El estudio jurídico Mossack-Fonseca, en Ciudad de Panamá. (foto de archivo: AP)
El estudio jurídico Mossack-Fonseca, en Ciudad de Panamá. (foto de archivo: AP)

El 9 de marzo de 2016, los empleados de Mossack Fonseca, un bufete de abogados panameño que durante décadas había guardado los secretos financieros de las celebridades mundiales, políticos, empresarios y criminales, hicieron un descubrimiento. Alguien había copiado grandes cantidades de datos de sus computadoras.

Correos electrónicos, contratos, declaraciones bancarias. Se habían filtrado 11,5 millones de documentos de los registros de clientes más sensibles de la empresa, unos asombrosos 2,6 terabytes de datos.

De repente, el negocio diario de establecer empresas pantalla en paraísos fiscales ya no era la prioridad. Los documentos recientemente obtenidos de Mossack Fonseca muestran que los empleados comenzaron a trabajar furiosamente en una nueva misión: descubrir quiénes eran sus clientes.

Como un jugador clave en el mundo de las finanzas offshore, Mossack Fonseca había incumplido durante años las normas que exigían a los abogados y otros proveedores de servicios offshore: identificar y verificar a sus clientes, requisitos diseñados para prevenir la actividad delictiva.

Los documentos recientemente filtrados muestran que los empleados de Mossack Fonseca comenzaron a enviar frenéticamente correos electrónicos a banqueros, contadores y abogados, los intermediarios que habían elegido al estudio panameño para gestionar compañías pantalla para clientes adinerados que deseaban permanecer en el anonimato. Buscaban frenar las consecuencias de la filtración de sus registros. La reacción de esos intermediarios fue el pánico y la furia.

Beneficiarios desconocidos

"¡El cliente desapareció! ¡No puedo encontrarlo más! ", escribió Nicole Didi, una asesora suiza de gestión patrimonial, en marzo de 2017. Esta intermediaria había intervenido en unas 80 empresas creadas por la empresa.

"Esto es ridículo", escribió Eliezer Panell, un abogado de Florida que se exasperó por las múltiples solicitudes de Mossack Fonseca -a veces con solo un día de diferencia- para que obtuviera y enviara documentos de dos propietarios de compañías offshore para probar su identidad. "No podemos volver un día después de pedir documentos, para pedir otra cosa", escribió. "Parecemos unos malditos aficionados. Una operación Mickey Mouse".

Los nuevos documentos revelan que Mossack Fonseca no pudo identificar a decenas de miles de propietarios de compañías que había registrado en jurisdicciones opacas o baja tributación. Dos meses después de que la firma se enterara de la violación de registros, aún no había conocía los nombres de los propietarios de más de 70% de las 28.500 compañías activas en las Islas Vírgenes Británicas, el territorio marítimo con más sociedades abiertas por el bufete. Tampoco conocía al 75% de las 10.500 compañías activas en Panamá, según surge del análisis de los registros.

No saber quién se benefició de las compañías pantalla representaba un riesgo significativo para el bufete. El incumplimiento de las reglas del know-your-client podría exponer a Mossack Fonseca a demandas judiciales, investigaciones penales, u obligarlo a cerrar las firmas, provocando el caos en sus propios negocios y los de sus clientes.

Los estándares de know-your-client se volvieron cada vez más estrictos a medida que los gobiernos intensificaron sus esfuerzos para combatir el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo. La indiferencia de Mossack Fonseca ante una obligación legal tan fundamental fue "extraordinaria", según los expertos.

El impacto mundial de Panama Papers

Este relato de los últimos meses de Mossack Fonseca es el resultado de la segunda filtración de archivos de la empresa. La primera se tradujo en la investigación de Panama Papers y condujo a la ruina al estudio panameño.

En abril de 2016, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, en inglés) y más de 100 socios de medios publicaron cientos de historias basadas en la filtración de millones de documentos internos que expusieron el funcionamiento del bufete, desde finales de los años setenta hasta fines de 2015.

La investigación de los Panama Papers convulsionó el mundo de la política, las finanzas y la ley. La lista de personas reacias a la publicidad que usaron los servicios de Mossack Fonseca incluía a miembros del círculo íntimo de Vladimir Putin, al entonces primer ministro de Islandia, y hasta una compañía sospechosa de tener ganancias de un famoso robo de oro en Londres en 1983.

Los pakistaníes protestaron en las calles cuando se supo que los hijos del entonces primer ministro Nawaz Sharif habían comprado compañías pantalla para tener propiedades inmobiliarias multimillonarias en Londres sin ser descubiertos. Sharif dimitió en julio de 2017, luego de que el Tribunal Supremo de Pakistán lo descalificara de su cargo.

La policía allanó las oficinas de Mossack Fonseca en El Salvador, Perú y Panamá. Para fines de 2016, los gobiernos y empresas de 79 países habían abierto 150 auditorías o investigaciones sobre el estudio panameño, sus intermediarios o clientes.

La nueva filtración ofrece una visión dentro de Mossack Fonseca y el círculo de profesionales con los que hizo negocios en las semanas previas a que se conocieran los Panama Papers, y con posterioridad, cuando la empresa se apresuraba a identificar clientes, y estos comenzaron a alejarse. Los documentos -que incluyen correos electrónicos, copias de pasaportes y archivos- datan de principios de 2016 hasta finales de 2017, unos meses antes de que la empresa colapsase.

La información fue obtenida por el mismo periódico alemán que recibió la primera filtración, Süddeutsche Zeitung. Los registros se compartieron con ICIJ y sus socios en más de un centenar de medios de comunicación.

Décadas de secreto hecho trizas

La firma, Mossack Fonseca, desarrolló desde los 80's un nicho que ayudaba a los ricos a ocultar su riqueza en el extranjero. Desde su base en Ciudad de Panamá, la firma expandió sus operaciones a más de 30 países, trabajando estrechamente con bancos internacionales como el HSBC, UBS y el Credit Suisse, y bufetes de abogados en los Países Bajos, México, los Estados Unidos y Suiza.

Mossack Fonseca rara vez se comunicaba directamente con los beneficiarios finales de su trabajo. En su lugar, se relacionaba con los intermediarios que actuaban de gestores entre la empresa y los individuos adinerados que buscaban proteger casas de lujo, yates y jets, cuentas bancarias y valiosas colecciones de arte, de batallas judiciales imprevisibles, ex cónyuges e inspectores de impuestos. Algunos beneficiarios de los discretos servicios de Mossack Fonseca utilizaron compañías pantalla para sobornar a funcionarios del gobierno y esconder dinero en efectivo.

El acuerdo permitió a Mossack Fonseca operar en gran medida en la oscuridad durante décadas. Luego, alguien se escapó con un vasto tesoro de sus registros más confidenciales, que llegaron a los periodistas.

El estallido de la crisis

A principios de marzo de 2016, las llamadas de los periodistas de ICIJ comenzaron a llegar a Mossack Fonseca y a los intermediarios. Con el descubrimiento de la violación del sistema informático, la empresa cambió completamente al modo de crisis.

El día después de confirmada la filtración, el abogado de Mossack Fonseca solicitó al fiscal general de Panamá iniciar una investigación criminal e "interrogar urgentemente" a periodistas de Francia, Dinamarca, Australia, Estados Unidos y Alemania que estaban en Panamá filmando para la investigación de Panama Papers. "No deben permitir que los periodistas abandonen Panamá o su hotel Hilton hasta que revelen cómo obtuvieron los documentos de Mossack Fonseca", exigió el abogado, sin éxito.

Las oficinas de Mossack-Fonseca (foto: ICIJ)
Las oficinas de Mossack-Fonseca (foto: ICIJ)

Nicole Didi, la consejera suiza, fue una de las primeras en contactar a la empresa sobre las investigaciones de los periodistas."¡Este periodista francés quiere publicar un artículo en el periódico Le Monde que no es aceptable para mí!", escribió en un correo electrónico con texto resaltado en amarillo.

El coordinador de atención al cliente de Mossack Fonseca, Jorge Cerrud, trató de calmar a Didi por teléfono y luego le escribió en un correo: "Hablaré con nuestro departamento de relaciones públicas para ver cómo podemos ayudarlo a prepararse en caso de que los periodistas se contacten de nuevo con usted".

Después de que se publicó la investigación de los Panama Papers el 3 de abril de 2016, los correos electrónicos y las llamadas telefónicas al bufete de abogados se dispararon. Los empleados de la firma multiplicaron el uso de la dirección electrónica CrisisCommittee@mossfon, según surge de los archivos filtrados.

Muchos correos electrónicos se hicieron eco de uno enviado por Charles Hotton, gerente de una filial de Jersey del Banco de Singapur. "Urgente … qué información de documentos / BO se tomó de los archivos y cuándo", escribió refiriéndose a los llamados "beneficiarios finales" de compañías offshore. Cerrud, el coordinador de relaciones con los clientes de Mossack Fonseca, intentó contener a Hotton. " Hemos evitado que los hackers saquen información de nuestro sistema de correo electrónico a partir de marzo", respondió.

Pánico y enojo

En ocasiones, los clientes de alto perfil se apresuraron a demostrarle a Mossack Fonseca que eran, de hecho, clientes.

Ayudantes del presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, envió a la asediada firma de abogados una factura de electricidad para demostrar su identidad luego de que las autoridades antilavado de dinero de las Islas Vírgenes Británicas exigieran la confirmación de la propiedad de la compañía offshore de Poroshenko.

Los abogados del presidente de los Emiratos Árabes Unidos, el jeque Khalifa bin Zayed Al Nahyan, enviaron una carta protegida con contraseña a Mossack Fonseca sobre su pasaporte y los miembros de su familia. Tal prueba le permitiría al monarca seguir siendo propietario y administrador de propiedades en el Reino Unido a través de compañías offshore.

Entre la correspondencia hay 17 correos electrónicos con representantes de la estrella de Hollywood Jackie Chan, un cliente de Mossack Fonseca que proporcionó su pasaporte escaneado y una declaración de American Express en un intento de mantener abiertas las compañías de producción de películas, y ayudar a Mossack Fonseca a evitar multas por trámites incompletos.

Un abogado que representaba al poderoso presidente del Senado de Nigeria, Bukola Saraki, y su esposa tomaron un vuelo nocturno desde Londres a Panamá.

Y uno de los abogados de más alto perfil de Suiza denunció a la firma en nombre de la familia de Beny Steinmetz, un ejecutivo minero ahora bajo investigación en Israel por supuestos sobornos y corrupción en África."La filtración de información de la cual Mossack Fonseca & Co era el guardián, ha causado daños a nuestros clientes, quienes se equivocaron al confiar en usted y creyeron en sus habilidades y rigor profesional", escribió el abogado Marc Bonnant. Una portavoz de Steinmetz le dijo a ICIJ que las acusaciones de corrupción y soborno eran infundadas

Un profesional de las finanzas le reclamó a Mossack Fonseca que nunca había dado permiso para que su nombre se escribiera en documentos de empresas extranjeras, y mucho menos para que se hiciera público. "Es basura, y exijo que elimine mi nombre de todos sus archivos", escribió Jean-Yves de Louvigny en un correo electrónico a la oficina de Mossack Fonseca en Luxemburgo. "¡Estoy asombrado por el hecho de que otra persona puede proporcionar mi nombre sin mi consentimiento!", se quejó. El banquero había visto su nombre publicado como parte de los Panama Papers, pero afirmó que nunca había tenido ninguna relación con una compañía extraterritorial. Él comparó el error con escribir los nombres del entonces presidente francés François Hollande y el de los Estados Unidos Barack Obama. "¿Habrían ustedes hecho eso ?????", preguntó indignado.

ICIJ buscó comentarios de Louvigny y otros intermediarios nombrados en esta historia, pero ninguno respondió.

Control de daños

En medio de su campaña para identificar a sus clientes, Mossack Fonseca intentó limitar las consecuencias de la filtración.

El estudio panameño dijo a los clientes e intermediarios que había instalado un protector informático para prevenir los ataques informáticos. También que había introducido un sistema para encriptar correos electrónicos y documentos sobre la parte más sensible de la industria offshore: quién posee qué.

La firma contrató a consultores de relaciones públicas para "dar nuestra versión de los eventos". También contactó a lo que llamaron "embajadores de la industria" para pedirles apoyo público, según muestran los correos electrónicos.

"La protección y seguridad de la información es nuestra prioridad más importante", dijo el bufete panameño a sus clientes en un anuncio en mayo de 2016 después de la publicación de los Panama Papers. "Una vez más, les pedimos disculpas por la difícil situación que ha creado esta violación ilegal".

Los registros muestran que a los clientes no los tranquilizaron mucho los intentos de control de daños.

"Con muchos mensajes, ustedes, Mossack, están intentando convencer a los clientes de que tienen esta increíble situación bajo control", escribió Félix Chille, un intermediario en Suiza. El mensaje concluía: "Probablemente este correo electrónico será interceptado como 11.600.000 de los otros documentos. No me importa".

Otros fueron más comprensivos, pero dejaron en claro que Mossack Fonseca había violado el código de secreto sagrado, aunque no escrito, de la industria offshore. "Sentimos mucho lo que sucedió … y les deseo lo mejor, pero se ha roto el objetivo principal de este tipo de estructuras: la confidencialidad", escribió el asesor financiero uruguayo Ignacio Frechou.

"Deficiencias importantes"

El bufete recibió preguntas directas de los reguladores y las autoridades en los meses posteriores a la publicación de la investigación.

Los gobiernos abrieron investigaciones sobre las empresas registradas por algunas de las oficinas más concurridas de Mossack Fonseca, incluyendo Panamá, las Islas Vírgenes Británicas, Samoa, las Seychelles y Anguila.

En abril de 2016, la Autoridad de Servicios Financieros de Seychelles, que regula a operadores como Mossack Fonseca para garantizar que los vehículos offshore no sean mal utilizados, le solicitó al bufete revelar quiénes eran los dueños de algunas de las 5.379 empresas activas que había registrado en el archipiélago.

Una de las formas en que Mossack Fonseca eludió las estrictas reglas de conocimiento del cliente fue confiando en abogados externos para que avalaran la reputación y la identidad de los propietarios reales de las empresas.

Correos electrónicos internos muestran que algunos empleados reconocieron que no podrían cumplir con las solicitudes, y discutieron el posible riesgo de perder el derecho a operar en el país."Ésta es un área gris que se presta a la interpretación", escribió Josette Roquebert sobre la dependencia del bufete de terceros para garantizar la reputación y la identidad de los clientes. La práctica "podría considerarse una violación" de la ley de Seychelles, escribió Roquebert.

Requerimientos e investigaciones

Una auditoría realizada por la agencia de delitos financieros de las Seychelles meses después, concluyó que la oficina de Mossack Fonseca no monitoreaba regularmente a los clientes políticamente expuestos, y que había violado seis leyes y regulaciones contra el lavado de dinero, según muestran los nuevos archivos. "En general, los examinadores encontraron deficiencias importantes en las operaciones de Mossack Fonseca Seychelles", escribió Phillip Moustache, director de la Unidad de Inteligencia Financiera del país, en una carta al bufete.

La policía local allanó la oficina de Mossack Fonseca en las Islas Vírgenes Británicas en busca de registros como parte de una investigación sobre sobornos que involucró al magnate petrolero de Nigeria, Kolawole Aluko.

"Se marchitaría eventualmente"

Al principio, Mossack Fonseca trató de alentar a sus clientes a permanecer leales, a pesar de la tormenta legal y de relaciones públicas.

El bufete redujo las tarifas y ofreció a algunos clientes la opción de cambiar el nombre de sus empresas para que las operaciones comerciales pudieran continuar discretamente.

Mossack Fonseca cambió en varios casos su propio nombre para eliminar cualquier referencia obvia a los fundadores panameños en los correos, los paquetes y las facturas. En Samoa, Mossack Fonseca se convirtió en Central Corporate Services Ltd. En Panamá, Mossack Fonseca transfirió los clientes a Orbis Legal Services, la cual contrató a algunos empleados de Mossack Fonseca para mantener el "mismo nivel de servicio".

Otros clientes simplemente trasladaron su negocio a otros proveedores de servicios offshore en paraísos como Guernsey en las Islas del Canal, las Islas Vírgenes Británicas y Chipre. "Su bufete no es confiable ni creíble……Adiós", escribió el intermediario con sede en Luxemburgo, Jeffrey Davies.

Los clientes comenzaron a informar que los bancos se rehusaban a aceptar o procesar pagos a Mossack Fonseca.

En mayo de 2016, el bufete les anunció a los clientes que cerraría su oficina en la Isla de Man, un territorio británico en el Mar de Irlanda. Siguieron el cierre de oficinas en Jersey y Hong Kong.

Más tarde ese año, Fonseca y Mossack anunciaron que se retirarían del estudio que habían fundado. Permanecería abierto con una estructura reducida por unos años más para cumplir con las obligaciones existentes, pero "se marchitaría eventualmente", decía un correo electrónico a los clientes.

En febrero de 2017, la procuradora general de Panamá, Kenia Porcell, alegó que las compañías de Mossack Fonseca habían sido utilizadas para enviar y recibir sobornos en América Latina en relación con el escándalo Lava Jato. Porcell llamó a Mossack Fonseca "una organización criminal que se dedica a ocultar activos monetarios de orígenes sospechosos". Ordenó que Mossack y Fonseca fueran arrestados por cargos de lavado de dinero. Los fundadores del estudio panameño, quienes negaron haber cometido delito alguno, pasaron varios meses en la cárcel antes de pagar la fianza. Fueron liberados en abril de 2017. Casi año más tarde, el bufete de abogados con sus nombres cerró para siempre.

En mayo de 2018, los fiscales panameños acusaron a otros 10 empleados de Mossack Fonseca de lavado de dinero como parte de las investigaciones sobre el escándalo Lava Jato de Brasil. Mossack sigue bajo investigación por parte de fiscales en Colonia, Alemania, como cómplice de evasión de impuestos, según un comunicado entregado a Süddeutsche Zeitung.

Mossack y Fonseca no respondieron preguntas específicas de ICIJ o sus socios. En junio, los abogados emitieron un comunicado de prensa que decía que el bufete de abogados, sus empleados y sus fundadores "nunca estuvieron involucrados en actos ilegales".

Una última ayuda

Los mensajes de Nicole Didi no se interrumpieron. La asesora suiza fue una de las primeras intermediarias en enviar un correo electrónico a Mossack Fonseca después de ser interrogada por periodistas, y continuó escribiéndole al bufete, con creciente frustración, durante los siguientes 19 meses.

Acusó al estudio panameño de extraviar documentos, de identificar erróneamente al dueño de una compañía offshore, y de hacer preguntas en repetidas ocasiones que Didi no podía responder."¡No puedo creer lo que hacen en su bufete!", escribió en mayo de 2017.

Finalmente, Makya Villarreal, gerente de la oficina de Mossack Fonseca en Seychelles, le dijo a Didi que ya era hora de que se llevara su negocio a otro lado. "No responderemos a ningún mensaje que envíe, y debe resolver cualquier problema con el nuevo agente con el que elija trabajar", escribió. Sin embargo, le ofreció una última ayuda. Le dio una lista de otros 67 proveedores de compañías offshore con sede en las Seychelles que ofrecían los mismos servicios que Mossack Fonseca.

*Traducción gentileza de Univisión

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