La virgen de Chapi también está en El Vaticano: representación mariana de Arequipa en mosaico fue bendecida por el papa León XIV

El proyecto está realizado por la Familia de Artesanos Don Bosco de Chacas, quienes en seis meses lograron culminar con este retrato y fue trasladada a Europa

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La devoción a la Virgen
La devoción a la Virgen de Chapi llega al Vaticano con un mosaico elaborado por artesanos peruanos| Vatican News

La imagen de la Virgen de Chapi, patrona, forma parte ahora del paisaje artístico de los Jardines del Vaticano tras la inauguración de un mosaico dedicado a las advocaciones marianas del Perú. La obra, resultado del trabajo de la Familia de Artesanos Don Bosco de Chacas, Áncash, simboliza la diversidad de expresiones de fe que confluyen en distintos rincones del territorio peruano.

La aparición de la Virgen de Chapi en este mosaico responde a una tradición con siglos de historia. La imagen, conocida como la “Mamita de Chapi”, ha sido venerada desde el siglo XVIII por su reputación de protección ante desastres naturales como sismos e incendios.

La Virgen de Chapi comparte
La Virgen de Chapi comparte espacio con otras advocaciones peruanas en el mosaico del Vaticano| Vatican News

El mosaico fue encargado por la Conferencia Episcopal Peruana a la Familia de Artesanos Don Bosco, bajo la dirección del maestro Lenin Álvarez. El diseño ubica a la Virgen de la Puerta en la parte superior, la Virgen Inmaculada en el centro y distribuye en los laterales imágenes de la Virgen de la Candelaria, la Virgen de la Merced, la Virgen del Carmen, la Virgen de la Evangelización y la Virgen de Cocharcas, además de la propia Virgen de Chapi.

La ejecución del mosaico requirió seis meses de labor en los talleres de Chacas. Ocho jóvenes artistas formados en la Familia de Artesanos Don Bosco participaron en la elaboración, guiados por Álvarez y en coordinación con expertos de la Fábrica de San Pedro en el Vaticano.

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l mosaico mariano, obra de jóvenes artesanos de Chacas, integra la imagen de la patrona de Arequipa y fue bendecido por el papa León XIV en una ceremonia que reunió a autoridades religiosas y diplomáticas| Vatican News

De acuerdo con Vatican News, los rostros y detalles de las imágenes se lograron utilizando la técnica del micromosaico, una especialidad que los artesanos peruanos aprendieron gracias a la colaboración internacional. Esta experiencia permitió combinar la tradición artística andina con procedimientos reconocidos en el arte sacro europeo.

Virgen de Chapi

La historia de la Virgen de Chapi se entrelaza con la memoria y la fe de los pueblos del sur andino peruano. Su primera aparición documental data de 1655, según la página oficial, cuando ya su nombre resonaba en la región de Churajón, en Arequipa. En aquellos años, los jesuitas de Moquegua impulsaron su culto y edificaron una capilla para albergarla. Sin embargo, la expulsión de la Compañía de Jesús en 1676 cambió el rumbo del santuario: desde 1785, los franciscanos se hicieron cargo de la imagen y su custodia.

A mediados del siglo XVIII, la vida de los agricultores locales se vio alterada por la decisión de desviar las aguas de riego, lo que obligó a los pobladores a trasladar sus pertenencias y objetos de culto. La imagen mariana, junto a otras, fue llevada a la quebrada de Chapi, donde se levantó una precaria capilla de piedra y barro que durante décadas acogió a los fieles.

Las décadas siguientes estuvieron marcadas por reconstrucciones, milagros y peregrinaciones. Los fieles levantaron capillas, resistieron terremotos y hasta fueron testigos del llamado “Ojo del Milagro”, cuando obreros, agotados y sedientos durante la construcción de un templo, hallaron agua tras una oración ferviente a la Virgen.

En el siglo XX, el templo fue destruido por un incendio y un terremoto casi consecutivos, pero la devoción nunca se extinguió. En 1942 se puso la primera piedra del nuevo templo, que fue terminado en 1968 y declarado Santuario Arquidiocesano en 1986. Los sismos del 2001 obligaron a una nueva reconstrucción y hoy, las obras continúan para acoger a las multitudes que cada año llegan hasta el santuario.

Su historia, forjada entre desplazamientos, milagros y reconstrucciones, la ha convertido en un símbolo de fe perseverante y de identidad para los arequipeños y para los fieles de todo el sur del Perú.