Cuando todavía era obispo de Chiclayo, Robert Prevost, hoy papa León XIV, decidió aprender nociones básicas de quechua para comunicarse con las comunidades altoandinas de Lambayeque. El actual pontífice se inscribió en un curso promovido por Cáritas Chiclayo y participó en las clases virtuales como un alumno más, según relató Janinna Sesa, exdirectora de la organización.
Sesa trabajó con Prevost desde 2014, cuando era gerente de proyectos de Cáritas Chiclayo. Dos años después, el entonces obispo le propuso asumir la dirección de la institución. Desde ese lugar, acompañó las acciones que la diócesis impulsó frente a inundaciones, la pandemia de COVID-19 y las dificultades de familias migrantes y comunidades rurales.
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La exdirectora recordó que el aprendizaje del quechua respondió a una necesidad concreta. En sectores de Cañaris e Incahuasi, buena parte de los habitantes utilizaba ese idioma en su vida cotidiana. Prevost buscó una herramienta para acercarse a ellos durante las visitas pastorales y las jornadas de asistencia que organizaba junto con parroquias, voluntarios y brigadas locales.

El curso de quechua lo encontró conectado como un alumno más
Sesa contó que se sorprendió cuando vio al entonces obispo conectado a la primera clase por Zoom. Prevost podía haber solicitado explicaciones particulares o un encuentro aparte, pero siguió el procedimiento previsto para todos los participantes. Asistió a las sesiones, completó el curso y recibió el certificado correspondiente.
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“Pudo haber conversado conmigo directamente, pero respetó los protocolos como un alumno más”, recordó Sesa. Para la exdirectora de Cáritas, esa decisión reflejaba la conducta que Prevost mantenía en otras actividades: evitaba establecer distancias con los equipos y participaba en las tareas que exigía cada emergencia.
El conocimiento básico del idioma le permitió sostener intercambios con pobladores de localidades rurales y altoandinas. Esos encuentros se producían en viajes que requerían varias horas de recorrido por caminos de difícil tránsito. Las visitas combinaban la atención espiritual con el relevamiento de necesidades vinculadas a alimentación, vivienda, acceso a agua y asistencia para familias aisladas.
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Los viajes a Cañaris e Incahuasi se sumaron a la asistencia por inundaciones
La relación de Prevost con las comunidades se profundizó durante el fenómeno costero de 2017. El desborde del río La Leche afectó varios distritos de la provincia de Lambayeque, dañó casas y dejó a numerosas familias sin recursos básicos. La emergencia obligó a Cáritas Chiclayo a desplegar una red de apoyo desde la ciudad hacia las zonas más golpeadas.
El entonces obispo convocó a empresarios y familias mediante videos en los que pedía colaboración para los damnificados. Las donaciones se concentraron en carpas instaladas en el parque principal de Chiclayo. Desde allí salían alimentos, agua, ropa, productos de higiene y otros suministros. Los aportes también permitieron entregar módulos de vivienda a personas que no podían volver a sus hogares.
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Ante las pérdidas, Prevost buscaba transmitir un mensaje de contención. “Lo material se puede volver a construir. Agradezcamos que estamos con vida”, les decía a quienes habían visto destruidas o dañadas sus viviendas. La frase acompañaba una presencia constante en los sectores afectados, donde conversaba con vecinos y conocía de primera mano la situación de cada familia.

Las parroquias funcionaron como depósitos y centros de distribución
Sesa relató que Prevost no se limitaba a coordinar el trabajo desde la diócesis. Conducía la camioneta, cruzaba ríos y se colocaba botas cuando debía ingresar a zonas cubiertas por el agua. También acompañaba a los grupos encargados de trasladar la ayuda humanitaria hacia caseríos y barrios donde el acceso resultaba más complejo.
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Las parroquias funcionaban como depósitos para la ayuda y como puntos de salida de las brigadas. Allí se recibían, clasificaban y organizaban los recursos antes de que fueran entregados a las comunidades. Los equipos trasladaban los suministros en vehículos que debían enfrentar rutas con tramos deteriorados, sobre todo en las zonas rurales y altoandinas.
Los recorridos a Cañaris e Incahuasi generaban preocupación por las condiciones de los caminos. Sesa señaló que los trayectos podían resultar exigentes por la distancia y la geografía de esas localidades. Prevost mantenía su disposición de llegar hasta los lugares donde vivían las familias, con la convicción de que la asistencia debía alcanzar también a los sectores menos conectados con la capital regional.
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La pandemia llevó a una campaña para instalar dos plantas de oxígeno
La emergencia por COVID-19 abrió otro período de trabajo intenso para Cáritas Chiclayo. La escasez de oxígeno medicinal coincidió con el aumento de muertes y la demanda de atención por parte de familias que no encontraban el recurso. Frente a ese escenario, Prevost planteó la compra de una planta para contribuir a la respuesta sanitaria.
La campaña de donaciones alcanzó el monto requerido en tres semanas. Los aportes continuaron después de la primera meta y permitieron adquirir una segunda instalación. Una planta fue ubicada en Cáritas Chiclayo y otra en Muchumí, con el objetivo de ampliar la disponibilidad de oxígeno para los pacientes que lo necesitaban durante la crisis.
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Sesa afirmó que las familias todavía recuerdan esa asistencia y sostuvo que el acceso al oxígeno permitió salvar vidas. La organización también atendió a personas que habían perdido ingresos, a hogares afectados por las restricciones sanitarias y a población migrante que requería alimentos, orientación o recursos básicos para sostenerse durante la emergencia.

Miguel Ángel Contreras fue la primera designación episcopal de León XIV
La etapa de Prevost en Perú también aparece en el testimonio de Miguel Ángel Contreras, obispo auxiliar de la diócesis del Callao. Contreras fue presentado como la primera designación episcopal de León XIV. Recibió el nombramiento mientras cumplía una misión en Nueva Zelanda, país que mantiene una diferencia horaria de 17 horas con Perú.
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La noticia llegó una semana después de la elección de Prevost como Papa. Contreras explicó que recibió la decisión con agradecimiento y emoción, aunque también con temor por la responsabilidad que supone pasar de su labor como sacerdote, párroco y promotor de una escuela a acompañar las diversas realidades de la diócesis del Callao.
El primer encuentro personal entre ambos ocurrió en julio de 2020, durante una visita a la comunidad de los padres maristas donde vivía el obispo emérito de Ayacucho, Luis Sebastián. Compartieron un café y conversaron cerca de dos horas sobre la situación de la Iglesia en el Callao, antes de que León XIV asumiera el pontificado.
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