Menopausia y vitamina D: un déficit frecuente que impacta en la salud ósea

La deficiencia de vitamina D afecta a mujeres en etapa menopáusica, aumentando el riesgo de osteoporosis y fracturas; la prevención y chequeos médicos son fundamentales

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Una mujer mayor sostiene un
Una mujer mayor sostiene un frasco de suplemento de vitamina D, destacando la relevancia de este nutriente en la prevención de enfermedades óseas y fortalecimiento del sistema inmunológico en la tercera edad. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El verano suele asociarse con más horas de sol, playa y actividades al aire libre. Sin embargo, incluso en una temporada marcada por la radiación solar, un nutriente esencial sigue faltando en el organismo de miles de personas: la vitamina D. Conocida como la “vitamina del sol”, su déficit se ha convertido en un problema silencioso que impacta mucho más que la salud ósea.

La vitamina D se sintetiza en la piel tras la exposición a la radiación ultravioleta B y cumple funciones esenciales en el cuerpo. Permite una adecuada absorción del calcio y el fósforo, contribuye al mantenimiento de huesos y músculos, y participa en la regulación del sistema inmunológico y de los procesos inflamatorios.

Cuando sus niveles son bajos, el riesgo no se limita a fracturas o debilidad muscular: también se ha vinculado con enfermedades cardiovasculares, trastornos autoinmunes y alteraciones metabólicas.
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Descubre para qué sirve la vitamina D, cómo obtenerla de forma segura a través del sol y la dieta, y por qué es vital evitar tanto su deficiencia como su toxicidad según los expertos. Crédito: InfografíaIA

Un déficit frecuente, incluso en países con sol

Pese a que el Perú cuenta con alta radiación solar durante gran parte del año, distintos estudios realizados en zonas urbanas muestran que una proporción relevante de la población presenta niveles insuficientes de vitamina D. Factores como el trabajo prolongado en interiores, el uso constante de bloqueador solar, la contaminación atmosférica, la edad y la pigmentación de la piel reducen de forma significativa su producción a nivel cutáneo.

En Lima Metropolitana, investigaciones recientes advierten que cerca del 40 % de adultos evaluados presenta déficit o insuficiencia de vitamina D, una cifra que se eleva en mujeres y adultos mayores. La situación es particularmente sensible en mujeres entre los 45 y 60 años, una etapa en la que los cambios hormonales incrementan el riesgo de pérdida de masa ósea.

La falta de vitamina D
La falta de vitamina D puede manifestarse como dolor óseo, debilidad muscular y fatiga - crédito iStock

Más que una cuestión de huesos

El impacto de la vitamina D va más allá del sistema óseo. Su deficiencia se ha asociado a debilidad muscular, dolor óseo difuso y mayor riesgo de caídas, pero también a trastornos inmunológicos y enfermedades crónicas. En entornos urbanos como Lima, donde predominan las jornadas laborales en interiores y los hábitos sedentarios, los niveles bajos aparecen incluso en meses de alta radiación.

“La vitamina D es un micronutriente que regula múltiples procesos en el cuerpo, como la absorción del calcio, la función inmunológica y la modulación de la inflamación. Por eso, su monitoreo debería formar parte de los controles médicos periódicos, sobre todo en mujeres en edad menopáusica. Reforzar el enfoque preventivo podría mejorar la salud de miles de mujeres en el país”, afirma Samira García, reumatóloga y gerente Médico en Adium Perú.

La evidencia respalda esa advertencia. Estudios internacionales muestran que hasta 9 de cada 10 mujeres con osteoporosis postmenopáusica presentan déficit de vitamina D, un factor que incrementa el riesgo de fracturas, pérdida de movilidad y deterioro de la calidad de vida si no se aborda a tiempo.

Detectar el déficit a tiempo
Detectar el déficit a tiempo permite prevenir fracturas y complicaciones óseas en la menopausia. - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El verano como oportunidad, con criterio

El verano puede ser una ventana para mejorar los niveles de vitamina D, siempre que se adopten cuidados básicos. La exposición solar diaria entre 15 y 30 minutos, en horarios de menor radiación —antes de las 10 de la mañana o después de las 4 de la tarde—, suele ser suficiente para estimular su síntesis sin elevar el riesgo de daño cutáneo.

La alimentación también cumple un rol importante. Pescados grasos como el salmón, el atún, el jurel o las sardinas, así como la yema de huevo, el hígado y algunos lácteos, aportan vitamina D y ayudan a complementar la producción natural del organismo.

Alimentos como pescados grasos, yema
Alimentos como pescados grasos, yema de huevo y lácteos contribuyen a complementar los niveles de vitamina D necesarios para la salud.

En determinados casos, la suplementación puede ser necesaria, pero siempre bajo supervisión médica. “La deficiencia de vitamina D es muy frecuente y debe abordarse a tiempo. Es clave no automedicarse y siempre buscar orientación médica. En la mayoría de los adultos se puede iniciar suplementación sin dosaje previo; sin embargo, en poblaciones con mayor riesgo, medir la vitamina D permite conocer el nivel inicial y ajustar el tratamiento de forma segura y personalizada. La prevención sigue siendo la mejor herramienta para proteger la salud ósea y metabólica en la población adulta”, concluye la especialista.

La Organización Mundial de la Salud recuerda que la radiación ultravioleta es necesaria en pequeñas cantidades para la producción de vitamina D, pero recomienda evitar la exposición directa en las horas de mayor intensidad, como parte de las medidas para proteger la piel y los ojos.

Una exposición solar segura, de
Una exposición solar segura, de 15 a 30 minutos diarios fuera de las horas pico, favorece la producción de vitamina D sin riesgos para la piel. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Prevención antes que corrección

Más que una respuesta puntual, el abordaje del déficit de vitamina D pasa por la prevención. Incluir su evaluación dentro de los controles médicos periódicos, especialmente en mujeres en etapa menopáusica y adultos mayores, permite anticiparse a complicaciones que afectan la autonomía y la calidad de vida.

La vitamina D sigue siendo, para muchos, un micronutriente subestimado. Entender su impacto y adoptar hábitos que favorezcan niveles adecuados puede marcar una diferencia tangible en la salud a largo plazo. El verano ofrece sol; aprovecharlo con criterio puede ser una inversión silenciosa, pero clave, para el bienestar futuro.