En una de las zonas más transitadas de Miraflores, entre la avenida Benavides y la calle Los Pinos, permanece en pie un edificio de 11 pisos cuya historia ha pasado desapercibida para muchos. Su estructura expuesta, cables colgando y acabados sin terminar contrastan con el moderno paisaje urbano que lo rodea. Aunque por fuera parece un proyecto detenido, en su interior viven familias y funcionan comercios informales.
Pese a su evidente deterioro, el inmueble nunca fue demolido ni regularizado. Tampoco se culminó. Aunque miles pasan a diario por esa esquina, pocos conocen que esta construcción empezó hace más de cuatro décadas y que, tras un abandono prolongado, hoy se ha transformado en una especie de ciudad oculta. ¿Qué pasó para que este edificio, ubicado en uno de los distritos más caros de Lima, quedara suspendido en el tiempo?
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¿Por qué no se terminó de construir el edificio ubicado en Benavides con Los Pinos?
Los primeros intentos de edificación datan, según archivos municipales, de la década de 1960, aunque los vecinos más antiguos de la zona afirman que fue recién en los años 80 cuando se colocaron los primeros pilares. La obra fue iniciada por una inmobiliaria privada que ofrecía departamentos sobre planos, un modelo de preventa común en esa época. Sin embargo, la empresa quedó en bancarrota antes de poder terminar el proyecto.

Los compradores, muchos de ellos familias que invirtieron sus ahorros, no pudieron recuperar su dinero. El proceso legal se volvió difuso con el tiempo, ya que los registros se perdieron o no fueron actualizados. Al no existir una declaración oficial de inhabitabilidad ni una demolición ordenada, el esqueleto de concreto quedó allí. Algunas personas, al ver que la propiedad estaba en el limbo legal, optaron por ocupar los espacios que ya contaban con muros y techos básicos.
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El edificio fue tomado: hoy viven familias y operan negocios informales
En la actualidad, cerca de 30 familias residen en el edificio. Algunos ocupantes son descendientes de los compradores originales, otros llegaron por necesidad y nunca fueron desalojados. No existe un sistema de vigilancia formal, los pasadizos carecen de iluminación adecuada y muchas conexiones eléctricas han sido improvisadas con cables expuestos.
En el primer nivel hay tiendas pequeñas, talleres y hasta una discoteca que funciona durante las noches de fin de semana. Todos estos espacios operan sin licencias. La fachada no tiene portero eléctrico ni identificación clara, pero dentro hay movimiento constante.
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Un riesgo sísmico latente en una zona de alto tránsito

Uno de los aspectos más preocupantes es la condición estructural del edificio. Según expertos en ingeniería civil, este tipo de construcciones expuestas al tiempo, sin mantenimiento adecuado ni inspecciones periódicas, representan un riesgo severo frente a un sismo de gran magnitud. Los últimos informes técnicos disponibles datan de hace más de 30 años.
El concreto está agrietado en varios puntos y en muchas zonas se puede ver el fierro oxidado a simple vista. A esto se suma el desgaste natural por filtraciones de agua y la humedad. Las autoridades municipales han admitido que el edificio no cuenta con una licencia de funcionamiento, pero no han ejecutado ninguna medida concreta para desalojar o intervenir el lugar. La razón principal es que la propiedad sigue inscrita a nombre de personas naturales, lo que complica su administración legal.
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¿Qué han dicho las autoridades sobre esta estructura en Miraflores?
Miraflores es uno de los distritos con mayor dinamismo inmobiliario de la capital. En sus calles se levantan edificios modernos, hoteles de lujo y centros comerciales. Sin embargo, este caso refleja que ni siquiera en zonas de alto valor se está exento del abandono urbano. El edificio ubicado al lado de la discoteca ValeTodo Downtown se ha convertido en una paradoja: se mantiene en pie, funciona de facto como vivienda y espacio comercial, pero carece de reconocimiento formal.

El municipio ha declarado que existen limitaciones legales para intervenir propiedades que, pese a su estado, siguen siendo privadas. Además, los costos para una posible demolición serían elevados, y no está claro quién asumiría esa responsabilidad. Mientras tanto, la estructura continúa siendo habitada, sin garantías mínimas de seguridad y sin respuestas claras para quienes, día a día, viven entre muros sin terminar.
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