Mohsen Rabbani, Ahmad Reza Ashgari, Mohsen Rezai, Alí Fallahijan y Ahmad Vahidi, los iraníes acusados de estar detrás de los atentados terroristas contra la embajada de Israel y la AMIA
Mohsen Rabbani, Ahmad Reza Ashgari, Mohsen Rezai, Alí Fallahijan y Ahmad Vahidi, los iraníes acusados de estar detrás de los atentados terroristas contra la embajada de Israel y la AMIA

En enero de este año la Revolución Islámica cumplió 40 años. Mucho cambió a partir de entonces no sólo en Irán, sino en el resto de Medio Oriente. También en el mundo. Es que la misión dada por el ayatolá Ruhollah Komeini fue clara: los tentáculos de la revolución debían expandirse a todo el mundo.

Sobre todo mostrarle a Occidente -el gran enemigo- que a partir de la irrupción del fanatismo islámico en el poder ya no estaría a salvo. Lo supieron los Estados Unidos quienes sufrieron en carne propia el secuestro de 66 diplomáticos y ciudadanos en su embajada en Teherán. Un cautiverio que se extendió por 444 días entre el 4 de noviembre de 1979 y el 20 de enero de 1981.

A partir de entonces, la influencia y la popularidad del régimen iraní en la región cobró un renovado estatus. Sobre todo entre aquellos chiítas que veían en el ayatolá a un líder espiritual, político y militar que podía sacarlos de la "opresión sunita". Así ocurrió en el Líbano.

A la luz de esa aura protectora -y financiera- nacieron varios grupos terroristas. El principal fue el que se hizo llamar Partido de Dios: Hezbollah, en árabe. Surgió en plena guerra entre Irán e Irak (1980-1988) luego de que una tropa iraní en el Líbano -donde permanecía para fortalecer la posición chiíta en la guerra civil- fuera repatriada para combatir contra Saddam Hussein.

Antes de partir, la Guardia Revolucionaria entrenó a la semilla que florecería al poco tiempo bajo el nombre de Hezbollah. Fue tal la influencia de Irán en su surgimiento que la bandera y el logo del grupo terrorista fueron diseñados por sus fuerzas.

Una vez consolidada la posición del Hezbollah en el Líbano, los intereses del grupo y de los iraníes se concentrarían en los ataques de los intereses occidentales en el extranjero. En 1985 la organización armada cometió al menos 24 ataques terroristas alrededor del mundo.

Enviaron células fundamentalistas a varios países. Entre esos puntos se encontraron objetivos muy lejos del mapa regional: América Latina. Durante los años 80 elementos libaneses ingresaron de la mano de las porosas fronteras latinoamericanas. Muchos de ellos se instalaron en México, Brasil, Paraguay, Venezuela, Colombia y Argentina, donde las comunidades musulmanas serían utilizadas como fachadas perfectas.

Las mezquitas y los centros culturales florecieron durante esos años engañando a varios de sus simpatizantes quienes se acercaban a dichos lugares para orar. Sin embargo, actuaban en las sombras como polos operativos y de reclutamiento.

La Triple Frontera -brasileña, paraguaya y argentina- se convirtió en un foco de comercio ilícito y lavado de dinero ideales para planificar y coordinar los mayores ataques de la historia de Buenos Aires: los cometidos contra la Embajada de Israel, en 1992, y contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en 1994.

El primero ocurrió el 17 de marzo. Causó 22 muertos y 242 heridos. De acuerdo a la Corte Suprema "el atentado cometido contra la Embajada de Israel en Argentina fue organizado y llevado a cabo por el grupo terrorista denominado Jihad Islámica, brazo armado del Hezbollah". La organización chiíta se había hecho responsable por el brutal atentado mediante un comunicado publicado en el diario libanés An Nahar.

El 17 de marzo de 1992 un atentado terrorista contra la embajada de Israel en Buenos Aires dejó un saldo de 22 muertos. De acuerdo a la justicia argentina fue cometido por Hezbollah y su cerebro un delegado cultural iraní en el país
El 17 de marzo de 1992 un atentado terrorista contra la embajada de Israel en Buenos Aires dejó un saldo de 22 muertos. De acuerdo a la justicia argentina fue cometido por Hezbollah y su cerebro un delegado cultural iraní en el país

El máximo tribunal argentino señaló además que el ataque se produjo mediante el uso de una camioneta bomba conducida por un suicida. En la planificación intervinieron ex diplomáticos iraníes. Esa instancia judicial había pedido la detención del ex jefe de Inteligencia política de Hezbollah, Imad Mughniyah y del comerciante Samuel Salman El Reda, quien estaba establecido en la Triple Frontera. El primero fue ultimado en 2008. El segundo continúa prófugo.

Mughniyah también sería uno de los organizadores del segundo atentado: el ejecutado contra la AMIA, el 18 de julio de 1994 en el cual murieron 85 personas y 300 resultaron heridas.

Pero detrás de ambos ataques estuvo el iraní Moshen Rabbani, quien es requerido por la Justicia argentina para ser juzgado por la masacre en la AMIA. El fiscal especial Alberto Nisman había investigado al clérigo y pudo establecer que fue el cerebro de sendos atentados. Su instrucción también dejó en claro que otros funcionarios del régimen conspirado.

En julio de 1994 un ataque suicida contra la sede de la AMIA terminó con la vida de 85 personas. Fue el más devastador de los atentados terroristas cometidos en la Argentina. Detrás, la sombra de Irán (AFP)
En julio de 1994 un ataque suicida contra la sede de la AMIA terminó con la vida de 85 personas. Fue el más devastador de los atentados terroristas cometidos en la Argentina. Detrás, la sombra de Irán (AFP)

Al listado encabezado por Rabbani, Nisman sumó a: Alí Fallahijan, ministro de Información y Seguridad entre 1989 y 1997; a Mohsen Rezai, comandante de la Guardia Revolucionaria entre 1981 y 1997; a Ahmad Vahidi, Comadnante de las Fuerzas Quds entre 1989 y 1998; a Ahmad Reza Ashgari, secretario de la Embajada de Irán en la Argentina entre 1991 y 1994 y a Mughniyah. También fueron apuntados por el asesinado fiscal argentino Ali Rafsanjani, jefe de estado iraní al momento del ataque, y el ex embajador iraní en Buenos Aires, Hadi Soleimanpour. Sin embargo, estos dos últimos no tienen pedido de captura internacional.

La semana pasada, la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) de la Argentina comenzó una investigación sobre dos iraníes que ingresaron al país con pasaportes israelíes falsos. Lo hicieron cinco días antes de cumplirse un nuevo aniversario del ataque contra la embajada. Dijeron que buscaban asilo escapando del régimen. Extraño: sólo hablaron de su situación política cuando fueron detenidos por los agentes de inteligencia.

Se habían instalado en un hotel en pleno centro de Buenos Aires, a pocos metros de la actual sede diplomática de Israel. Al ser consultado por el periodista Luis Novaresio sobre si creía que los sospechosos podrían tener vínculos con el terrorismo, el embajador israelí en Argentina, Ilan Sztulman fue concluyente: "Mi valoración es que sí, que tiene que ver. ¿Por qué llegan ahora? ¿Por qué llegan con pasaportes falsos? ¿Si son disidentes por qué no vinieron con pasaportes iraníes y pidieron asilo?".

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