¿Por qué está mal competir contra la inteligencia artificial?

El problema no es que la IA exista, sino que creamos que su existencia desvaloriza lo que hacemos

Guardar
Empresas dejaron de usar inteligencia
Empresas dejaron de usar inteligencia artificial y volvieron a contratar humanos. (Foto: Imagen ilustrativa Infobae)

La inteligencia artificial y su aplicación en distintos oficios ha hecho que varias personas subestimen su valor como trabajador. Al contrario, habrá más trabajo, más mercado, más capital, pero mientras más profesionales se resistan a ella, no podremos ver este panorama con tanta claridad.

Hace tiempo, compré una aspiradora inteligente. Es práctica, eficiente, y no se queja si le toca limpiar debajo del sillón. No me cambió la vida. No me escucha, no me entiende, no se adapta a mis días buenos o malos. Y desde entonces, cada vez que alguien me pregunta si la inteligencia artificial va a reemplazarnos, pienso en esa aspiradora.

En verdad, es lógico que muchas personas se sientan asustadas. Sobre todo quienes laboran en sectores donde estas tecnologías se están haciendo visibles. Pero me he dado cuenta que mientras más avanza la tecnología, las personas empezarán a valorar cada vez más el contacto humano en los trabajos. No tenemos nada que temer.

Pensémoslo así. La aspiradora recoge el polvo, pero no reorganiza el desorden de una familia, no limpia con cariño los juguetes de un niño, no devuelve a su lugar los objetos con cuidado, ni nota si alguien está triste en casa y necesita compañía además de limpieza. En mi caso, no son Bonnie y Cris, con quienes llevo trabajando años y han sido parte de la infancia de mi hija. Lo que muchas veces se subestima es que estos oficios no son solo funcionales, también son profundamente humanos.

El problema no es que la IA exista, sino que creamos que su existencia desvaloriza lo que hacemos. Que nos creamos menos porque una máquina hace más rápido una parte de lo que nosotros hacemos. El error es pensar que debemos ganarle. Porque competir contra la IA es como competir contra una calculadora. Te va a ganar. Pero esa no es la idea.

El verdadero reto es integrar la IA al diferencial de los profesionales. Usarla como herramienta, como aliada, porque el profesional del futuro y el de ahora no es quien se resiste a la tecnología, es aquel que la usa con criterio y propósito.

Las habilidades blandas son ahora el núcleo. La escucha activa, la capacidad de colaborar, la ética, la sensibilidad con los demás, la autenticidad. Eso no lo copia ningún robot. A la hora de elegir a quién contratar, más allá de los resultados medibles, buscamos a alguien con quien queramos compartir proyectos, esfuerzos e ideas. El valor de una persona está más en la forma y cómo nos hace sentir.

Por eso creo que el gran diferencial de los profesionales hoy está en su capacidad de humanizar su trabajo. De crear productos y servicios con alma, que prioricen a las personas y el trato personal. La IA es una pieza clave, sí, pero no el corazón del proceso. Claro que va a cambiar tareas. Sí, va a optimizar procesos. Por eso creo con toda seguridad que el trabajo del futuro cambiará a su lado más humano posible, y los trabajos no se perderán, solo se ajustarán un poco a los avances que se presenten.