María Becerra llegó a Lima en un momento de agenda intensa, con conciertos, ensayos y compromisos públicos. Su paso por el país incluyó una presentación especial junto a Corazón Serrano, agrupación central de la cumbia peruana, durante la celebración por su aniversario número 33. El encuentro musical captó la atención del público local y marcó uno de los episodios más comentados de su visita.
Fuera del escenario, la cantante argentina abrió otro registro de interés: la comida. Desde sus primeras horas en la capital peruana, el recorrido culinario ocupó un espacio visible en su agenda personal. La artista aterrizó en el aeropuerto Jorge Chávez la noche del viernes 6 de febrero y, desde entonces, compartió escenas que revelaron curiosidad y entusiasmo frente a platos y bebidas tradicionales.
El tránsito por restaurantes, mercados y barras no respondió a un simple anecdotario de gira. Las imágenes difundidas en redes sociales mostraron una exploración directa de la cocina local, con atención en sabores cotidianos y preparaciones reconocibles para el público peruano. Esa experiencia tomó forma en una serie digital que permitió observar la gastronomía desde una mirada externa, cercana y sin solemnidad.
La propuesta se tituló “María la Comilona” y se presentó como un espacio donde la artista probó, comentó y dialogó sobre productos y recetas peruanas, con un tono espontáneo y sin filtros técnicos. La comida criolla ocupó el centro del relato.
Un primer contacto con la mesa peruana

El inicio de la serie situó a Becerra en Lima, frente a platos y bebidas tradicionales. “Hola. Estamos acá en el primer capítulo de esta nueva edición que acabamos de inventar, que se llama ‘María la Comilona’. Hoy estamos en Perú, Lima, probando como siempre comidita criolla, lo que más nos gusta”, expresó en el video de apertura.
Uno de los primeros productos en aparecer fue la chicha morada. La cantante observó el vaso con cautela antes de probarlo y comentó: “Acá tenemos la chicha morada, que nunca la probé. Vamos a ver a qué sabe. Tengo un poquito de nervios, tengo que admitirlo”. Luego agregó una comparación directa: “¿Sabés a qué tiene olor? A chupetín de cola”.
Tras el primer sorbo, describió la bebida con referencias simples: “Es como un chupetín hecho jugo. Es agua de maíz, de choclo”. La explicación continuó con una lectura del envase: “Eco, bebida de los Andes, fruto de nuestra tierra. Consumir el mismo día”. La reacción final cerró el momento con una evaluación clara: “Buenazo”.
Platos clásicos y referencias cruzadas

El recorrido siguió con preparaciones ampliamente conocidas en la cocina peruana. El tallarín verde apareció como uno de los platos principales, junto a menciones de papa a la huancaína, lomo saltado y ceviche. “Yo soy fanática de la gastronomía peruana. Está la argentina y la peruana ahí, mano a mano”, afirmó.
La artista destacó la presencia de sopas y caldos dentro del repertorio local. “Tiene muchas sopas acá en Perú, como mucho caldo y eso también me encanta”, señaló, antes de anticipar la degustación: “Seguramente va a estar increíble porque la comida de Perú no decepciona jamás”.
Las expresiones se centraron en el sabor y la experiencia directa, sin referencias técnicas ni valoraciones externas. El foco permaneció en el acto de comer y compartir.
Cocina criolla y propuestas de autor
En otra etapa de la serie, Becerra visitó un restobar donde dialogó con el personal sobre platos de la casa. Frente a la carta, preguntó: “¿Qué es lo que vos nos recomendás? Lo más así virtual”. La respuesta incluyó opciones con insumos tradicionales: lechón a la caja china con panceta, yuca dorada, carapulcra y salsa criolla.
También apareció el lomo bolivariano apanado, descrito como “una sábana de lomo acompañada con taco taco, plátano frito, huevo frito y salsa criolla”. La reacción fue inmediata: “Uh, ¡qué rico!”.
Durante la degustación, la cantante comentó texturas y sabores sin rodeos. Al probar la yuca, señaló: “No puede ser”. Más adelante, frente a un corte que parecía difícil, decidió insistir: “Bueno, vamos a ver. Se come solo. Es durito, es como grasoso, no sé, pero está buenazo”.
El cierre de la visita incluyó postres y bebidas frías. “Doble lúcuma. Nos regalaron unos heladitos artesanales increíbles”, dijo al recibir los dulces. Antes de despedirse, sumó un recorrido por una tienda para probar un “marcianito de maracuyá, piña y mango” junto a la Inca Kola, con una conclusión directa: “Buenazo”.
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