
El comercio ambulante es una de las actividades más antiguas de la humanidad, pero también una de las más invisibilizadas. En plazas, avenidas y mercados, millones de personas sostienen su vida con esfuerzo diario, sin estabilidad ni seguridad social.
Por eso, cada 14 de noviembre se conmemora el Día Internacional de los Vendedores Ambulantes, una fecha impulsada por organizaciones sociales para visibilizar su aporte económico y exigir respeto a sus derechos.
La jornada nació en 2012, promovida por StreetNet International, una red mundial que agrupa a trabajadores informales y que desde entonces lidera campañas globales de reivindicación y justicia social.
El origen de una fecha que nació en las calles

El Día Internacional de los Vendedores Ambulantes se instituyó en 2012 durante el VI Congreso Internacional de StreetNet, celebrado en Chile. La organización, con presencia en más de 50 países, buscó conmemorar la fuerza colectiva de quienes viven del comercio informal.
La fecha fue elegida para subrayar la importancia de la economía popular, que representa una fuente de ingresos para millones de familias que no acceden al empleo formal.
El movimiento surgió como respuesta a la falta de reconocimiento de los vendedores por parte de las autoridades y de los marcos legales laborales. En muchos países, este sector es criminalizado o desalojado, pese a su rol central en el abastecimiento urbano y el sustento económico de comunidades enteras.
Una red global que unió las voces del trabajo informal

StreetNet International fue fundada en 2002 en Durban, Sudáfrica, con el objetivo de organizar a los trabajadores y trabajadoras informales de todo el mundo. Desde entonces, se convirtió en una plataforma de lucha por la justicia económica y los derechos humanos.
Su labor no se limita a la defensa de los vendedores ambulantes, sino que abarca a pequeños comerciantes, trabajadores por cuenta propia y mujeres que sostienen familias enteras con ingresos inestables.
En sus comunicados, StreetNet resalta que el 60% de las personas dedicadas a la venta en espacios públicos son mujeres. Por ello, cada 14 de noviembre no solo se recuerda su aporte económico, sino también la desigualdad que enfrentan ante la ausencia de políticas de protección social y laboral.
La red impulsa campañas internacionales para el reconocimiento del trabajo informal como parte del sistema productivo. Su mensaje se resume en una consigna clara: “Nada sobre nosotros sin nosotros”.
El valor económico de una actividad menospreciada

Aunque el comercio ambulante suele asociarse con la informalidad, constituye un sector clave de la economía global. Según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo, cerca de 2 mil millones de personas en el mundo obtienen sus ingresos del trabajo informal, y gran parte pertenece al comercio callejero.
En ciudades de América Latina, África y Asia, los vendedores son piezas esenciales del tejido urbano. Su actividad dinamiza la economía local, promueve la circulación de productos y ofrece bienes accesibles a sectores populares.
Sin embargo, las condiciones laborales son precarias. Muchos trabajan sin protección contra el clima, sin acceso a salud, jubilación ni crédito. Pese a ello, su trabajo mantiene vivas tradiciones de intercambio, alimentación y cultura popular que las grandes cadenas comerciales no pueden reemplazar.
En los últimos años, diversas organizaciones han reclamado políticas de inclusión que integren a los vendedores en el desarrollo urbano sin marginarlos ni expulsarlos de los espacios públicos.
Una lucha que busca dignidad y reconocimiento

Cada 14 de noviembre, sindicatos, asociaciones y cooperativas organizan ferias, foros y encuentros para visibilizar las demandas del comercio ambulante. En ciudades como Lima, Ciudad de México, Bogotá o Nairobi, se realizan marchas y concentraciones donde los trabajadores exigen el derecho a trabajar sin persecución ni acoso.
StreetNet International ha reiterado que “la venta ambulante no es un delito, sino una forma legítima de sustento”. En sus campañas se promueve la idea de que la economía informal no es una amenaza, sino un motor de resiliencia y creatividad frente a la desigualdad estructural.
Las mujeres, en particular, reclaman mejores condiciones para trabajar en espacios seguros, acceso a servicios básicos y reconocimiento legal. En muchos países, ellas sostienen la economía familiar y son el rostro visible de un sector que continúa marginado.
El Día Internacional de los Vendedores Ambulantes se ha convertido en un símbolo de resistencia social. En cada esquina donde alguien ofrece su producto, se expresa la lucha por el derecho al trabajo, la inclusión y la dignidad.
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