Vicente "Tito" Palermo es politólogo y ensayista, autor de "Sal en las heridas. Las Malvinas en la cultura argentina contemporánea" y "La alegría y la pasión. Relatos brasileños y argentinos en perspectiva comparada", entre otras obras. También es presidente del Club Político Argentino, que dentro de pocos días cumple 10 años. Lo va a festejar el 26 de abril con un evento político y festivo a la vez. Por un lado, escuchando la conferencia del ex ministro de cultura de Brasil, Francisco Weffort, sobre "Democracia y república en América Latina", que será moderada por Graciela Fernández Meijide, y luego con un brindis en el Palacio San Miguel "sin tanta moderación".
– ¿Qué le pasaba a la Argentina hace diez años, cuando se les ocurrió fundar el Club Político Argentino? ¿Qué te pasaba a vos en ese momento?
– A mí me pasaba que sufría un gran desasiego por las perspectivas que se vivían en ese momento, incluso antes del conflicto con el campo, cuando empezamos a reunirnos. Era un momento sombrío, con una polarización muy desgraciada que, lamentablemente, se profundizó. Nosotros hicimos un gran esfuerzo para contribuir entre quienes querían oponerse a esa polarización, a ese diálogo de sordos entre sectores que se consideraban recíprocamente como enemigos.
– ¿Te acordás quiénes estaban en ese grupo original?
– Era un grupo muy pequeño, algunos siguen actuando en el Club con distintos grados de intensidad y otros se fueron. Siguen, por ejemplo, Guillermo Rosenwurcel, hoy vicepresidente, María Matilde Ollier, que fue vicepresidente, o Sebastián Katz, que en este momento está totalmente absorbido por sus funciones en el Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires. Después hay un par de amigos que prefirieron, por distintos motivo, alejarse. Por ejemplo, Juan Tokatlian, que tenía una idea buena pero irrealizable, de que el Club tenía que mediar entre las partes en oposición, ser un instrumento de articulación sin tomar posturas, y Federico Merkel, que no estaba muy convencido del protagonismo que estaba tomando el Club, conservando un bajo perfil.
– ¿Y qué resultó finalmente?
– Finalmente quedamos en la oposición, pero no porque estábamos en contra del gobierno, sino porque teníamos que pronunciarnos sobre temas muy importantes y lo hacíamos en contra del contenido de la política que se estaba proponiendo. Por ejemplo, contra la 125 o la ley de medios, pero no del gobierno.
– ¿Cuántos eran en ese momento y cuántos son ahora?
– En ese momento éramos 20 o 25 y ahora somos 250 socios que abonan sus cuotas, algunos se atrasan, yo mismo no sé si estoy con mi cuota al día. Eramos una reunión de amigos al principio, ahora somos una asociación civil sin fines de lucro. Hace cosa de cinco años a varios de los miembros más activos se les ocurrió hacer una asociación civil, yo no estuve de acuerdo pero me pasaron por arriba.
– Parte de la personalidad del Club es esa, es una organización muy democrática, absolutamente horizontal, me consta que el presidente es criticado como cualquier socio. Como socia, doy fe de que hay mucho debate, hay mucha discusión, con momentos complicados, hasta se llegaron a votar determinadas posiciones, haciendo críticas con el gobierno anterior, y también con este.
– Con este Gobierno la situación es diferente, yo creo que hay una mayoría bastante empática con el cambio de situación, hay socios que se podrían considerar opositores, no destructivos, y el Club no tiene una posición oficial. Cada uno se autodefine como le parece.
– Muchos socios, además, son funcionarios.
– Efectivamente, aunque no tiene que ver con el Club, sino con sus historias personales. Tenemos socios activos, como Pablo Avelluto o Jorge Sigal, o Katz, a quien nombré, que son funcionarios. También hay ciertas curiosidades, como socios que firman como miembros del Club Político y de vez en cuando aparecen en los debates del foro, como es el caso de Jaime Durán Barba, que debate respetuosamente y se banca las críticas como cualquier otro.
– ¿Cuál sería el aporte más importante del Club en estos 10 años?
– Dos cosas. La primera tiene que ver con el Club hacia adentro, porque fue el lugar, es, el lugar donde podemos expresar nuestro compromiso cívico. No hay mucho compromiso cívico en la Argentina, es un bien escaso. Muchos socios nuevos nos agradecen porque encontraron un lugar que necesitaba para dialogar, conversar, decir lo que pienso, aprender. Eso tiene que ver con el lugar donde podemos ejercer nuestra ciudadanía, digamos, y eso se proyecta en la vida de cada uno, como sea. Junto con eso, las posiciones políticas del Club, porque a pesar de que es muy plural, toma posturas políticas, se expide, emite declaraciones, a favor o en contra de una decisión o una situación dada. Son parte de la esfera pública, ocupamos un lugar, no es algo ignorable. Cuando el Club emite una posición es escuchada, es considerada, es tomada por los medios, a veces más, a veces menos, pero siempre hay un eco. El Club hace una contribución al debate público.

– Justamente, me parece que en general el Club buscó hacer un aporte por mayor ciudadanía, más República, más escuchar a los distintos, expresando posiciones sobre temas concretos, incluso críticas de este Gobierno.
– Porque si no es en el aire, te la pasás con un discurso muy bonito, pero si no lo bajás a tierra, no lo relacionás con cuestiones concretas, es muy en el aire. A pesar de nuestras diferencias, nosotros tenemos una idea en común en torno a lo republicano en un sentido muy amplio, no solo de la cartilla de la división de poderes, gobierno de la ley, autogobierno, fortalecimiento de la ciudadanía, de lucha contra la dependencia de las personas, a favor de la autonomía de las personas, cosas que nos comprometen en muchos campos. Ahí es donde hay conexión con la política real. Por ejemplo, el Gobierno resolvió por un megadecreto tal cosa. Desde la cartilla decís, está mal. ¿Pero pensaste? Si lo pensás un poco tal vez reafirmás eso, pero tal vez no. La política no es una cartilla.
– Vos fuiste socio del Club de Cultura Socialista, y ¿quiénes más?
– Seguro fueron también Victoria Itzcovich y Ricardo Mazzorín, fundadores y miembros de la Comisión Directiva. Yo también, vivía en Brasil e iba todos los viernes cuando estaba en Buenos Aires sin preguntar el tema, y cuando me vine a vivir aquí me asocié, pero ya eran los tiempos del ocaso del Club de Cultura Socialista.
– ¿Dónde colocás a este Gobierno en materia de standard democrático, standard institucional, respeto a la diversidad?
– En esos ítems yo lo colocaría de la mitad hacia arriba, considerando todo, las características de las instituciones que ya estaban dadas, por ejemplo. Es un standard relativamente bueno, hay funcionamiento institucional, hay división de poderes, hay negociación, no hay gobierno por decreto, a pesar de que hay socios en el Club que ponen el grito en el cielo por un megadecreto, como si no fuera un instrumento de Gobierno.
– ¿Qué crítica fundamental le hacés al Gobierno hoy, más allá de alguna crítica que te escuché hacerle?
– Yo no puedo criticar el camino gradualista, pero me parece que hubo mucha ilusión en la posibilidad de recoger en el corto plazo los frutos, y como esa ilusión no se cumplió, están descolorados. Y la otra crítica es que no hablen adecuadamente del pasado, no obsesivamente, pero falta que los argentinos nos hagamos cargo de la Argentina que hicimos en los últimos 50 años. No es solo el kircherismo y el daño que hizo, pero la decadencia, la desarticulación, la generación de una Argentina económica y social insostenible no se puede culpar solo al kirhcherismo. Agrega, pero ya se venía dando. Hablar de eso y mostrar los grandes dilemas del Gobierno en torno a los grandes números, como déficit fiscal, atraso cambiario, déficit comercial, expresan una historia, y la fotografía expresa una Argentina que no es sustentable.
– Vos venís de la izquierda.
– Y del peronismo.
– Con más razón, entonces. Sin embargo, tenés una posición a favor del capitalismo, promovés que haya una Argentina verdaderamente capitalista. ¿Sentís que en ese sentido este Gobierno lo interpreta mejor este tema?
– Este Gobierno me parece que hace lo que puede. Es evidente que no es un Gobierno para ricos, algo que no tiene ni pies ni cabeza. Lo que puede incluye muchos errores, y macanas de distinto tipo. Ahora, yo estoy a favor del capitalismo porque no hay hasta ahora un mecanismo social más adecuado para generar más prosperidad. Y estoy a favor de una sinergia entre el capitalismo y el Estado, en el sentido de que el capitalismo librado a sí mismo tiende a su autodestrucción y a una desigualdad cada vez mayor, como se ve en el mundo. Para que eso no sea así hace falta política y un estado que se pelee con el capitalismo, no destruirlo tampoco colonizarlo.
– No un estado que lo quiera reemplazar.
– Reemplazarlo sería lo peor. Pero hay Estados que lo colonizan al capitalismo. El kirchnerismo fue un intento desprolijo, malo, berreta, de colonizar al capitalismo. Muchos empresarios se prestaron a esa colonización, o muchos no empresarios incluso, y dijeron "esta es la mía". Eso no funciona. Necesitamos un capitalismo autónomo, y un estado que sea capaz de crear los incentivos adecuados para que ese capitalismo se regenere y prospere. Sin esa prosperidad, ¿qué igualdad social vamos a generar? Una igualdad social a la cubana, o como las misiones jesuítas, donde todos son iguales y pobres, y van a aprender a leer y escribir. ¿Eso a dónde va? Necesitamos prosperidad, ¿de dónde la vamos a sacar? Hay pensadores que hablan del post capitalismo, pero yo vivo en la Argentina de hoy, no en la de 30 años adelante.
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