Alza de alimentos y nuevos hábitos de consumo en los hogares

La población experimenta cambios en sus hábitos de compra debido a la variación en los costos, lo que impulsa la demanda de productos adaptados a necesidades individuales y refuerza la búsqueda de opciones que ofrezcan mayor rendimiento

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Una mujer de cabello corto y chaqueta de mezclilla empuja un carrito lleno de comestibles mientras examina una caja de producto en un supermercado.
El costo de los alimentos redefine el acto de comer: preferencia y presupuesto se vuelven inseparables en los hogares. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El alza de los alimentos vuelve a poner en agenda una tensión central para los hogares: comer ya no es solo una decisión de preferencia, sino también de presupuesto. A nivel global, la FAO reportó que en abril de 2026 los precios de los aceites vegetales subieron 5,9% frente al mes anterior, alcanzando su nivel más alto desde junio de 2022; además, los cereales aumentaron 0,8%, presionados por el trigo y otros granos clave. Detrás de estos movimientos hay factores climáticos, costos logísticos, energía, fertilizantes y tensiones geopolíticas que terminan llegando, tarde o temprano, al precio final de los alimentos.

La paradoja es que el consumidor quiere comer mejor, pero necesita gastar con más cuidado. Busca salud, practicidad, calidad y bienestar en alimentos nutracéuticos y “plant based”, pero el precio vuelve a ser un filtro decisivo. Ya no basta con ofrecer productos “buenos”; las marcas deben demostrar rendimiento, conveniencia y valor real en cada compra.

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Vista de un amplio y luminoso pasillo de supermercado Publix con estantes llenos de productos, paredes claras y el logo Publix en verde.
Las empresas de alimentos enfrentan el desafío de adaptar formatos y presentaciones ante el crecimiento de hogares pequeños. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El reto para las empresas de alimentos no es limitarse a subir precios; el verdadero desafío es entender cómo está cambiando la unidad de consumo: las familias son más pequeñas, crecen los hogares unipersonales y muchas personas compran para una o dos personas. En el Perú, el INEI reportó que los hogares unipersonales superaron los 2 millones en 2024 y representaron el 15,1% del total de hogares del país.

Ese cambio obliga a repensar el portafolio. Presentaciones grandes, empaques familiares y promociones por volumen ya no siempre responden a la nueva realidad. Para una persona que vive sola, comprar demasiado puede significar desperdicio, mayor gasto inicial, pérdida de frescura o falta de espacio de almacenamiento. Por eso, ganan relevancia los formatos pequeños, porciones individuales, empaques resellables, productos listos para cocinar y presentaciones que permitan controlar mejor el gasto diario.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El avance de las marcas propias responde a consumidores que buscan alternativas funcionales, accesibles y de buen valor (Imagen Ilustrativa Infobae)

El verdadero problema es que muchas marcas siguen apostando a que el consumidor compra alimentos solo por marca, cuando en varias categorías empieza a operar una lógica de “commodity”: arroz es arroz, azúcar es azúcar, aceite es aceite. En productos básicos, si el consumidor percibe poca diferencia funcional, la marca pierde poder y el precio, la disponibilidad y el rendimiento ganan protagonismo. Este fenómeno explica el avance de las marcas blancas o marcas propias. NielsenIQ reportó en 2025 que el 53% de los consumidores globales está comprando más productos de marca blanca o propia; además, el 68% los considera buenas alternativas frente a marcas tradicionales y el 69% percibe que ofrecen buen valor.

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Esto no significa que la marca haya muerto. Significa que debe justificar su diferencia. Si una marca no construye confianza, origen, calidad verificable, nutrición, conveniencia o experiencia, será comparada solo por precio; y cuando eso ocurre, entra a competir en el terreno más difícil: el de la indiferenciación.

Mujer con chaqueta vaquera leyendo la etiqueta nutricional de un envase de leche de almendras en un pasillo de supermercado iluminado.
El avance de las marcas blancas es impulsado por consumidores que perciben menor diferencia funcional entre productos básicos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El cambio clave es pasar de vender alimentos a gestionar ocasiones de consumo. No compra igual una familia con hijos que una pareja joven, un adulto mayor solo o un profesional que vive en un departamento pequeño. La segmentación ya no debe mirar solo edad o ingreso; debe mirar tamaño del hogar, frecuencia de compra, capacidad de almacenamiento, desperdicio, sensibilidad al precio y disposición a cambiar de marca.

La reflexión final es clara: cuando suben los alimentos, no solo se encarece la canasta, también se redefine el consumidor. Y cuando los hogares se hacen más pequeños y las marcas se perciben cada vez más sustituibles, la estrategia ya no puede ser vender más de lo mismo, sino diseñar mejor valor para una nueva forma de vivir, comprar y comer.

Luis Quirós Rossi