El ex fiscal Luis Moreno Ocampo (Getty)
El ex fiscal Luis Moreno Ocampo (Getty)

Duda, beneficio de la duda, duda razonable. Estas palabras están en el ADN de todos los abogados defensores. Sea que uno esté defendiendo a un cliente o leyendo una nota salaz en la prensa, la duda está siempre presente. Los abogados defensores están entrenados para no prejuzgar, no formar opiniones sin el conocimiento de los hechos y sin evidencia. Y como los hechos pueden estorbar una buena nota, es impulsivo aceptar como preciso y verdadero lo que dicen las noticias sin cuestionar. Ocasionalmente, sin embargo, uno se encuentra con un artículo que sacude tanto la conciencia que es difícil no tomarlo al pie de la letra o reunir el escepticismo que caracteriza a nuestra profesión.

Así es la noticia sobre la sospechosa (y codiciosa) conducta del ex fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI) Luis Moreno Ocampo, que involucra a Hassan Tatanaki, un cliente que le cobró USD 750.000 por lo que Moreno Ocampo caracterizó como "servicios de consultoría" sobre el uso del derecho internacional para reducir la creciente violencia y asegurar la paz en Libia.

El contrato original de Moreno Ocampo consistía en un anticipo de USD 3.000.000 más USD 5.000 por día. Considerando el propósito del pago, el monto y el abogado contratado, la versión de Moreno Ocampo sobre para qué fue contratado por Tatanaki resulta risible.

Moreno Ocampo demostró su incompetencia y su falta de habilidad cuando interrogó al presidente de Kenia Uhuru Kenyatta en la causa por crímenes de lesa humanidad. (El ex fiscal) es la misma persona que se hizo famosa, entre otras cosas, por haber conducido un reality del formato "Judge Judy". Entonces, ¿qué es lo que Moreno Ocampo ofrece para ganar una suma tan importante para vender humo, además de su nombre, conexiones, y su habilidad para influenciar y manipular al staff de la CPI?

Considerando los hechos tal como se informaron, si son correctos, Moreno Ocampo utilizó su influencia como fiscal de la CPI y cruzó algunos límites éticos. Tal vez haya más que lo que se informó. Tal vez. Moreno Ocampo merece la presunción de inocencia aún si estuviera menos dispuesto a concederla a aquellos que él considera corruptos y culpables. Como un ex fiscal de la CPI le dijo al periodista James Verini, del New York Times, Moreno Ocampo "vería a un jefe de Estado y le diría: 'Debe haber evidencia allí. Andá y buscámela'". No es extraño entonces que algunos jefes de Estado de África tuvieran dudas sobre la integridad de la CPI como una institución justa e imparcial.

En todo caso, es necesaria una investigación transparente y completa. Si algún miembro de la CPI ayudó a Moreno Ocampo en secreto y, en el proceso, interfirió con el trabajo de la CPI, deberían rodar cabezas. Dado el tiempo que se desempeñó Moreno Ocampo como fiscal y el desastre que le dejó sin limpiar a su sucesor Fatou Bensouda, la CPI necesita ir detrás de esto. Moreno Ocampo no debería ser liberado: debería ser tratado como cualquier otro abogado en esas circunstancias. El artículo 70 se viene a la mente. Pero no prejuzguemos.

Sea como fuere, aquí van algunos de los hechos que se informaron. Sea usted el juez de Moreno Ocampo: ¿orgullo desenfrenado o víctima de una mala interpretación de la evidencia circunstancial?

–Después de dejar el cargo de fiscal en la CPI, Moreno Ocampo montó una consultora que desarrolla "estrategias para manejar conflictos complejos de dimensiones transnacionales".

–En abril de 2015, Moreno Ocampo firmó un contrato por USD 3.000.000 por tres años, y USD 5.000 por día por "servicios de consultoría" para asesorar al multimillonario petrolero Hassan Tatanaki.

–Un ex miembro de la división de Jurisdicción, Complementariedad y Cooperación de la Oficina del Fiscal (OTP, por sus siglas en inglés) de la CPI manifestó a Ocampo que Tatanaki era monitoreado por los investigadores de la Corte por conexiones con presuntos crímenes de guerra. Supuestamente definió dos acusaciones:

(1) Incitar crímenes de guerra. Basada en un incidente en el que Khalifa Haftar, jefe del Ejército de Libia, amenazó a través de un canal de televisión propiedad de Tatanaki a quienes se negaban a unirse a la fuerza.

(2) Apoyar al régimen. Basada en una escucha telefónica de 2011, en la que (si es verdadero) Saif al-Islam Gaddafi parece creer que Tatanaki seguía siendo leal al régimen y no desertó.

Moreno Ocampo informó a su cliente Tatanaki que estaba siendo monitoreado por los investigadores de la CPI y sugirió "desarrollar un plan para asegurar que (Tatanaki) y las fuerzas que apoya no sean blanco de las investigaciones de la CPI".

–En junio de 2015, Tatanaki y su equipo se reunieron con Moreno Ocampo y dos miembros del CPI durante un viaje a La Haya.

–Un miembro de la Oficina de Información Pública de la OTP fue contratado para preparar material de relaciones públicas para Tatanaki, incluyendo un comunicado que presentaba un mensaje humanitario al pueblo libio, rescribir la biografía de Wikipedia de Tatanaki y editar videos.

Después de tres meses, Tatanaki rescindió el contrato con Moreno Ocampo, quien recibió USD 750.000 por "servicios de consultoría".

La información se desprende de 40.000 documentos que obtuvo el sitio de investigación francés Mediapart y la European Investigative Collaborations (EIC).

Hay más para esta historia. Los documentos obtenidos indican que Moreno Ocampo era dueño de cuentas bancarias offshore mientras era fiscal de la CPI, y que luego de meses después de dejar la CPI fueron transferidos USD 140.000 desde las cuentas offshore hasta la cuenta de Moreno Ocampo en el Deutsche Bank. Cuando los periodistas le preguntaron sobre su actividad en cuentas offshore, Ocampo argumentó que "las compañías offshore no son ilegales" y negó la evasión de impuestos y que haya tomado dinero o sobornos. Quizás. Pero, ¿quién podría culpar a las mentes curiosas por desear saber por qué Moreno Ocampo establecería compañías en Panamá, Islas Vírgenes Británicas y otros paraísos fiscales, y transferir considerables cantidades de dinero mediante cuentas bancarias suizas?

Más allá de que hubiera o no alguna actividad criminal detrás de estas transacciones, Moreno Ocampo no estaría cubierto por los privilegios e inmunidades acordadas por el equipo de la CPI, ya que ninguna de sus actividades fue llevada adelante en su capacidad oficial. Véase el artículo 48 del Estatuto de Roma.

Dejando de lado cualquier cualquier presunta actividad ilegal en la que Moreno Ocampo podría estar involucrado mientras fue fiscal de la CPI y de allí en adelante, aquí hay algunas cuestiones éticas que, teniendo en cuenta el "Tatanaki affair", merecen un llamado a la reflexión.

–"Influenciar y corromper a un oficial de la Corte con el propósito de forzar o persuadir al oficial para no actuar, o actuar incorrectamente en sus labores" mediante la inducción al personal de la Corte para que le ayuden en su consultora.

Incumplir el deber de confidencialidad al divulgar información confidencial relacionada con las investigaciones en curso.

–Tener un conflicto de intereses –Moreno Ocampo estaba investigando a Saif al Islam Gadafi–. Como se informó, los investigadores de la Corte estaban monitoreando a su cliente Tatanaki por cualquier vínculo con el régimen y especialmente Saif al-Islam.

En relación a las cuestiones éticas implicadas, Moreno Ocampo debería saber que los abogados en Argentina están regidos por la Ley n° 23.187, las reglas de la Práctica Profesional del Derecho, el Reglamento de Ética Profesional de la Federación Argentina de Colegios de Abogados y el Código de Ética de la Asociación de Abogados de Buenos Aires. Todas ellas requieren que los abogados respeten el secreto profesional, se abstengan de abusar de su posición de autoridad, y evitar inclusive la apariencia de una actitud que pueda ser interpretada como un intento de tomar ventaja de cualquier influencia política o cualquier otra situación excepcional.

Además, Moreno Ocampo debería saber, siendo el fiscal de la CPI, que el Código de Conducta para el Fiscal de la CPI requiere que los miembros de la OTP deben:

–"Mantener el más alto nivel de confidencialidad"

–"No revelar cualquier material privilegiado o cualquier material que se considere confidencial por la Corte"; y

–"Abstenerse de cualquier conducta que pueda afectar, directa o indirectamente o entrar en conflicto con el desempeño de sus funciones oficiales durante los términos del servicio, o que pueda poner en peligro la independencia y la confianza depositada en la Oficina después de la separación del servicio".

Y no olvidemos el Código de Conducta Profesional de la CPI para el abogado. El abogado que actúa en representación de sus clientes está obligado a asegurar que sus acciones no son perjudiciales para los procedimientos en desarrollo y no le darán a la Corte una mala reputación.

Según lo reportado, Moreno Ocampo estaba actuando como abogado en representación de un cliente que, aparentemente, estaba siendo investigado por el fiscal de la CPI en relación a la situación en Libia. De manera cuestionable, Moreno Ocampo estaba representando a Tatanaki en una cuestión posterior a la CPI. Tatanaki estaba en la periferia de una investigación de la CPI. La misión de Moreno Ocampo, según parece, era asegurar que la Oficina del Fiscal no persiga a Tatanaki, exponiéndolo de esa manera a posibles cargos y enjuiciamiento de la CPI. Si bien Moreno Ocampo podría minimizar los hechos, otra vez, suponiendo que lo que se informó es correcto, sería perturbador que hubiera sido apoyado por miembros del CPI, con quienes previamente había tenido un vínculo laboral, para colaborar en el lavado de imagen de Tatanaki, sin advertir que su conducta podría estar contemplada en el Código Profesional de Conducta del Abogado de la CPI.

Sin dudas, Moreno Ocampo tiene explicaciones para su conducta, la cual, a su debido tiempo, va a querer compartir con aquellos que en este momento están permanentemente observando sus asuntos con Tatanaki. Asimismo, con aquellos que están investigando sus cuentas bancarias offshore. Para ellos, estas explicaciones no serán tan graciosas.

Me voy a detener aquí.

La saga del talentoso Señor Moreno Ocampo está lejos de terminar.

*Michael G. Karnavas es un abogado estadounidense. Está autorizado para ejercer en Alaska y Massachusetts y puede comparecer ante tribunales internacionales como la CPI. Vive y ejerce principalmente en La Haya y es reconocido como un experto en defensa criminal internacional.