
El papa León XIV cumplirá este 14 de septiembre 70 años de vida. Una fecha que lo encuentra convertido en líder de la Iglesia católica, pero que también invita a mirar la historia personal detrás del pontífice. Su camino no fue lineal: empezó en un barrio de Chicago, pasó por parroquias y aulas universitarias, y se transformó profundamente en el Perú, antes de llegar finalmente al corazón del Vaticano.
Probablemente, Robert Prevost no imaginó en su juventud que un día sería el sucesor de Pedro. La suya es una biografía marcada por una vocación temprana y un deseo constante de servir. Cuando era estudiante, ya colaboraba en su parroquia y buscaba maneras de acercarse a la fe desde lo cotidiano. Esa inquietud lo llevó primero a la Orden de San Agustín y, años después, a una misión inesperada en América Latina.
Su vida cambió radicalmente en el Perú. Allí no solo fue misionero y obispo, sino también ciudadano. El país que lo recibió en los años ochenta lo transformó y lo ayudó a entender la Iglesia desde la cercanía al pueblo. Al final, cuando fue elegido Papa en 2025, no dudó en enviar un saludo emocionado a Chiclayo, la diócesis que pastoreó durante casi una década.
Nacimiento, familia y vocación temprana de Prevost
Robert Francis Prevost nació el 14 de septiembre de 1955 en Chicago, Illinois, Estados Unidos. Su padre, Louis Marius, tenía ascendencia franco-italiana; su madre, Mildred Martínez, era de origen español. Creció junto a sus hermanos Louis Martín y John Joseph en un hogar marcado por la fe. Desde niño fue monaguillo, participó en el coro y colaboró en la catequesis.
En su formación académica eligió un camino particular. Estudió Ciencias Matemáticas en la Universidad de Villanova, donde se graduó en 1977. Ese mismo año decidió ingresar a la Orden de San Agustín. En 1981 profesó sus votos solemnes y en 1982 recibió la ordenación sacerdotal.

No tardó en viajar a Roma para profundizar sus estudios. En la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino obtuvo la licenciatura y el doctorado en Derecho Canónico. Allí convivió con religiosos de diversos países, lo que le dio una visión más amplia de la Iglesia universal y un estilo abierto al diálogo.
Tres décadas de ministerio en Perú que sellaron su identidad peruana
En 1985, con apenas treinta años, fue enviado al Perú como misionero agustino. Al inicio trabajó en Chulucanas, una zona rural donde se dedicó tanto a la pastoral como a proyectos sociales. Participó en programas de alfabetización y en iniciativas comunitarias que lo acercaron a las familias campesinas.
Luego se trasladó a Trujillo, donde enseñó Derecho Canónico y Moral en el seminario. También acompañó a jóvenes en formación y dirigió comunidades religiosas. Los que lo conocieron lo recuerdan como un sacerdote que no se aislaba y que estaba presente en las emergencias, como inundaciones o desastres naturales.
En 2015 fue nombrado obispo de Chiclayo y ese mismo año se nacionalizó peruano. Para entonces ya llevaba tres décadas en el país, lo que explica el cariño profundo que siempre mostró por el Perú y su gente.
El ascenso de Prevost en el corazón del Vaticano
El 30 de enero de 2023, el papa Francisco lo nombró prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina. Con ello Prevost se trasladó a Roma, donde recibió también el título de arzobispo ad personam. Ese paso lo colocó en el corazón del Vaticano, en contacto directo con las decisiones más importantes de la Iglesia.
Ese mismo año fue creado cardenal y en 2024 tomó posesión de su título de la iglesia de Santa Mónica, en Roma. Como prefecto del Dicasterio para los Obispos tuvo bajo su responsabilidad los nombramientos episcopales en todo el mundo y la colaboración con el resto de dicasterios de la Curia. Su figura empezó a ganar mayor notoriedad por su cercanía y firmeza en el servicio pastoral.
Tras la muerte del papa Francisco, el 21 de abril de 2025, se convocó al cónclave. En pocas votaciones, los cardenales eligieron a Robert Prevost como sucesor de San Pedro.

El 8 de mayo fue proclamado Papa y tomó el nombre de León XIV. Desde el balcón de la Basílica de San Pedro dirigió su primer saludo, en el que incluyó un mensaje especial para el Perú.
“Si me permiten también una palabra, un saludo a todos aquellos de modo particular a mi querida diócesis de Chiclayo en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, compartido su fe y ha dado tanto para seguir siendo iglesia fiel de Jesucristo”, señaló desde Roma.
Su lema episcopal, “In Illo uno unum” (“En aquel uno, uno”), tomado de San Agustín, expresa la unidad en Cristo pese a la diversidad. Ese principio lo ha acompañado en cada etapa: en Chicago, en Perú y ahora en el Vaticano. A los 70 años, León XIV encarna el testimonio de un pastor que supo tender puentes entre continentes y culturas para guiar a la Iglesia universal.

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