carne, sobre todo porque la ganadería es uno de los principales contribuidores a la generación de gases de efecto invernadero. No tenemos una solución, pero creemos que debatiendo podemos encontrarla.

JR: Estas serán las primeras elecciones presidenciales en las cuales podrán votar. ¿Cómo ven el futuro de la Argentina para los próximos cuatro años?

JOCA: Nuestro en país en materia de políticas ambientales tiene que afrontar un proceso de resignificación muy importante, este gobierno adoptó una perspectiva de gestión que coloca a la cuestión ambiental como un asunto meramente cosmético, basado en la promoción de un enfoque liberal e individualista, ligando toda la responsabilidad de crear un ambiente sano a la ciudadanía y desligando al Estado de su presencia crucial en esta materia. El gobierno anterior calificaba a la industria de energías renovables como una moda y cedió territorios a mansalva para que se desarrollen emprendimientos contaminantes.

Gane quien gane, y nosotros siendo apartidarios, la cuestión ambiental va a seguir, y nuestra militancia debe continuar. Pase lo que pase, van a ser años dificilísimos, con una deuda gigante por pagar. No va a ser fácil, le toque a quien le toque, y ahí es donde vamos a tener que redoblar la apuesta no solo en la militancia climática, pero en la social también. Igual, luego de otros momentos de crisis como el del 2001, va a haber que salir sufriendo lo menos posible, y tratar de superar de una vez por todas el ciclo de crecimiento, regresión y crisis en que el país viene atrapado desde hace décadas. La única forma de salir es militando y entendiendo a la política como algo que tiene que formar parte de nuestra cotidianeidad.

La exigencia para las candidaturas que se disponen a brindar soluciones a esta coyuntura histórica es muy clara, deben plantear obligatoriamente un proyecto de país que vincule a la cuestión ambiental como un asunto de derechos humanos, justicia social y de soberanía de nuestros recursos. Hay que terminar con un neocolonialismo corporativo que viene a saquear nuestra patria grande en beneficio de sus ganancias millonarias.

Teniendo en cuenta lo que fue el último periodo, muchas veces es difícil de hablar de militancia cuando tenés problemas mucho más tangibles y urgentes, en el sentido de la inmediatez, como que haya gente que no tiene para comer. Entonces, la única forma de lograr que la militancia ambiental y la crisis climática siga siendo una de las prioridades, como debe ser, es haciendo que esta militancia sea un proyecto que acompañe también los otros movimientos y encontrar la forma de traer ese concepto abstracto, como es el calentamiento global y todo lo que va a pasar -inundaciones, sequías, falta de comida, etc.-, hacia lo inmediato y hacia lo urgente, volverlo tangible en nuestra realidad.

El autor es sociólogo (UBA) y estudiante de MSc en Ambiente y Desarrollo Sustentable (UCL).