(Adrián Escandar)
(Adrián Escandar)

El fuerte barquinazo que dio Cristina Kirchner en el último tramo de su campaña, en el que pasó de candidata muda a verborrágica, de no hablar a conceder reportajes abiertos, no pareciera haberle rendido frutos. En las últimas horas comenzó a circular por círculos políticos y empresarios una encuesta en la que, por primera vez, Esteban Bullirch aparece con una ventaja abrumadora sobre la ex presidente. Infobae accedió en exclusiva a ese extenso trabajo con la condición de no revelar el nombre de la consultora. Los números fríos arrojan una ventaja de 8 puntos en favor de la fórmula de Cambiemos, contra apenas más de 3 que los separaban antes del último raíd de CFK.

Para alejar fantasmas, corresponde dar algunos datos de la empresa que realizó el sondeo. Se trata de una consultora de creciente influencia, que ha sido contratada desde el principio de la contienda por una de las terceras fuerzas. Eso transforma el sondeo en creíble porque, salvo Cambiemos, todos los demás caen respecto de la primera vuelta. Pero además quienes han seguido la evolución de sus trabajos conocen que han acertado con mucha precisión los resultados de las primarias del 13 de agosto -pronosticaron una ventaja exacta de 0,2% para Cristina- y fueron de los pocos que anticiparon la paridad con la que se definió el ballotage del 22 de noviembre del 2015. Dicho todo esto, corresponde señalar que el consenso entre las encuestadoras que acertaron aproximadamente el resultado de agosto es mucho más conservador: todas ellas auguraban hasta hace una semana una diferencia mayor a tres y menor a cuatro puntos.

El trabajo al que accedió Infobae es el quinto que realiza esta consultora desde el 13 de agosto. El primero, la misma semana posterior a las PASO, reflejó un progresivo crecimiento de la fórmula de Cambiemos, contra un estancamiento de Cristina: 41 a 34. Desde allí, semana a semana, la ex presidenta fue ganando terreno. Hace diez días, Cristina había levantado hasta 37,7 puntos y Bullrich descendido levemente hasta 40,3.  Luego del muy profesional reportaje que Luis Novaresio le realizó en Infobae, si los números de la encuesta son acertados, la intención de voto de la ex presidenta habría descendido cuatro puntos y la del ex ministro de Educación crecido dos y medio: 42, 8 a 33,7.

Si esto fuera así, ratificaría el buen diagnóstico que guió la estrategia de Cristina antes de las primarias y que fue resumido por una precisa frase de Axel Kicillof: "En estas elecciones hay que discutir el ajuste de Mauricio Macri, no el gobierno de Cristina". Para que así fuera, Cristina casi no habló durante el mes y medio previo al 13 de agosto: dejó que se expresaran alrededor suyo las víctimas del plan económico de Macri. Ella se presentó, apenas, como una herramienta para castigar al Gobierno y decidió pasar desapercibida detrás de un objetivo muy preciso: capturar al universo que, al mismo tiempo, sufre el plan económico pero resiste al kirchnerismo. Para conseguirlo debía desdibujarse. Por eso su agrupación se llamó Unidad Ciudadana y no Frente para la Victoria. Por eso en algunos avisos no aparecía su imagen, en otros ni su imagen ni su voz, y en otros ni siquiera su nombre. Si ese diagnóstico era correcto, cambiar la estrategia tiene dos riesgos: arrimar votos indecisos o de terceras fuerzas hacia el candidato de Macri, y perder a una porción de esa franja gris que había decidido votarla con resistencia. Eso parece haber sucedido esta semana.

En todo caso, hay datos de contexto que sostienen el dato frío del resultado de la competencia entre las dos fórmulas. Un mes antes de las PASO, la misma encuestadora registraba que la imagen positiva de Mauricio Macri en la provincia de Buenos Aires llegaba al 39 por ciento, la de Cristina Kirchner llegaba al 42 y la de María Eugenia Vidal al 49. Si se mira con atención, se verá que -pese a su alta imagen negativa- CFK superaba a Macri y no estaba tan lejos de Vidal. Ahora, a un mes de la elección general, los datos cambiaron significativamente. La imagen positiva de Macri trepó de 39 a 54 por ciento, la de Vidal de 49 a 66 y la de Cristina bajó, apenitas, de 42 a 40 por ciento.

Un mes antes de las paso, rechazaba a Macri un 57% de los bonaerenses, a Vidal un 44% y a Cristina un 51%. O sea: Macri era mucho más resistido que CFK y ella, apenas un poco más que Vidal. Ahora, el rechazo a Cristina subió al 57%, a Macri bajó al 43% y a Vidal a un insignificante 26%. Los números del macrismo se asemejan bastante a aquellos de los tres felices primeros meses, cuando aun no se había aplicado el aumento de tarifas, ni se había develado que el segundo semestre no habría ningún alivio.

Esta catarata de datos es coincidente con estudios que tienen menos sesgo electoral. Desde hace años, la Universidad Di Tella publica todos los meses los muy serios Indice de Confianza del Consumidor y de Confianza en el Gobierno. Los realiza la consultora Poliarquía de manera sistemática, haya o no elecciones y no pregunta sobre candidatos. Un mes antes de las PASO los números no podían ser peores para el Gobierno. En ese contexto, Infobae publicó una nota donde registraba el fenómeno. Su título: "Danger: en muy mal momento, cae fuerte la imagen del Gobierno". Era el momento en que algunos sondeos, incluso de la Casa Rosada, registraban 7 puntos de ventaja para CFK.

Así como entonces se publicó eso, ahora corresponde difundir que los últimos dos meses se produjo un ascenso dramático de ambos índices. Si se compara la serie histórica, el Indice de Confianza del Consumidor se ubica en un punto exactamente intermedio entre el que se registraba en octubre de 2007, cuando CFK obtuvo el 46 por ciento de los votos, y el de octubre de 2011, cuando obtuvo en 54 por ciento. La semana que viene se difundirá el próximo índice de confianza en el Gobierno: en este caso, se acerca de manera notable a la aprobación de CFK cuando obtuvo su cifra récord, en el 2011. Todo esto seguramente redundará en un crecimiento del voto a diputados nacionales de Cambiemos en todo el territorio del país.

¿Ganará Bullrich finalmente por una diferencia tan abultada en la provincia? Nadie lo sabe al día de hoy. En principio, la mayoría de las encuestadoras que anticiparon la paridad de agosto (Aresco, Synopsis, Taquión, Opina Argentina) se mueven entre los tres y los cuatro puntos de diferencia. Lo que cambió claramente es el debate pre y post PASO. Si antes se discutía por cuánto ganaba Cristina, ahora lo que se discute es por cuánto gana Esteban Bullrich. La ventaja de ocho puntos es el sondeo de una semana, y refleja el impacto en esa encuesta de un hecho puntual -la recuperación del habla de Cristina- que puede diluirse en el tiempo.

De cualquier modo, los especialistas que observan al detalle la campaña coinciden en destacar el rasgo algo visceral de la estrategia de la ex presidenta. Hasta el 13 de agosto era la candidata de las víctimas del ajuste. Desde entonces, el ajuste dejó de ocupar un lugar central en su discurso: fue desplazado por las denuncias de fraude electoral, la desaparición de Santiago Maldonado y, finalmente, por ella misma. Así las cosas, en esta semana se volvió a discutir lo que Kicillof no quería que se discutiera. Por más que sus modales fueron más amables, Cristina defendió a 678, a Roberto Navarro, a Nicolás Maduro. Cada vez que le preguntaron si era corrupta respondió que Macri es más corrupto que ella pero no aclaró nada.

Pidió disculpas por no haber entregado el bastón a su sucesor y se distanció del "Macri basura no sos la dictadura", pero inmediatamente explicó que en la Argentina no existe un Estado de Derecho, que hay una democracia "precarizada". "Cuando te empiezan a mirar el Twitter para ver qué pensás, cuando te empiezan a mirar el Facebook, me hacen acordar a los que te miraban la agenda para ver a quién se podían llevar", dijo en Florencio Varela.  Macri no es la dictadura, pero casi.

Cristina muda ganó por un pelo el 13 de agosto. ¿Le irá mejor a la Cristina de siempre? No es poco lo que se juega. Si Cristina triunfa el mes que viene -un horizonte cada vez menos probable- será inmediatamente candidata a presidenta para el 2019. Pero, aun si pierde por poco y llega a los 38 puntos, para el peronismo será difícil pararla: ¿quién podría mostrar más que ella? Si es aplastada, las cosas cambiarán para siempre.

Como se ha visto tantas veces en la historia, ni el camino más corto entre dos puntos es siempre una recta, ni ir por todo es siempre la mejor opción.