
El reconocimiento oficial a una expresión cultural no solo fija una fecha en el calendario administrativo, también coloca en primer plano prácticas colectivas que durante siglos sostuvieron la vida simbólica de comunidades enteras. En la sierra central del país, donde la festividad marca el ritmo anual y la memoria se transmite a través del cuerpo y la palabra, una danza vuelve a ocupar el espacio público nacional.
En Huaribamba, distrito de la provincia de Tayacaja, la celebración del Año Nuevo trasciende el cambio de calendario. Durante varios días, las calles, los barrios tradicionales y las viviendas de las autoridades locales se convierten en escenarios rituales. Allí, música, desplazamientos coreográficos y representaciones simbólicas articulan una visión del mundo que combina creencias andinas y católicas.
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Ese entramado cultural motivó una decisión del Estado peruano. Mediante una resolución ministerial, la danza de los Abuelitos de Huaribamba ingresó al registro de expresiones reconocidas como Patrimonio Cultural de la Nación. El acto administrativo responde a una valoración de su significado histórico, social y simbólico, así como a su continuidad en el tiempo.
La medida también reconoce el papel de los propios portadores de la tradición, quienes sostienen la práctica cada año y transmiten sus sentidos a las nuevas generaciones. La danza no se limita a un espectáculo, funciona como un espacio de representación del orden comunal, de la devoción religiosa y de la memoria colectiva.
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Reconocimiento oficial y sustento cultural

El Ministerio de Cultura declaró Patrimonio Cultural de la Nación a la danza de los Abuelitos de Huaribamba mediante la Resolución Ministerial N.° 02-2026-VMPCIC/MC. El documento señala que la declaratoria responde a “su importancia, valor y significado cultural como expresión del sincretismo religioso entre las tradiciones andinas y católicas, desarrollado durante el periodo virreinal”.
La resolución identifica a esta manifestación como una práctica vigente que articula ritualidad, representación simbólica y organización social. El reconocimiento se inscribe dentro de las políticas de salvaguardia del patrimonio inmaterial, orientadas a proteger expresiones que dependen de la participación activa de la comunidad para su continuidad.
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Desde la perspectiva institucional, la danza constituye un testimonio del diálogo cultural producido a lo largo de la historia en los Andes centrales. Su permanencia refuerza la identidad local y contribuye a la diversidad cultural del país.
Festividad del Año Nuevo y devoción religiosa

La danza se expresa como “un vehículo de adoración al Niño Jesús durante las festividades de Año Nuevo”. Las celebraciones se desarrollan de manera anual entre el 30 de diciembre y el 5 de enero, periodo en el cual la comunidad despliega una agenda ritual definida.
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Durante esos días, los abuelitos recorren calles y barrios tradicionales, visitan las viviendas de las autoridades locales y participan en actividades vinculadas a la parroquia Santa Ana. Cada espacio cumple una función simbólica dentro del ciclo festivo y refuerza los vínculos entre devoción religiosa y organización comunal.
Representación del consejo de ancianos
La manifestación cultural representa al antiguo consejo de ancianos, descrito como un grupo conformado por sabios y curanderos que ejercían autoridad dentro de la comunidad. Según la información recogida, estos personajes contaban con prestigio social gracias a su conocimiento y experiencia.
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A través de la danza, ese consejo se recrea mediante escenas teatrales que incluyen juicios y castigos. Estas representaciones evocan la administración de justicia comunal y el ejercicio del poder basado en el derecho consuetudinario, elemento central en la organización social andina.
La puesta en escena no busca reproducir un hecho histórico específico, sino transmitir valores asociados al orden, la autoridad y la convivencia colectiva. El público reconoce en estas representaciones una memoria compartida que se actualiza cada año.
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Uno de los rasgos más distintivos de la danza se encuentra en su indumentaria. Las máscaras, elaboradas en madera de aliso, presentan rasgos exagerados y expresivos que aluden a la figura del anciano. Este elemento se complementa con una voz distorsionada que refuerza el personaje.
La información proporcionada señala que estos recursos “permiten mantener el anonimato de los danzantes hasta el cierre de la festividad”. El anonimato cumple una función ritual, ya que separa al individuo de su rol cotidiano y lo integra a un personaje colectivo.
El uso de máscaras también establece una distancia simbólica que facilita la representación de la autoridad y la crítica social implícita en algunas escenas, sin personalizar los mensajes.
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Relato mítico y vínculo con las montañas sagradas
Según el relato de los portadores de la tradición, el antiguo consejo de ancianos habitaba “las alturas de los apus Chojojoto y Chucmay, montañas sagradas donde se realizaban ofrendas y rituales a la Pachamama”. Este vínculo con el espacio natural refuerza el componente andino de la danza.
Durante la víspera de Año Nuevo, los sabios descendían a la comunidad para participar en la festividad del Niño Jesús mediante danzas y rituales de ofrenda. Al finalizar los días de celebración, el consejo retornaba a los apus, gesto que marcaba el cierre del ciclo festivo.
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Este relato estructura la temporalidad de la danza y explica el desplazamiento simbólico entre las alturas sagradas y el espacio comunal.
Organización de la festividad y roles internos

Cada año, los mayordomos de la fiesta patronal designan al caporal mayor. Esta figura asume la responsabilidad de gestionar la festividad, conformar y coordinar las cuadrillas de danzantes, organizar el pasacalle y establecer los turnos musicales.
Las cuadrillas se organizan bajo la conducción del caporal mayor y el caporal menor. Ambos forman filas de danzantes a ambos lados de los mayordomos, devotos y músicos, y guían a los abuelitos mediante coreografías definidas.
Las secuencias incluyen zapateos, contrapuntos y agarraderas. Los danzantes despliegan energía, ritmo y destreza mediante piruetas, acrobacias y expresiones lúdicas, elementos que mantienen la atención del público y refuerzan el carácter festivo de la celebración.
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