
Detrás de las fotos serias de César Vallejo, se percibe una quietud cargada de historia y desdicha. Su rostro refleja la tensión de un ser que lleva consigo el peso de su tiempo y de sus pensamientos. La mirada parece guardar secretos que solo la poesía podría desvelar.
La poesía fue, precisamente, lo que el vate peruano respiró a lo largo de su vida. Prueba de ello son los poemas que escribió, los cuales no se limitan a una única corriente literaria. Es sabido que incursionó en el modernismo, el vanguardismo y, además, sus versos reflejan su compromiso político.
En su periodo modernista, por ejemplo, escribió poemas como “Los heraldos negros”, en el que la angustia y el sufrimiento son los protagonistas. En su etapa vanguardista, sobresale “Trilce”, una obra que rompe con las convenciones lingüísticas y formales de la poesía. Su compromiso político se manifiesta en obras como “España, aparta de mí este cáliz”, un grito de solidaridad con la República española durante la Guerra Civil, en la que su poesía se convierte en un instrumento de denuncia y lucha.

Al margen de estos datos, que, dicho sea de paso, se difunden en los colegios, es importante dar a conocer algunas anécdotas de Vallejo Mendoza, en las que se pueden identificar claras referencias literarias.
La ingeniosa respuesta que dio César Vallejo en un colegio
César Vallejo, además de ser un reconocido escritor, fue también profesor. En 1913, trabajó como maestro en el Centro Escolar de Varones N.º 241 y luego como profesor de primer año de primaria en el Colegio Nacional de San Juan. En esta última institución educativa tuvo como alumno a Ciro Alegría, quien más tarde sería un gran novelista.
En 1915, el nacido en Santiago de Chuco se graduó de bachiller en Letras con su tesis “El romanticismo en la poesía castellana”. Cuatro años después, obtuvo un puesto como inspector disciplinario y profesor de Gramática Castellana en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe, donde continuó su labor educativa mientras desarrollaba su carrera literaria.

Precisamente en esta escuela, el poeta enfrentó una situación adversa frente a sus colegas. Lo sucedido en el colegio fue narrado por Miguel Pachas Almeyda, uno de los biógrafos del escritor, en su libro “Anécdotas y curiosidades de César Vallejo”.
En abril, cuando se reiniciaron las clases, César Vallejo regresó al colegio Guadalupe para continuar con sus labores como profesor primario, tras haber recibido 14 libras peruanas en los primeros tres meses del año. Al llegar, sin embargo, algo en el ambiente le resultó extraño. El bullicio habitual del colegio parecía opacado por una corriente invisible de inquietud.
En el libro consultado se cuenta que durante una asamblea de profesores, dirigida por José R. Gálvez, se abordó un tema que Vallejo no esperaba: su conducta personal. En esa reunión, los docentes discutieron abiertamente cómo su comportamiento, según algunos, estaba afectando la reputación de la institución.
“Se informó de su presencia en distintos lugares de mala reputación, incluidos los fumaderos de opio de la calle Capón. Tras calificarlo como un ‘mal ejemplo’ para los estudiantes del colegio, algunos profesores exigieron que se dejase sin efecto la renovación de su contrato”, escribió Pachas Almeyda.

Tras escuchar detenidamente los cargos que se le imputaban, el escritor respondió a sus colegas que no había motivo de preocupación, pues, en cualquier caso, tenía la intención de presentar su renuncia.
Si renunciaba, podría dedicarse por completo a la literatura, pero esto no era viable debido a las necesidades que debía satisfacer. La respuesta que dio a sus colegas los sorprendió sobremanera.
“(...) pues en la ciudad de Chiclayo, lugar donde su obra Trilce fue objeto de una polémica de grandes dimensiones, tenía en mente dedicarse a un lucrativo negocio. ‘¿A cuál?’, le preguntaron al unísono. Inmediatamente respondió algo que causó perplejidad a todos sin excepción: ‘Sembrar arroz con pato a gran escala’”, indicó el investigador.
Inmediatamente después, se retiró del lugar, dejando atónitos a sus colegas, quienes no anticiparon una respuesta tan cargada de humor e ironía.
Si analizamos “Sembrar arroz con pato a gran escala”, podemos apreciar sus tintes vanguardistas. Es interesante notar que, aunque en esa época Vallejo escribía poemas de corte modernista, esta frase refleja una ruptura con las tradiciones literarias previas.
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