
Cuando uno piensa en un político, sobre todo si es peruano, en lo primero que piensa es en una serie de actos que van reñidos contra la moral y las buenas costumbres. Es la dolorosa realidad a la que hemos llegado en los últimos tiempos.
Sin embargo, esto no fue siempre así, pues entre la multitud de figuras políticas que han pasado a lo largo de la historia del Perú, destaca un nombre que pasó a la posteridad por representar la integridad y el compromiso: Juan Manuel del Mar y esta es la historia de tan curioso personaje.
Trayectoria y contribuciones

Nacido en Cusco el 29 de diciembre de 1805, Del Mar es recordado no solo por su destacado papel en la política peruana, sino también por su dedicación a la justicia y su lucha por la paz en tiempos tumultuosos.
Posteriormente, se graduó de abogado en 1827 y obtuvo su doctorado en Jurisprudencia en la Universidad de San Antonio Abad en 1830. En 1832, se trasladó a Lima y se unió al Colegio de Abogados de la ciudad.

Ese mismo año, fue elegido diputado por Paucartambo y suplente por Cusco, participando activamente en la Convención Nacional de 1833-1834. En 1837, fue nombrado vocal de la Corte Superior de Lima, cargo que ocupó hasta 1855, cuando se convirtió en vocal de la Corte Suprema de Justicia. También fue subprefecto de la provincia de Quispicanchi en 1843.
Al final del primer gobierno de Ramón Castilla, Del Mar fue nombrado ministro de Gobierno (1850-1851), mediando en la reconciliación entre Castilla y el general Manuel Ignacio de Vivanco, dos antiguos rivales políticos.
Reformas y Gobierno Interino

En 1854, la revolución liberal liderada por Castilla contra el presidente José Rufino Echenique, desacreditado por el escándalo de la consolidación, llevó a Del Mar a ocupar el cargo de Ministro de Guerra y Marina en 1855.
Al llegar 1859, Del Mar fue elegido vicepresidente junto con Castilla, y asumió la presidencia interina durante la campaña del Ecuador. A pesar de los esfuerzos de Castilla por desacreditarlo, Del Mar mantuvo su reputación de integridad.
Incluso cuando Castilla fue víctima de un atentado en 1860, Del Mar prefirió no asumir el poder aduciendo enfermedad, permitiendo que el Consejo de Ministros liderado por Juan Antonio Pezet se encargara del gobierno.
La larga agonía y su legado

Durante las elecciones presidenciales de 1862, Del Mar participó como candidato, pero una enfermedad lo obligó a retirarse. Falleció el 16 de junio de 1862, después de una larga lucha contra el cáncer, dejando un legado de servicio público y dedicación a la justicia.
La vida de Juan Manuel del Mar es un recordatorio de que la integridad y la dedicación pueden brillar incluso en tiempos de corrupción y conflicto. Su legado perdura como ejemplo de servicio y honestidad en la política peruana.
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