
En los Andes peruanos, existe un alimento ancestral que durante siglos ayudó a fortalecer la salud de su gente. Ampliamente valorado por las antiguas civilizaciones ha mantenido un papel discreto, pero cada vez más respaldado por la ciencia moderna.
Hoy 3 de septiembre, en plena celebración por su día nacional, vuelve a captar la atención de comunidades científicas y consumidores por su potencial para combatir dos de los mayores desafíos sanitarios actuales: la diabetes y el cáncer de colon.
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Un superalimento andino, cultivado por los incas, emerge como esperanza en la lucha contra estas enfermedades crónicas.

Se trata del tarwi, conocido también como chocho, una leguminosa de nombre científico Lupinus mutabilis, que fue domesticada mucho antes del Imperio incaico y cuyo cultivo actual se concentra principalmente en Perú, Bolivia y Ecuador, según recogió la agencia Andina.
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Este grano se distingue por su alto contenido de proteínas y fibra, superando a otras legumbres, y por su adaptabilidad frente a condiciones ambientales adversas, características que refuerzan su vigencia y relevancia en contextos de cambio climático.
La ingeniera agrónoma Amelia Huaringa Joaquín, docente del Departamento de Fitotecnia de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM) y miembro del Programa de Investigación de Leguminosas de Grano y Oleaginosas, explicó a Andina que el tarwi se cultiva principalmente en las regiones de Cajamarca, Piura, Puno y La Libertad.
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Se trata de una especie desplazada progresivamente por cultivos importados tras la colonización, pero que mantiene una presencia significativa en comunidades altoandinas, donde es posible hallarla entre los 3.300 y 4.000 metros sobre el nivel del mar.
“El tarwi es una semilla pequeña, de color beige o más oscuro. Los incas lo cultivaban con gran destreza, pero con la llegada de la colonización, el chocho fue relegado por cultivos importados como el trigo, la vid o las habas”, detalló Huaringa al medio.
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En la actualidad, la ciencia respalda la antigua percepción sobre los beneficios del tarwi. Estudios recientes destacan que el consumo de este grano puede reducir los niveles de glucosa en personas con diabetes tipo 2, efecto atribuido a los péptidos presentes en el lupino, los cuales disminuyen la producción endógena de azúcar en el hígado.

Sin embargo, especialistas como Huaringa remarcan que este alimento debe considerarse un complemento y no sustituir la medicación indicada por profesionales de la salud.
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En materia de composición, la UNALM señala que una porción de tarwi contiene entre 41,5% y 51,4% de proteínas, además de 28,2% de carbohidratos, 7,1% de fibra, 15% de calcio y 10% de hierro. También es rico en zinc, magnesio, omega 3, 6 y 9, y lisina, un aminoácido esencial que participa en la absorción de calcio y en la formación de tejido muscular.
Este perfil nutricional lo convierte en una opción recomendada para la alimentación de niños en etapa de crecimiento, mujeres embarazadas y madres durante la lactancia.
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Su potencial no se limita a la regulación de la glucosa. Especialistas de la UNALM subrayan que es valioso para pacientes con cáncer de colon, contribuye a regular la presión arterial, fortalece huesos y dientes debido a su alto contenido de calcio y funciona como laxante natural por su aporte de fibra.
La presencia de triptófano, además, favorece la producción de melatonina en la glándula pineal, ofreciendo beneficios para el buen descanso y la reducción del estrés.
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Una de las ventajas adicionales que promovieron el interés por el tarwi en mercados de Europa y países desarrollados se relaciona con su carácter libre de gluten, atributo que lo hace apto para personas con celiaquía.

“El tarwi es una especie andina, que no ha sido transformada genéticamente y tiene mayor contenido de proteínas, ácidos grasos, micronutrientes o compuestos bioactivos”, afirmó la ingeniera Huaringa a Andina, al destacar que sus alcaloides, extraídos a través de procesos industriales, también tienen aplicaciones en la industria alimentaria.
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El consumo adecuado implica un proceso de remojo durante la noche anterior para eliminar alcaloides naturales. Sólo después de ese procedimiento, se recomienda ingerirlo en ayunas. La aplicación culinaria del tarwi es diversa: desde ceviche serrano y salpicón hasta preparaciones en harina que incluyen platos como “Chocho a la huancaína” o “Picante de papas con tarwi”.
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