Por primera vez, la Argentina preside el G20, el grupo de países que representan el 85% del producto bruto global, dos tercios de la población mundial y el 75% del comercio internacional. La diputada Susana Balbo es la chair del Women 20, el grupo de afinidad abocado a la perspectiva de género dentro del foro. "Que una mujer no pueda tener acceso a un empleo registrado afecta a la economía del país", explica con pragmatismo y recuerda que ningún miembro del G20 ha logrado cerrar la brecha entre varones y mujeres en materia de participación económica.

Durante este diálogo con Infobae, detalla las principales barreras con las que se topan las mujeres en su camino, propone políticas de Estado para contrarrestarlas y anima a los hombres a "nivelar la mesa" con acciones concretas.

—¿Cuál es el principal objetivo del Women 20?

—Con lo que escuchemos de la sociedad civil en nuestra Cumbre, que se realizará en octubre con 190 delegadas de los países del G20, debemos lograr un comunicado lo suficientemente fuerte como para que lo incluyan en el documento final de los líderes de Estado. Cuando algo está en el texto final del G20 se transforma en una sugerencia de una política a incorporar por los países miembro, por lo que es trascendental.
Nosotros hemos elegido como ejes de trabajo continuar con los que traía Alemania (que ejerció la presidencia anterior del foro): la inclusión laboral, financiera y digital; y agregamos la inclusión de la mujer rural, que es transversal para todos los países emergentes del G20. Y como queremos darle una visión latinoamericana, pensamos que el tema de la mujer rural no puede ignorarse.

—Generalmente, es muy difícil asociar a los foros económicos con la vida cotidiana de la gente, en este caso, ¿cómo impacta en las mujeres?

—Impacta muchísimo. El G20 surge en 2008 como una propuesta para evitar las grandes crisis, cuando el G7 no supo prever la gran crisis que se produjo con la explosión de la burbuja financiera estadounidense, que generó cientos de miles de puestos de trabajo perdidos. También produjo la pérdida de competitividad de muchos países, cierres de empresas… Fue una crisis muy grave y muy seria. Entonces, surge este grupo más ampliado al G7, al que se incorporaron otras economías. Y sí trata de las cosas cotidianas nuestras, porque el que una mujer no pueda tener acceso a un empleo registrado afecta a la economía del país. Esto debe visibilizarse desde el W20 hacia los líderes porque no es un problema privativo de Argentina, existe en México, en Brasil, en India, todos países del G20. Hay que hacer sugerencias para que los líderes sean más asertivos en sus políticas públicas.

—¿Cuáles son las principales barreras a las que se enfrentan las mujeres?

—Son muchas. La primera, es nuestra educación. Sobre todo mi generación y la siguiente, los que tienen de 40 hacia arriba. Los millennials, tienen una actitud ante la vida con menos barreras que nosotros. Se nos cría con determinados estereotipos, donde la niña levanta la mesa y el varón no. La mujer dedica más de 4 horas por día al cuidado del hogar y los hijos, esa es su principal barrera para la incorporación a un trabajo a tiempo completo y registrado. Por falta de ayuda, no puede acceder a una disposición full time, entonces acepta trabajos no registrados y esto afecta a la economía de un país. Porque en esas condiciones no hay aportes laborales, no hay sistema de jubilación completo, sus hijos no pueden acceder a una mejor educación, tampoco tiene acceso al crédito… Supongamos que una mamá quiere que sus hijos aprendan inglés, y quiere acceder a un crédito para darles mejor educación, pero no puede porque no tiene empleo registrado. Es una cadena de detalles que termina impactando en la economía real y, en particular, en la vida de la mujer. Y esas barrera financieras se ven agravadas en una mujer que vive en áreas rurales. Por ejemplo, si tiene un cultivo de frutas suele producir mermeladas, pero no tiene posibilidad de comercializarlas lejos de su área, porque no tiene acceso a los mercados.

Las barrera financieras se ven agravadas en una mujer que vive en áreas rurales

—Y está el tema de la inclusión digital…

—Se nos viene un mundo increíble, donde la robotización es un hecho concreto cuyo real impacto no se conoce aún. Hay dos posiciones, están los extremistas que piensan que va a destruir empleos y hay optimistas que piensan que es una buena herramienta para crear mejores y nuevos empleos. Yo vengo de la última feria de tecnología y allí se presentó el informe 2018 de GSMA (la asociación que representa a los principales operadores móviles del mundo) y la Argentina tiene una de las brechas digitales más pequeñas de la región en cuanto al acceso a teléfonos móviles, solo un 2,5%. Pero la mujer no usa el móvil como una herramienta para el acceso al trabajo. Muy pocas lo utilizan para manejar sus cuentas bancarias, si las tienen. Tenemos que tener en cuenta que un 40% de las pymes son propiedades de las mujeres, pero solo el 11% de los créditos van a ellas. Necesitamos mayor capacitación.

—Y cuando una derriba esas barreras, se accede a un mundo pensado para hombres…

—La vida empresaria definitivamente está organizada para un mundo de hombres. Por los horarios de las reuniones, por la costumbre del networking junto al golf, al tenis o al fútbol mientras la mujer se queda en casa cuidando a los hijos o a los adultos mayores. Las mujeres cuentan con menos tiempo para networking y eso se refleja en una menor inclusión en los directorios y en los puesto de la decisiones. Hay menos de un 3% de CEO de compañías… Estas barreras irán desapareciendo en la medida en que nivelemos la mesa a la mujer. ¿Cómo? Se nivelará cuando los hombres rechacen que una reunión se haga fuera del horario del trabajo. Hay un movimiento muy interesante en Francia que se llama "nunca sin ellas" en donde en los directorios tiene que haber obligatoriamente mujeres. Está probado que en los directorios con mujeres las compañías aumentan sus rendimientos financieros en más de un 60%. Hay mayor fidelización por parte de los empleados. Hay una visión más flexibles en el acceso a los mercados y adaptación a las nuevas normas de marketing. La mujer tiene un mejor vínculo con la compradora principal, que también es una mujer. Hay menos rotación de personal. Además, hay que derribar barreras legales. En la Argentina, por ejemplo, una mujer no puede manejar una grúa… Hay que revisar todo el sistema legal y modernizar las leyes anticuadas. Y que las mujeres se animen a las carreras más duras, a la matemática, a la física… y esto es una barrera más psicológica que de otro tipo. Las chicas piensan que no sirven para las matemáticas, pero ni siquiera se han probado. Necesitamos más mujeres en las carreras de ingeniería.

Hay que revisar todo el sistema legal y modernizar las leyes anticuadas. Y que las mujeres se animen a las carreras más duras

—¿Qué políticas explícitas se necesitan?

—El presidente ha expresado en su discurso de apertura de la Sesiones Parlamentarias una política de género como base de labor parlamentaria para el próximo año. Esto es importante porque viendo casos de éxito en el mundo, como Noruega, Finlandia, Dinamarca, Suecia o Chile —que tiene mayor participación de mujeres en los directorios que Argentina– uno se da cuenta de que se ha logrado con cuotas obligatorias establecidas por ley. Hablando con Pierre Henri Guignard, el embajador de Francia y un gran "he for she" (él por ella) y defensor de las mujeres en la sociedad y en la política, me comentaba que en su país fue necesario establecer por cuotas la participación de las mujeres en los directorios. Y luego se produjo el cambio cultural. Porque una vez que el espacio se abre, se rompe las barreras psicológicas y de estereotipo, y los hombres se acostumbran a trabajar con mujeres. Cuando esto sucede, se exceden las cuotas. En Noruega, las empresas que cumplían con las cuotas tenían beneficios fiscales, pero si no cumplían tenían castigos, pagaban más impuestos. Esa es una forma de estimular a nivelar la mesa. Las leyes de cuidado parental tienen que cambiar. Es muy importante que la mujer y el hombre tengan la misma licencia por el cuidado de los niños y entonces ya no existe el "no te contrato porque va s a tener un hijo y te vas a ir 90 días de tu trabajo". Algo tan básico como eso ayuda a crear  un pie de igualdad. La posibilidad del trabajo a distancia también ayuda, y con la tecnología que tenemos muchas veces no se necesita un trabajo presencial. Muchas carreras lo permiten, porque se trabaja online. Hay que usar las tecnologías para facilitar el acceso de la mujer al trabajo.

En Noruega, las empresas que cumplían con las cuotas tenían beneficios fiscales, pero si no cumplían tenían castigos, pagaban más impuestos.

—¿Cómo fue su experiencia en dos ámbitos tan masculinos como las bodegas y la política?

—En la vitivinicultura ha sido tremendamente positiva, porque fui pionera y se abrieron muchos ojos de otras mujeres que vieron que hay una carrera maravillosa como es la enología. Allí, las mujeres ya tiene la mesa nivelada. Es una profesión flexible que no te exige horario fijos, salvo cuando estás a cargo de una planta de embotellado. Hay una cosecha muy demandante pero termina a los 45 días y después podés amoldar tus horarios. Ahora hay muchas mujeres trabajando en bodegas. En la política, es mucho más duro. el ámbito es mucho más machista, nos cuesta más imponernos. Hay mucho prejuicio. Cuando sacamos la ley de cupo del 50%, no se quiso tratar en comisiones…  La ley se trató sobre tablas, votamos a las 3 de la mañana en una sesión de más de 20 horas. Y se votó porque las mujeres de distintos espacios nos pusimos de acuerdo. Y ahora, el 50% es un piso. En la vida empresaria se ven los resultados más rápido, en la política no y eso me provoca frustraciones, porque muchas veces todo lo que uno trabaja no se visibiliza.

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