ENFEN modifica el estado de alerta: se activa la vigilancia de El Niño Costero

El ENFEN elevó el nivel de alerta ante el aumento de probabilidades de un evento de El Niño Costero de magnitud débil, lo que obliga a fortalecer la vigilancia y las acciones de prevención en los próximos meses

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La Oscilación Madden-Julian cruza el
La Oscilación Madden-Julian cruza el Pacífico y podría desencadenar un nuevo episodio de El Niño, según meteorólogos. (Andy Hazelton)

ENFEN anunció el cambio del estado del sistema de alerta, pasando de “No Activo” a “Vigilancia de El Niño Costero”, debido al aumento de probabilidades de condiciones cálidas débiles desde abril de 2026 y hasta al menos octubre de ese año. Este ajuste implica la posibilidad de un evento de El Niño Costero de magnitud débil, según el último comunicado oficial.

La decisión se basa en la evaluación de los modelos climáticos, que indican que las condiciones cálidas se mantendrían durante varios meses. Para la región Pacífico central (zona Niño 3.4), se anticipa una fase neutra entre enero y mayo de 2026, mientras que desde junio las condiciones cálidas débiles serían predominantes.

Esta modificación del estado de alerta implica que las instituciones y tomadores de decisiones deben intensificar la prevención y preparación ante posibles impactos climáticos. El ENFEN recomendó mantener un seguimiento constante de los avisos meteorológicos y oceanográficos, así como de los pronósticos estacionales, para adoptar oportunamente las acciones correspondientes.

El Enfen descarta la ocurrencia
El Enfen descarta la ocurrencia del fenómeno El Niño costero en Perú hasta marzo de 2026, según su último comunicado oficial.

El comunicado destaca que, aunque las precipitaciones y caudales se mantendrían dentro de los valores normales en la costa norte y la vertiente occidental andina norte, marzo podría presentar condiciones superiores a las habituales en la costa norte. Por ello, las autoridades enfatizaron la necesidad de vigilancia ante posibles eventos extremos.

El ENFEN continuará informando sobre la evolución del fenómeno a través de sus canales oficiales.

¿Qué es el fenómeno El Niño?

El fenómeno El Niño es una alteración climática de origen oceánico-atmosférico que se manifiesta periódicamente en el océano Pacífico ecuatorial, afectando principalmente la región costera de América del Sur. Se caracteriza por un incremento anómalo de la temperatura superficial del mar, lo que genera una serie de cambios en los patrones de viento, lluvias y corrientes marinas.

Durante los episodios de El Niño, el aumento de la temperatura del agua provoca precipitaciones intensas en zonas habitualmente secas y, en contraste, sequías en regiones donde generalmente llueve. Además, este fenómeno puede afectar la disponibilidad de recursos pesqueros, como la anchoveta, debido a la migración de especies marinas hacia aguas más frías o profundas.

El impacto de El Niño no solo se limita a lo ambiental. Sus efectos se trasladan a sectores económicos y sociales, ya que puede ocasionar inundaciones, deslizamientos de tierra y daños en la infraestructura, así como alteraciones en la agricultura y la pesca. Por ello, la vigilancia y el monitoreo constante del fenómeno resultan fundamentales para la gestión del riesgo y la toma de decisiones oportunas por parte de las autoridades.

Advertencias y escenarios

Abraham Levy el ‘hombre del tiempo’ advirtió que el verano de 2026 podría complicarse hacia el final de la estación, especialmente si se concreta un calentamiento anómalo del mar frente a la costa peruana. Levy explicó que la transición climática, con la disipación del fenómeno La Niña, podría anteceder la formación de un Niño Costero, tal como ocurrió en 2017. Sin embargo, señaló que el escenario actual no muestra señales inmediatas de lluvias extraordinarias, ya que los modelos climáticos no anticipan una activación abrupta.

Mapa satelital, sacado del portal
Mapa satelital, sacado del portal oficial del Senamhi, que grafica cómo va la temperatura superficial del mar (TSM). (Crédito: Senamhi)

Levy destacó que la presencia de agua caliente no basta para generar precipitaciones severas, pues se requiere una atmósfera inestable y una retroalimentación entre el mar y el aire. Aunque existen condiciones para un posible calentamiento del mar en la segunda mitad del verano, la aparición de lluvias intensas dependerá de la evolución de la atmósfera y de la respuesta del sistema climático. El monitoreo de vientos, temperatura del mar y señales atmosféricas será clave para anticipar cualquier cambio significativo en las próximas semanas.